Carmín Altamirano.
—Abuela — entré emocionada a casa — ABUELA DONDE ESTÁS — grité al no verla por ningún lado — por dios mujer, apareceeeeee —
Cierro la puerta de golpe mientras mis tacones hacen ruido por toda la casa, siento olor a comida recién hecha y mi estómago reacciona, pero lo dejo de lado al ver a la madre de mi progenitora salir del "templo".
—Ay ya niña deja de gritar, estaba en el templo rezándole a nuestro señor, cosa que tú ya no haces — giré los ojos y negué.
—Ya, luego habrá tiempo para eso, adivina qué...Conocí a Fausto Villanueva, este año me impartirá clases —
Vi sus enormes ojos avellana abrirse de pronto, su sonrisa se expandió, vaya, creo que nunca la había visto tan feliz.
Ni siquiera cuando me gradué.
—¿De verdad? Bendito sea Dios y sus divinos planes, cuéntame todo —
Fuimos hasta el sofá de la sala para tomar asiento, pasando por los largos pasillos de la extensa casa. Si, vivimos en una casa grande, no digo una mansión ya que eso sería exagerar, pero para ser solo dos personas el tamaño es inmenso.
—Primero que nada, debo decirte que me sorprendió el hecho de que sea tan guapo — comienzo acomodando un cojín sobre mis piernas.
Noté como hizo una mueca de desagrado —Qué ni se te ocurra pensar esas cosas, no te puedes enamorar de él —
—Ay no, iugh. Podrá tener lo suyo pero es muy mayor para mí y...lo odio abuela, sin conocerlo el rencor creció en mí y ahora que lo vi ahí en el salón de clases tan tranquilo créeme que ese sentimiento explotó —
—Así debe ser, siempre tienes que recordar lo que hizo ese mal nacido — asentí — pero dime ¿Como te fue? —
—Quedó hipnotizado al verme, como un completo idiota — dije orgullosa — y no era de esperarse, mírame —
—¿Ya, y solo eso? — interrumpe desarmando su brillante sonrisa.
—Además de ponerse blanco cuan pluma me dijo que le recordaba a alguien que le traía muy buenos recuerdos — dije con asco.
—Ese infeliz, desgraciado pecador. Pero esto es solo el comienzo, lo tienes que idiotizar Carmín, lo tienes que hacer desear cada vez más y más...te tienes que arreglar e ir bonita todos los días —
—Ay gracias, como si fuera que ya no hago eso —
—Pues tienes que esforzarte aún más — rodeé mis ojos.
—Las mejores cosas se logran con calma, abuela. Yo sé lo que tengo que hacer y como lo voy a hacer —
Caminé lentamente hacia una especie de altar que se hallaba en la cocina, la pusimos allí porque según la abuela Sarah era el lugar preferido de mamá, amaba cocinar. Observé el cuadro que mandamos a pintar, la veo tan sonriente, en su plena juventud, tan serena y pacífica que se ve.
Tomé una vela blanca y la puse sobre el mini candelabro de metal, proseguí a prenderlo y viendo como su llamarada naranja encendía con ganas comencé a hablar.
—Mamá sabe lo que estoy haciendo, estoy segura de que ella me está guiando en cada paso que doy —
—Por supuesto que es así Carmín, pero ¿Tú crees que ella está en paz sabiendo que ese tipo está como si nada? — sus manos tomaron mis hombros de manera fuerte — por supuesto que no, es por ello que todo está yendo con más prisa de lo que pensábamos...ella está dándote señales y tú debes seguirlas —
Me tensé al oírla y sentí la presión consumirme internamente.
Odio sentirme presionada.
—Esto recién comienza abuela. —me interrumpió.
—Lo sé pero no debes perder el tiempo. Recuerda que los tiempos de Dios no son los mismos que los nuestros y si te pierdes una oportunidad, no volverá a ocurrir —
Asentí nuevamente. La presión volvió a tomar parte de mi cuerpo.
—Es lo que haré, no perderé el tiempo —
Y luego, la madre de mi progenitora soltó algo que me marcó.
—Concreta tu misión y te aseguro que Tania estará orgullosa de ti. —
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Felicidad...siempre me pregunté que se sentiría que esa emoción sea parte de tu ser, como sería que ese sentimiento se calara por cada parte de tus poros.
Siempre soñé con tener la familia perfecta, siempre imaginé que vivía una vida perfecta.
