Las respuestas no habían sido demasiado favorables para ella. Susy también se había unido a su causa y había tratado de conseguirle trabajo en varios lugares. Pero en ninguno de ellos la aceptaban.
Aquello ya comenzaba a tornarse bastante extraño para las dos.
-¿Por qué crees que este pasando esto? - preguntó de manera suspicaz, Susy mientras tomaba algo de refresco. Ese día se encontraban viendo la televisión. Aunque realmente Leah parecía estar en otro mundo.
-No….no lo sé. Pero ya es muy extraño. En ningún lado consigo trabajo. Ni siquiera fuera de Nueva York.
-Oye Leah…no quería mencionarte esto, pero…¿No crees que esto tenga que ver con Aiden Knight?
-¿Con quien? - A este punto Leah ya se había olvidado por completo de ese hombre.
-Ya sabes, el tipo para el que trabajamos esa vez. El que te acoso y te propuso cosas extrañas. Que no me quisiste contar por cierto.
Leah trató de hacer memoria y fue entonces que la imagen de ese viaje y de ese hombre tan extraño aparecieron en sus recuerdos.
-¿Por qué él haría algo así?... Es decir no soy alguien importante como para que tenga el tiempo suficiente para andarme molestando.
-Puede que sea así, pero es al único que has ofendido y por ende ese hombre es uno de los más poderosos e influyentes empresarios de todos los Estados Unidos. No es tan descabellada esa teoría si te lo piensas bien.
-No lo creo, Susy. Un hombre así no se tomaría la molestia de….- Entonces Leah recordó otra cosa además de eso. Él le había propuesto matrimonio. E incluso la había llamado Luna o mate, o lo que sea que eso signifique. Que al final vendrían siendo lo mismo. ¿De verdad ese hombre estába haciendo todo esto por haberlo rechazado? ¿Era su manera de vengarse de ella?
Lo que decía Susy era cierto. Todo concordaba. Él era poderoso. Y podía hacer lo que se le viniera en gana.
¿Entonces eso quería decir que el señor Anderson había Sido presionado por él para que la despidieran?
Rápidamente se puso de pie y tomó su teléfono marcando el celular de su jefe. Pero no daba tono.
-El señor Anderson me ha bloqueado, Susy.
-Entonces todo encaja. Deja le marco yo. Seguramente a mi si me contestara, a ver qué le invento, Pero de que lo confrontaremos personalmente hasta sacarle la verdad, lo haremos juntas ¿Hecho?
-Hecho- respondió Leah.
Poco después Susy se comunicó con su jefe y este accedió a verla en un café el dia de mañana.
-¿Que fue lo que le dijiste para que accediera?
-Le dije que aceptaba salir con él. Y que lo vería ahí. - respondió con simpleza volviendo a tomar lugar a su lado.
-Oye, yo no estaba enterada de que el señor Anderson te pretendía.
-Es que eres demasiado inocente mi pequeña, Leah
La joven compuso una mueca de disgusto al escucharla decir eso.
-Esta bien que no sepa mucho de relaciones amorosas. Pero debiste contarme ¿Te ha estado acosando mucho?
-Para nada, es todo un caballero. Me ha respetado y lo de la invitación ha sido varias veces. Pero yo me he negado. Una cosa es salir con otros compañeros. Otra muy diferente es casi ligarte al jefe ¿No lo crees?
-Bueno si, tienes razón. ¿A qué hora lo veremos?
-A la una de la tarde, cariño. Así que por lo pronto olvídate de todo lo que está pasando y vamos a relajarnos viendo una película y comiendo algo de comida chatarra ¿Te parece? - le ofreció mientras la abrazaba y la acomodaba junto a ella. Leah accedió acurrucándose en el pecho de su amiga. - Mañana sin duda alguna sabremos la verdad.
-Leah asintió. Sintiéndose más aliviada. La verdad era una suerte tener una amiga así como Susy.
(....................)
Al día siguiente, la hora pactada por la pelirroja llegó. Ambas aguardaban justo a fuera de esa cafetería. Solo que en la otra acera. Ya que estaban esperando a que el señor Anderson ingresara al lugar.
Y así fue, tan puntual como un inglés, aquel sujeto llegó, vestido elegantemente, con un enorme ramo de flores que estaba más que seguro le encantarían a la pelirroja.
-Vaya, para ser sincera jamás esperé ver esta faceta de él.
-Ni yo. Es bastante cursi a decir verdad. Pero de manera adorable. Aunque creo y tengo la corazonada que dejara de serlo en cuanto descubramos la verdad.
Susy le dijo que la siguiera disimuladamente para que el hombre no se diera cuenta de la presencia de ella.
Leah obedeció, siguiendo a Susy a una distancia bastante prudente.
En cuanto la pelirroja ingresó al local. Anderson se puso de pie. Mostrándose bastante nervioso. Susy era alguien muy bella. Y realmente esperaba poder lograr algo más allá con esa mujer que le robaba sus pensamientos.
