Capitulo 5

1205 Palabras
Carmín Altamirano. Mis sentidos se pusieron alertas y mi pulso se aceleró, yo y mi bocota. Sin perder más tiempo comencé a contestar todas las preguntas sin rodeos, pensé que los nervios me traicionarían, pero, al contrario, solo ayudaron a contestar más rápido y a recordar todo lo que he leído durante años. Vaya tela, solo espero que mi pulso no me falle, no pienso perder esta minúscula batalla contra Fausto. Ni esta, ni ninguna otra. De un momento a otro, mis manos comenzaron a escribir de manera automática. Al parecer actúo bien bajo presión. El último punto trataba sobre hacer un breve ensayo de no menos de ocho renglones sobre los derechos cognitivos, observé mi reloj de mano y noté que habían pasado ocho minutos, levanté la mirada y noté los ojos del profesor clavados sobre mí. Suspiré y comencé a escribirlo. Libertad cognitiva, o "derecho a la autodeterminación mental", es el derecho y libertad que tiene el individuo a controlar sus propios procesos cognitivos y conciencia. Se ha argumentado que es tanto una extensión como el principio subyacente de la libertad de pensamiento. Aunque es un concepto definido en época relativamente reciente, está siendo aducido de forma creciente como consecuencia de los avances tecnológicos en neurociencia, que permiten y permitirán cada vez mayores posibilidades de influir directamente en la conciencia y los procesos cognitivos. Aunque no ha sido todavía incluida en ninguna legislación internacional de protección​ de los derechos humanos, ha obtenido cierto nivel de reconocimiento en los Estados Unidos, considerándosela el principio sobre el que se basan otros derechos. Creo que con esto es suficiente, miré mi reloj. Ya pasaron trece minutos, bien acabé. Me levanté de mi asiento acomodando mi falda y mi cabello, tomé la hoja entre mis dedos y caminé a su escritorio. Noté las miradas de algunos de mis compañeros sobre mí pero los ignoré. Al estar frente a él miró su reloj y sonriendo habló. —Vaya, has terminado y con dos minutos de anticipación — esta vez sonreí yo —pero no cante victoria señorita Altamirano, todavía falta revisar su contenido — sus largos dedos se rozan con los míos para quitar la hoja de mis manos. Cuando hago el amago de girarme este vuelve a hablar. —No, usted se queda aquí mientras yo reviso sus respuestas, puede traer su silla para esperar más comoda si lo desea — ¿Esto es una broma? Bueno, quiere tenerme cerca, es el efecto Carmín. Intento no carcajearme mientras tomo una silla y la ponga justo frente a él. Lo único que nos separa es la madera de dicho escritorio, el profesor comienza a ojear mi hoja mientras yo le observo. Sus facciones son duras, está totalmente concentrado y noto como las venas se marcan en sus brazos. Atractivo. Giro mi visión para que no piense que lo estoy mirando de más, no pienso darle aires de grandeza a este c*****o. De lejos veo como en la fila de atrás Ian le está pasando las respuestas a Tomas. Mierda, lo que faltaba, es solo una prueba de revisión ¿Tan estúpido puede ser? En una mala práctica a Ian se le cae su lapicera y página en dirección a Tomas lo cual causa un estruendoso ruido. Siento el pie de Fausto moverse por debajo lo cual me alerta y decido girar rápidamente moviendo mi cabeza para evitar que pudiera mirar en esa dirección. —Y...¿Todo bien? — pregunto fingiendo estar "impaciente". —Si, yo creo haber escuchado algo, solo déjame ir a pasear por los bancos a ver que todo esté en orden... — —Ay no, no por favor. Terminé de corregir mi examen y ya después pasa por los bancos ¿Si? — puse mi mejor cara de perrito mojado a lo que él aceptó. —De acuerdo, pero solo porque te di quince minutos — asentí con la cabeza, volví a mirar en dirección a los chicos, estos se terminaron de acomodar y susurraron un "gracias" en mi dirección. Elevé mis cejas algo disconforme, que gracias ni que nada, favor se paga con favor. —Bien — pegué un leve saltito al oír su ronca voz —debo decir que estoy impresionado, Carmín. Tu examen está impecable — Sus palabras elevaron mi ego por lo cual mejoré mi postura y sonriente contesté: —¿Ve? Le dije que esos eran temas básicos, por lo menos para mí — Mis dedos se entrecruzaron sobre la mesa y mordí mi labio inferior provocando que sus fervientes ojos fueran allí. —Pues déjeme felicitarla por su desempeño, espero y siga así en el resto del año — —Oh no se preocupe, le prometo que voy a ser la mejor de la clase — Si las miradas accionaran estoy segura de que este señor se me tiraría encima al momento, podía reconocer esa mirada en cualquier hombre; deseo. Justo lo que necesito, el segundo paso está yendo en marcha exitosamente. —Si es todo ¿Puedo volver a mi lugar? — no recibí contestación así que me paré de la silla haciendo el intento de irme. —Espera — su mano fue a la mía deteniéndome. Esto está yendo mejor de lo que pensé. —¿Sí? — —Yo me pregunto ¿De dónde eres? Es decir, tu acento es...neutro — —Ah pues yo nací aquí, pero fui a vivir a España a mis seis años, y mmm digamos que el acento de allá nunca se me pegó y el de acá tampoco — Inventé esa historia, no iba a decirle que mi abuela me envió a una escuela de doblaje e idiomas para que no tuviera ningún acento. Si, algo paranoíca para mi gusto. —Interesante — su gran mano seguía sobre la mía. Miré allí y él pareció darse cuenta ya que me soltó al instante. —Puedes volver a tu lugar, felicidades Carmín, tu desempeño hoy fue excelente — —Gracias, profesor — le guiñé un ojo y regalé una de mis mejores sonrisas. Iba a tomar la silla para devolverla a mi lugar, pero él lo impidió. —Espera, permíteme por favor — En acto de "caballerosidad" la tomó y colocó en donde correspondía —ahora si, toma asiento — —Gracias — susurré y esta vez fue él quien me guiñó. Reí internamente. Ay, Fausto, Fausto...en unos cuantos días te tendré comiendo de mi mano, arrodillado ante mí, a mis pies. -------------------------------------------------------------------------- - Ojalá algún día mis ojos cerrados puedan disfrutar de una oscuridad plena. Espero y llegue el día en el cual mis lágrimas saladas por tanta amargura se conviertan en dulces debido a la felicidad. Que mi cuerpo pueda descansar totalmente, en sueños, dejándose llevar por la paz, y no por los espamos de mis pesadillas. Tortuosas pesadillas. Asquerosas y envolventes. Que mis suspiros de frustración de conviertan en aliviantes respiros de alegría. Ojalá Dios me permita tocar con mis propias manos el cielo, en vida, con momentos hermosos que jamás me han tocado vivir. Hasta ahora... Y espero poder hacerlo. Espero poder ganar esta maldita guerra interna que me consume poco a poco, y que sin quererlo me quita el aliento. Día a día.
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