Una vez que llegaron al lugar, Leah revisaba con cuidado la dirección anotada en ese papel. Solo para corroborar si era la correcta.
-¿Y bien?...¿Ya vas a contarme sobre lo que estaban hablando ustedes dos?.
Leah se detuvo. Y miró a su amiga. Decidió decirle la verdad. Arriesgándose a todo. ¿Que más podía pasar? prácticamente ya estába acorralada.
-El es un hombre lobo, Susy.
La pelirroja rió levemente pensando que su amiga le estaba jugando una broma.
-¿Estás jugando no?... Esos no existen. Solo son mitos.
-Yo también lo creía. Pero…al ver al señor Anderson sentí que esto es demasiado real. Su miedo ante este sujeto es demasiado grande. ¿Recuerdas como me tomó de la mano durante el viaje?.
-Si, fue bastante brusco. Y muy raro también.
-Bueno, en ese entonces él se dió cuenta de que yo soy su pareja destinada. Y por eso me dió la otra suite de aquel hotel. No por arrepentimiento si no para tenerme cerca de él. Ese día, me dió a leer dos contratos. Uno de confidencialidad, que estipulaba que bajo ninguna circunstancia yo debía divulgar esto. Pero ya te lo estoy diciendo. Y eso es porque Anderson lo mencionó primero- Susy estaba en silencio, prácticamente con su boca y sus ojos completamente abiertos. No daba crédito a lo que escuchaba. Sin embargo sabía que su mejor amiga no mentía. Podía verlo en su mirada.
-¿El otro contrato que decía?
-Ese era mucho más descabellado. Aquí me hacía ver qué yo era su Luna, su pareja destinada y sobretodo la Reina de su clan. Que debía casarme con él y darle hijos.
-¿Quieres decir…que hay más criaturas como ellos entre nosotros?
-Eso me temo. Al momento de casarme con él, él debía de ponerme una marca.
-¿Marca?
Leah quedó en silencio. No quiso mencionar lo demás debido a la vergüenza que sentía. Estaban algo pegadas al edificio en dónde Aiden se estaba quedando. Resguardandose en el callejón de a lado. La gente que pasaba por ahí las miraba de manera extraña. Casi como si ellas fueran unas delincuentes. Pues aquella zona era una de las más ricas y exclusivas de Nueva York.
-¡Oh, Leah! Yo no sé que decirte….todo esto me parece tan surreal.
-A mi también. Este hombre prácticamente me está orillando a caer en su juego. Ya empezó a hacer sus movimientos. Y como es poderoso y rico. Yo no tengo manera de defenderme.
-¿Aún así piensas que es buena idea estar aqui…entrar a este edificio y encararlo? ¿Que tal si te hace algo malo?
-Tengo que hacerlo, no pienso casarme con él. No pienso vivir toda mi vida atemorizada o dejando que él me haga esto. No puedo pasármela sin trabajo.
-Pero amiga, en todo este tiempo, él te ha estado siguiendo los pasos. No tengo dudas de que no se rendirá tan fácilmente.
-Pues algo tengo que hacer. Y si este es el primer paso para enfrentarme a él. Lo haré sin dudar.
-Amo tu valentía Pero tengo miedo por ti. Yo te acompañaré.
-Esta bien. Pero si ves que las cosas se ponen feas por favor ve y busca ayuda.
-Eso haré. No tengo amigos con esa condición tan extraña que mencionas. Pero conozco personas poderosas que podrían ayudarnos.- Leah asintio dispuesta a todo. Incluso agotar hasta el último recurso con tal de deshacerse de él.
Ya una vez que le contó la verdad a su amiga. Ambas ingresaron al enorme lugar.
Una vez que ambas entraron. Notaron que ese edificio se veía como cualquier otro. Sin embargo. Había demasiados hombres custodiando cada parte de este.
Todos vieron a las mujeres. Pero ninguno hizo el intento de detenerlas. Daba la extraña sensación de que ellos estaban esperando por ellas. Y eso era verdaderamente escalofriante. Tanto para Leah como para Susy.
Sin despegarse la una de la otra, ambas se dirigieron hacia la recepción. En dónde una atractiva mujer se encontraba. Ella tenía un hermoso cabello, corto, de un color azul muy bonito. La verdad era hermosa y brillaba intensamente.
Sus ojos eran de tonalidades verdes, con un poco de color miel.
La chica las miró a ambas y sonrió.
-Hola, bienvenidas. ¿En qué puedo ayudarles?
Leah pensó que está se mostraría también hostil. O que demostraría la misma vibra pesada que todos los demás hombres presentes ahí. Pero al parecer la había juzgado mal.
-Quiero ver a Aiden Knight, por favor - dijo Leah, con bastante firmeza, sorprendiendo a la peliazul.
-Claro, permítame un momento. - Ella tomó el teléfono y marcó un número que Leah no alcanzó a ver.
-Si, ella está aquí. - respondió sin dejar de ver a la pelinegra ni por un momento. - Entendido, señor.
Ella colgó el teléfono. Después llamó a dos de los enormes hombres que rondaban por ahí y estos se acercaron al escritorio.
-Por favor Luka, André, sean tan amables de escoltar a la joven Williams hasta el departamento del señor Knight - les dijo ella. Aquellos sujetos se veían demasiado molestos, y parecian ser tipos malos.
-Yo iré con ella. - habló Susy, poniéndose frente a Leah. Dispuesta a protegerla de quien sea.
-Lo siento, mucho señorita. Pero mi amo me dió indicaciones detalladas de que solo se le permite el acceso a la señorita Williams. Sea tan amable de esperarla aquí en recepción conmigo.