Comenzaron a hablar, tratando de conocerse un poco más. Y fue hasta que Leah entró, que Susy la vio y le hizo una seña para que se acercara lentamente.
-¿Sabe, señor Anderson? Estoy bastante consternada por mi amiga Leah.
Al escuchar el nombre de la pelinegra, aquel sujeto palidecio. Pero en cuanto vio el rostro afligido de ella quedó completamente embobado cayendo en su juego.
-Me imagino. Ella es bastante trabajadora. Desgraciadamente tuvimos que tomar decisiones. Lamento mucho que esto la haya afectado tanto al igual que a ti.
-Ella ha Sido mi mejor amiga desde la infancia. Y me duele mucho la situación tan precaria que está pasando. ¿Podría decirme la verdad, señor Anderson?.
-¿A qué te refieres?- preguntó muy nervioso. Mirando hacia todos lados. Y fue entonces que vio como Leah se acercaba hasta donde ellos estaban.
-Entonces…tú….¿Solo accediste a salir conmigo por esto? - cuestionó dolido dispuesto a irse de ahí. Pero la pelirroja fue más rápida. Y logró acorralarlo con su cuerpo. Sentándose a un lado de él. Impidiendo así que se escapara.
-No quería recurrir a esto, solo quiero averiguar la verdad. Algo me dice que usted sabe más de lo que aparenta.
-Yo no…..yo no sé nada. Fue decisión de los demás directivos.
Leah llegó finalmente y se sentó, justo enfrente de ellos dos.
-Dejare las formalidades atrás, señor. Y seré directa. No la he estado pasando nada bien desde que usted decidió despedirme y no conforme con eso, se encargó de cerrarme cada puerta y cada posible oportunidad para obtener un trabajo. ¿Por qué hizo tal cosa? Que yo recuerde jamás lo he ofendido.
Anderson se sintió bastante acorralado. Jamás se imagino que esto llegara a pasar. Por lo tanto no sabía cómo reaccionar, y mucho menos lidiar con ambas mujeres a la vez.
La mirada de Leah se mostraba molesta. Además de decepcionada de él. Haciéndolo sentir bastante culpable.
-Y-Yo lo siento mucho en verdad, señorita Williams. No tuve otra opción...
-Dígame una cosa, ¿Aiden Knight fue quien le pidió que hiciera esto?.
Al escuchar ese nombre, Anderson se puso más palido de lo que ya estaba.
-¿Cómo…?
-No lo sabía, no sabía que él estaba implicado. Pero con su actitud me demuestra que estoy en lo correcto ¿No es así?
Anderson no vio más escapatoria. Si bien él trato de ayudar a Leah. Knight se encargó de lo demás. Es decir de hundirla totalmente. Más sin embargo eso no quitaba culpa de su parte ni nada. Al contrario, lo hacía sentir peor.
-Si, fue el.- admitió finalmente.
-¿Por qué lo hizo?.
-Me pidió que lo hiciera para que usted fuera a buscarlo y rogara por su ayuda.
“Ese desgraciado” - pensó ella realmente molesta.
-El quiere que acepte ser su Luna.
-¿Luna? ¿Que rayos es eso? - preguntó Susy bastante confundida.
Anderson se asustó bastante pues se suponía que no debía revelar eso a nadie más. Pero supuso que Susy sabía algo al respecto.
-Despues te lo explicaré.- le contestó Leah a Susy- Ahora quiero que me dé la dirección exacta de dónde se encuentra ese desgraciado de Knight. - le ordenó ella, extendiendole una pequeña libreta y una pluma.
Anderson la tomó y comenzó a escribir en ella.
El lugar se encontraba a unos cuantos minutos de ahí.
-Entonces…¿Él está aquí en Nueva York?.
-Si, él ha estado cazandola, señorita. Asegurandose que todo vaya de acuerdo a su plan.
-¡Ese maldito! - exclamó fuertemente ella poniéndose de pie. Tomando la libretita y saliendo de ahí dispuesta a encararlo personalmente.
-¡Espere señorita! Si bien parece ser un hombre normal él es bastante sanguinario. Si sabe que yo le dije esto me matará.
-¿Por qué debería importarme eso?
-Usted es su Luna. Puede influir en las decisiones de él. Le ruego que me disculpé no tuve otra opción más que acceder a lo que me pedía. Mi rango me impide negarme a desobedecer.
-¿Su rango?
-Yo solo soy un simple Omega. Él por supuesto es un Alfa. Nadie puede ir en contra de ellos.
-Yo no estoy entendiendo nada ¿Podrían explicarme de que diablos están hablando? - exigió Susy bastante molesta.
Leah suspiró. - Vamos Susy en el camino te contaré todo.
La pelirroja se puso de pie, siguiendo a su amiga. Regresandole las flores al señor Anderson. Ni siquiera se despidieron de él. Puesto que no valía la pena para ninguna de las dos. No después de lo que había hecho. Sinceramente había perdió la confianza de ambas.