Capitulo 4

1174 Palabras
Carmín Altamirano. Tomaba mi café viendo a los alborotados universitarios entrar y salir, correr y caminar en busca de no sé qué. Que desesperante. En fin, doy otro sorbo a mi bebida dando otra ojeada al libro de derecho, necesito tener más conocimientos para así ser la mejor de la clase y tener a Fausto en mis manos, toda su atención debe estar puesta en mí. Respecto a mi apariencia, ayer fui a la peluquería para que retocaran mis raíces ya que mi cabello se encontraba en tonalidades grisáceas y odiaba cuando mi raíz rubia se asomaba logrando un aspecto desprolijo. Eso y contando a la abuela decirme hasta el cansancio: —"Carmín vete a la peluquería en este instante! Mira ese cabello, está hecho un desastre" — Porto una falda corta a tablas color negra, una camisa color rosa y unas botas cortas de tacón alto a conjunto con la pollera. Mi maquillaje tan impecable como siempre. Hoy decidí venir especialmente elegante ya que tenemos clases con el dichoso profesor, eso y que además al salir de aquí debo ir a las oficinas que eran de mi abuelo a retirar pensiones, créditos y resúmenes para que Sarah los revise. Si, el abuelo tenía un despacho de abogados, digo tenía ya que él murió de un infarto a mis seis años. Tengo vagos y dulces recuerdos con él, uno de ellos es la promesa de que yo sería una exitosa abogada igual que él, de igual manera no me atreví a visitar el lugar en donde trabajaba hasta los dieciocho debido a la presión en el pecho al recordarle. Al contrario de Sarah, mi abuelo siempre fue muy amable, cariñoso, atento y consentidor conmigo. Cesar Emilio Lombardo, ese era mi abuelo. Nuestros apellidos son de origen español ya que ambos (él y ella) eran de allí, pero decidieron venir a vivir a México después de casarse. Me hubiese encantado tener el acento que ellos portaban ¿ya mencioné que es mi debilidad? Como sea, la abuela me prohibió rotundamente hablar de él luego de su muerte, la pérdida fue muy dolorosa pues era su ancla a tierra, sin embargo, al parecer eso le dio más fuerza para seguir planificando todo en contra del "asesino de Tania". En su fallecimiento decidió que lo mejor sería irnos a España, a su país natal. Y es allí en donde mi sufrimiento comenzó. Sus acciones cambiaron repentinamente conmigo, ella se volvió cortante y decidió comenzar con mi martirio. ¿Que si el abuelo sabía de esto? No. ¿Que si lo pudo haber evitado? Tampoco. El rencor ya portaba mi mente desde los cinco años, aunque no lo demostraba tanto. —Siempre pegada a un libro tú ¿No te aburres? — —Te mentiría si te dijera que si — respondo mirándolo directo a los ojos —sabes que quiero ser la mejor de la clase, Leandro — —Creí que ya lo eras, Carmín — —Siempre se puede mejorar y aprender más — contesté de forma pacífica. De pronto, luego de sonreírnos, toma mi mano entre las suyas, acariciándolas. El momento se volvió algo tenso, noté como sus ojos se volvieron más brillantes y no pude evitar admirarlos. De lejos, a pesar de encontrarnos en una burbuja de tiempo, sentí una fuerte mirada palpitar sobre nosotros, decidí romper el contacto visual para darme cuenta de quien era el culpable de dicha incomodidad. Fausto Villanueva. El profesor de Derecho nos observaba sin nada de disimulo, o eso era, hasta que puse mis ojos sobre él obligándole a quitar la mirada. —Creo que es hora de ir al salón, ya va a tocar la campana — corté el contacto. —Si, si tienes razón, vamos — Sin pedirle su ayuda, Leo tomó mis libros y mochila sacándome una sonrisa. Caminamos hasta el salón con mi brazo enredado con el suyo. Sería mentira si dijera que no siento atracción por este chico, es decir, es todo lo que cualquier mujer querría para ella. Atento, amable, inteligente, es de buena familia, es guapo y es un año mayor. ¡Todo un tiro! Excepto que Sarah se volvería loca si eso llegara a pasar, no permitiría que yo tenga una distracción como esa. Desviaría nuestros planes. Genial. —¿Te encuentras bien? — —Si ¿Por? — —Te veías algo preocupada — —Ah sí, es que al salir de aquí debo ir a buscar unos papeles en el que era el despacho de mi abuelo y eso me pone nerviosa — Leandro me mira apacible. —Si quieres te puedo acompañar, ya sabes y de paso podríamos no sé ¿Tomar un helado tal vez? — No te distraigas Carmín, dile que no, dile que no. —Me encantaría — que débil. Cuando estuvo a punto de contestar la voz del profesor nos interrumpió. —Buenos días clase, espero que todos se encuentren bien y con ganas de seguir aprendiendo ya que haremos un examen para saber cuál es su capacidad y conocimiento con respecto a la materia — Todos comenzaron a abuchear a excepción de mí. Parecían adolescentes ¡que patéticos! —Ya, ya jóvenes, solo es para saber si necesitan mucha introducción con respecto a la materia o están en un nivel un poco más avanzado. Bien, pueden ir pasando las hojas — Dio una cantidad de fotocopias a la primera fila, y de allí comenzaron a repartirlas. Al llegar mi hoja y leerla inflé mi pecho. Tipos de derechos ¿Es en serio? Estas son cosas básicas, hasta un bebé las podría describir. —¿Le pasa algo señorita Altamirano? — al parecer el hombre notó mi disconformidad ya que dirigió la pregunta hacia mí. —No....O bueno si, de hecho, me parece que esto es muy básico para nosotros ¿No cree? — Sentí la mirada de todo el curso sobre nosotros. —Bien, si tan básico le parece, le doy solo quince minutos para que entregue su examen — ¿Qué? ¿Quince minutos? ¿Acaso está loco? Iba a negarme, pero al ver la expresión de burla asomarse en su cara me retracté. No voy a dejar que nadie dude de mi capacidad intelectual y mucho menos me humille. —Trato hecho, a decir verdad, eso es tiempo de sobra para mí —le reté. Un leve "uuuhh" se escuchó de fondo, pues estaba retando al querido profesor. —Bien, eso espero, estaré atento a su tiempo. Los demás tienen hasta el término del módulo para entregar sus exámenes comenzando desde ya — Mis sentidos se pusieron alertas y mi pulso se aceleró, yo y mi bocota. Sin perder más tiempo comencé a contestar todas las preguntas sin rodeos, pensé que los nervios me traicionarían, pero, al contrario, solo ayudaron a contestar más rápido y a recordar todo lo que he leído durante años. Vaya tela, solo espero que mi pulso no me falle, no pienso perder esta minúscula batalla contra Fausto. Ni esta, ni ninguna otra. ------------- ------ continuará...
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