Susy no quería y estába por refutar a eso. Pero Leah la detuvo. Tomando su mano. Esto hizo callar abruptamente a la pelirroja quien sin más opción obedeció, tomando asiento junto a la chica de cabello azul, mientras que Leah era custodiada hasta el elevador. El cual uno de los hombres que iban con ella marco el último piso.
Leah estaba totalmente aterrada. Sin embargo trato de no demostrarlo.
Cuando finalmente llegaron, caminaron hasta el penthouse en dónde el otro tipo abrió la puerta dejando entrar a la joven primero.
Aquella habitación estaba bastante iluminada. Y todo en ella era demasiado lujoso. Cada mueble y cada adorno parecía hecho de oro y de la más alta calidad.
En el centro, en un pequeño desnivel estaba una enorme sala. En dónde Aiden ya esperaba por ella, solo que le estaba dando la espalda.
-Tardo mucho en venir a buscarme, señorita Williams. - dijo, y finalmente se puso de pie. Dandole la cara. Leah se preguntaba como es que aquel tipo podía ser tan guapo. Y más cuando usaba esos trajes tan entallados y costosos.- Tome asiento, que tenemos mucho de que hablar. - le ordenó de manera prepotente. Mientras se servía otra copa de vino. En ese lugar también se encontraba Felix. Quien entre sus manos llevaba las mismas carpetas de la otra vez.
-No vine a socializar con usted- habló de manera clara y contundente- No después de lo que me ha hecho.
-Solo hice lo que creí correcto.
-¿Correcto para quien? ¿Para usted?
-Para mi manada. Usted no pertenece a este mundo. Pertenece al mío y por supuesto me pertenece a mi.
-Yo no le pertenezco a nadie. Mucho menos a alguien de tan baja calaña como usted.
Aiden se detuvo en seco. Y miró a Leah de manera nada agradable. Apretó con fuerza la copa entre su mano haciéndola explotar en Miles de pedazos. Esto asustó a la joven, sin embargo mantuvo la compostura.
-Le sugiero que cuide sus palabras, señorita. No debe hablarme de esta manera.
-Le hablaré como se me de la gana- respondió ella. Por supuesto retandolo y haciéndolo enojar aún más.
El cuerpo del hombre comenzó a moverse bruscamente mientras que su mirada cambiaba. Estába tratando de reprimir su furia para no lastimarla. Pero no permitiría que lo insultara de esa manera.
En un movimiento rápido. Fue hasta ella, tomandola por sorpresa.
Colocando su mano sobre su cuello, apretándolo con demasiada brusquedad.
La elevó en el aire. Y ella trataba de quitárselo de encima. Ese agarre comenzaba a dejarla sin aliento.
-Aunque usted sea mi Luna. No permitiré tal afrenta. Así que se condescendiente conmigo. Y no me hagas enojar. Firma los papeles y se mía. Así ya no me harás perder el tiempo.
-Y-Yo no firmaré nada….usted está loco. - le respondió con dificultad. Y con bastante repudio le escupió en la cara.
Felix miraba todo aquello con verdadero espanto. Aunque tampoco quería involucrarse. Una vez que su Alfa se molestaba no había mucho por hacer.
Aiden apretó aún más fuerte. Si Leah terminaba muerta ahí. Prefería mil veces eso que tener que casarse con ese hombre tan indeseable.
-Mi señor,…creo que debería detenerse. -le sugirió su Beta. Aiden reaccionó. Pero ni aún así soltó a Leah. Contrario a esto. La aventó con brusquedad a una de las paredes cercanas provocando que está se pegará en la espalda.
-¡Es…un maldito d-desgraciado!. No puedo creer que haya caído tan bajo solo porque lo rechacé.
-Tenia que actuar. Verás,... las consecuencias que te haya causado no me importan en absoluto. No me discúlpare por algo que tenía que hacerse. De alguna manera tenía que traerte hacía mi. Entiende que ya no perteneces a este mundo.
-El que usted sea un mounstro no quiere decir que yo también deba serlo o estar atada a usted por toda la eternidad. - Dijo ella de manera valiente. Levantandose con dificultad. Es golpe había Sido bastante severo. Jamás se imagino que ese hombre llegaría a lastimarla.
Aiden de nueva cuenta se molestó y mostró su rostro un poco deformado. Al igual que sus ojos amarillentos, y luego sus colmillos algo puntiagudos.
-Ir en mi contra no le ayudará en nada. Debes estar a mi lado, es tu deber.
-Asi como a usted no le interesa en lo más mínimo como me afecte esto. A mí tampoco me interesa el impacto que pueda tener mi ausencia en su mundo. ¡Déjeme en paz!. No pienso casarme con usted y mucho menos después de esto. No ha demostrado otra cosa más, que lo cobarde que puede ser.
Felix pensó que ella estaba provocandolo demasiado. Aiden se encontraba encorvado, tratando de frenar la transformación en lobo.
Él rápidamente se acercó a Leah. Pero está retrocedió.
-Sera mejor que se vaya por ahora, señorita. No es recomendable que esté aquí. - le dijo Felix temiendo por la seguridad de ella.
Leah no entendía porque la ayudaba. Pero aún así al ver cómo ese hombre comenzaba a transformarse y gruñir de forma desenfrenada. Decidió marcharse de ahí.
-No te….te atrevas a irte……-Hablo Aiden con voz gutural.
Félix la empujaba hacia la puerta, apurandola para que está se fuera de ahí rápido. Los crujidos de los huesos y extremidades en el cuerpo de Aiden comenzaba a resonar por toda la habitación.