Pasamos horas jugando a Monopoli, aunque no tengo ninguna gana de hacerlo intento poner mi mejor cara para no molestar a Raquel, pero se me está haciendo cuesta arriba. Trato de no mirar a Enzo, me siento rara y un poco mal porque salí corriendo de su lado y me refuguié en la compañía de mi amiga para evitar hablar con él, pero ha llegado un momento en que no aguanto más.
– Me voy a la habitación. –Hago un gesto para avisar a Raquel de que se levante para que nos vayamos a dormir. - ¿Vamos a dormir juntas verdad? – Raquel mira a Andrea y este asiente. La tranquilidad llena mi cuerpo al saber que voy a tener un respiro de Enzo.
–Sí, ahora voy, si quieres ves yendo. - Raquel parece querer despedirse de Andrea, lo entiendo. Me levanto y les veo como se sonríen uno al otro. Si supieran la envidia que me dan. Se hablan bajito, supongo que se están diciendo cosas bonitas y yo me encamino a la habitación y escucho a Andrea: Voy a llevar esto a la cocina. Segundos después se oye el ajetreo de cacharros en la cocina. Busco la camiseta que he traído para dormir en la maleta y noto que Enzo entra en la habitación sin llamar.
- ¿Que haces Enzo?- Le digo bruscamente cuando veo la puerta cerrarse a dos metros detrás de él. - ¿Que coño has hecho?- Voy hacia la puerta, pero el ha llegado antes y esta tratando de abrirla.
–Andrea fa cagare, che palle. Rompipalle. – Enzo grita a la puerta y comienza a golpearla. Yo también trato de abrirla, por si es una broma de Enzo, pero no se abre.
- ¿Como has dejado que nos encerrara? Estás compinchado con ellos.- Me estoy enfandando con todos en la casa, no puedo seguirles el juego.
- ¿Che dici? ¿Sei pazzo? - Enzo gesticula con las manos de forma ostentosa, como buen italiano.
- No te entiendo Comepasta. - Le grito enfadada.
- Que estas loca si crees que querría pasar un minuto a solas contigo.
- Soy yo la que no quiere estar cerca de un criminal. - Ni se inmuta cuando le digo esto, y me molesta no molestarle. Así que trato de decirle algo dañino. - Porque estar con un niño cuando el mundo está lleno de hombres buenos. Para de golpear la puerta y gira sobre sus talones. Está tan sereno que me da miedo, a mi, que me he enfrentado a la muerte cara a cara. Da un primer paso rápido, para seguir lentamente avanzando por la habitación mientras que mi pánico me hace retroceder. Trato de estar calmada, pongo recta mi espalda y miro a sus ojos para intentar adivinar si va a golpearme por arriba o por abajo. Mi muslo choca contra el borde de la cama y comienzo a deslizarme hacía un lado para evitarla, pero es entonces cuando Enzo se mueve tan rápido que me despista y cuando menos me lo espero está encima de mi. No se como he llegado a estar tumbada en la cama, bajo su cuerpo y mi pecho subiendo y bajando por la respiración agitada por el pánico en el que acabo de entrar.
- ¿En serio piensas eso de mi? ¿Soy un simple niñato de la mafia? - Enzo habla en un tono tan suave que contrasta con la forma arrogante de mover su cuerpo. Madre mía, no se como esto me está empezando a excitar. Enzo pone sus labios muy muy cerca de mi oreja y susurra. - ¿Soy el enemigo?- Mi cabeza sube y baja lentamente y sus labios dan pequeños besos recorriendo el camino hasta la otra oreja. Estoy empezando a querer que me bese. - ¿Soy un niño malo? - Mi cabeza vuelve a subir y bajar lentamente y noto el cuerpo de Enzo con todo su peso sobre el mio. Sus labios se posan en los míos y simplemente los posa en ellos. - Bien, voy a pedir la oportunidad de demostrar que esto no es así.- Su boca recorre mi mentón y mi cuello y sus manos se meten por debajo de mi camiseta. - ¿Aceptas? - Subo y bajo mi cabeza más rápido que en las ocasiones anteriores. - Con palabras Eva, dime que aceptas con esa preciosa boca que va a ser mía a partir de ahora.
- Si, si, si. - Según termino de decir el tercer sí me siento estúpida, sobre todo porque Enzo se ríe y se levanta. Da dos pasos atrás y creo que se va a ir, dejándome en ridículo, pero para y se quita la camiseta. Mis ojos recorren su cuerpo, es perfecto. Enzo llama mi atención y me hace un gesto con la cabeza.
- Tú también. - Sigo sus ordenes y comienzo a desnudarme frente a él. Es raro, es la primera vez que hago algo así, pero me está poniendo a cien. Esta va a ser una gran noche.