Con una mamá que me amaba, que todos los días me prepare el desayuno, preguntándome constantemente sobre mi día a día, hablando sobre los planes que podíamos hacer juntas o simplemente la tarea del colegio.
Un papá que me quería, que me llamaba princesa y me consentía en todo, me decía que yo siempre sería la reina de su corazón además de mamá y que estaba orgulloso de mí.
Pero no, nada de eso existió jamás. Todos esos sueños e imaginaciones siempre era interrumpidas por una sola persona:
Mi abuela: Sarah Altamirano.
Una persona fría, calculadora, perfeccionista, manipuladora y sobre todo rencorosa.
No me malinterpreten, amo a mi abue y realmente le agradezco a Dios por haber crecido junto a algún familiar y no en un orfanatorio, pero muchas veces me ha hecho saber o creer que solo sirvo para una cosa, que soy solo un objeto para lograr sus planes.
Venganza, dulce y fría venganza.
Es por eso que en todos estos años se ha encargado de hacerme a imagen y semejanza suya, no niego que también tengo buenos recuerdos con ella, pero todos simplemente acababan en una charla:
—Debemos vengarnos por la muerte de tu madre, debemos hacer que Fausto Villanueva pague —
Y por debemos siempre se refería a mí.
Desde los quince años se ha encargado de repetirme mes a mes (por no decír día a día) los planes que tengo que llevar a cabo, ocho malditos pasos que me sé de memoria, de pies a cabeza y al derecho y al revés.
—Encontrarlo.
—Enamorarlo.
—Tener una "relación" con él.
—Engañarlo.
—Hacer que se entere de tal engaño.
—Decirle quien soy, que jamás lo quise, que es la peor escoria de todo el mundo.
—Romperle el corazón.
—Esperar a que su final sea igual al que tuvo mi madre.
Cuando todo eso suceda, la venganza estará completa y la abuela al fin me dejará en paz y supongo, yo seguiré con mi camino y por fin podré vivir mi vida.
Sinceramente solo estoy esperando a que todo pase rápido y poder terminar con esto de una vez por todas, si sonará algo frío, pero es lo que quiero, que ese maldito infeliz se muera y así Sarah me deje en paz de una vez por todas.
Necesito más experiencias, salir con amigos, ir a fiestas, tener novios, saber que se sentirá tener...¿relaciones?
Si...y hablando de eso, creo que si sigo de esta forma mi primera vez será con el decrépito de Fausto y es lo que menos quiero, pero tampoco he conocido a alguien que sea digno de mí y llene mis expectativas.
Niego con la cabeza al darme cuenta en lo que estoy pensando.
Por ahora lo más importante es que caiga en mis manos, aunque eso ya lo doy por hecho.
Es decir, soy una mujer joven, hermosa, inteligente, audaz. Estoy llena de cualidades y por sobre todas las cosas, belleza y sensualidad.
Así es, dicen que uno de los pecados más graves, por no decir el peor de todos, es la lujuria. Ese fuego interno que te quema por dentro, el deseo y las ganas de tener eso que tanto anhelas y que, al ver que es imposible o inalcanzablemente difícil, te aferras aún más a la idea de tenerlo, de poseerlo y quemarte en esas brazas ardientes de pasión y satisfacción.
Y lo confirmo, yo me encargaré de ser el mayor pecado de Fausto Villanueva.
Yo seré ese deseo que le parecerá inalcanzable.
Yo seré ese dulce que tanto quiere, cuan niño en juguetería llorando porque algo está fuera de sus dedos.
Voy a ser ese sueño inamovible que lo atormente día y noche, lo voy a tener a mis pies, a mi merced. Lo voy a manejar a mi antojo tal y como él lo hacía con mi madre.
Le haré sufrir por mí y llorar lágrimas de sangre en arrepentimiento.
Dicen que no hay peor verdugo para un hombre que una fémina, y yo seré el suyo.
No puedo evitar carcajear al recordar su cara de impacto al verme, si así se puso la primera vez ni quiero imaginar cómo serán los días siguientes.
¿Será que babeará?
—Eso espero — susurro a mis pensamientos —no quiero menos que eso —
Miro mis largas uñas color carmín así como mi nombre. Tan largas y brillantes, siempre impecables igual que toda yo.
—Ay Fausto, Fausto...no sabes en lo que te metiste — otra risita malvada escapa de mis labios —veamos cuanto tiempo logras resistirte al pecado porque el juego ya comenzó y tú...estás dentro desde hace veinte años —
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