Capítulo 2

2290 Palabras
Me encontraba tumbada en la cama, bordeando objetos con el dedo índice. Al mismo tiempo, me planteaba qué podía hacer, estaba aburrida. y sin fuerzas, ni siquiera para levantarme. Entonces fue cuando un portazo, que casi pareció un estallido, me asustó tanto que provocó que me callera de la cama. A continuación, se empezaron a escuchar gritos y pasos, lo que me causó un mal presentimiento. Desde mi llegada no había escuchado ningún ruido, ni siquiera había visto a nadie por los pasillos bajando o subiendo. Lo cual era muy raro, ya que me pasaba todo el día mirando por las ventanas y la r*****a de la puerta, buscando algo de vida por las cercanías. En cambio, aquel lunes, sobre las ocho de la mañana, todo se alteró. Me levanté del suelo, dolorida y corrí para poder observar por la r*****a de la puerta, pero no se veía nada. Por lo que, abrí la puerta y me deslicé por los pasillos silenciosamente, buscando qué había provocado aquel escándalo. Se escucharon voces por las escaleras. Supuse  que provenían del cambio de sentido que había encima de mi piso. Me apoyé en la pared, dispuesta a descubrir qué ocurría, pero antes de poder asomarme, una de las personas que estaban hablando me sintió. —Hay alguien más —Manifestó una voz ronca. —Huele a humano —Declaró una chica, de una manera seca. Aproveché el silencio para retroceder unos pasos. —Yo conozco ese olor... —Susurró un chico al que reconocí, era Dylan. —¡Lia! —Aulló Vanesa saltando desde donde estaba hasta mi piso y corriendo a abrazarme—. ¡Me alegro de verte aquí! Vanesa me empujó con cariño para que saliera del escondite y pudiera ver al resto. —¿Quién es? —Dudó la voz ronca mientras le ponía cara. Era un señor mayor, de unos ochenta y pico años. Vestía con una capucha negra que le cubría entero y llevaba un bastón que le ayudaba a sujetar el pes de aquella espalda encorvada. Su pelo era blanco, o al menos lo que le quedaba, su piel pálida y sus ojos lucían un rojo sangre tan intenso que perdí el control de mi cuerpo manteniéndome quieta, sin apenas respirar. —Es la chica de la que te hablamos —Informó Jaime. —No sabía que era un Hoean —Observó el señor con voz ronca. Aquella palabra de nuevo, la misma que empezaba a hacerme sentir como un puñado de cuchillos me rajaban la piel en cuanto la escuchaba. —Por eso decidimos traerla aquí —Confesó David. Sentí unas ganas inmensas de gritar, pero me las tragué convirtiéndola en un escalofrío que recorrió mi cuerpo. —Lo raro es que solo conozco una Hoean que sea de esta zona... —Comenzó el anciano pensativo, hasta que se dio cuenta de algo y sus ojos se convirtieron en un rojo infierno, mientras bajaba las escaleras hacia mí. —Eres la hija de Henry —Dijo molesto. —¡¿Qué?! —Escupieron todos sorprendidos. —Sí... —Afirmé asustada. —¡No puede ser! —Comenzaron a susurrar entre los jóvenes. —He oído hablar mucho de ti y de tus orígenes, al igual que de tus hermanos.  Esperé a que me contara algo más, si eran cosas buenas o malas, si me echaría o me dejaría quedarme... algo, pero simplemente subió escaleras y desapareció. —Tenemos una nueva misión, ¿te apuntas? —Quiso saber Amelia. —Claro —Acepté sin saber que tendría que hacer, pero buscando la aprobación del grupo. Solo quería salir un tiempo de allí, que me diera el aire. Llevaba días encerrada en la habitación. —Cámbiate, te esperamos en el garaje —Concluyó Jaime. —Vale, voy. No tardé en cambiarme, me puse lo primero que encontré y salí rápidamente. Necesitaba acción.  Bajé hasta el portal, buscando las escaleras que me llevasen hasta el garaje, pero no había nada. —Señorita Lia, ¿desea algo?— Preguntó Gabriel saliendo de nuevo de la nada. —Yo... esto... ¿cómo llego al garaje? —No hay escaleras que bajen hasta el garaje, use el ascensor. —¿Ya está arreglado? —¿Cuándo ha estado estropeado? —Creía que... usted me dijo que no funcio...— No acabé la frase, en cuanto le di al botón del ascensor Gabriel desapareció en las sombras, como si nunca hubiera estado allí. Le di al botón de -1 y bajé hasta un oscuro y frío lugar, donde no se veía nada, me apoyé en la pared. Estaba dispuesta a seguir aquel muro hasta alguna parte, pero, entonces, se encendió la luz revelando una furgoneta negra entre cientos de coches distintos, todos del mismo color que el azabache. —Vamos entra Lia— llamó Vanesa desde la furgoneta. Entré y me senté al lado de Dylan, ya que era el único asiento libre, pero este ni siquiera me devolvió la mirada, más bien la apartó centrándose en mirar por la ventana. Incluso cuando se apagó la luz y se dejó de ver el fondo, él seguía concentrado en la nada. —¿A dónde vamos? —Quise saber. —A una fiesta —Anunció emocionado David. —¿Por la mañana? —Dudé. —Los vampiros duermen por la mañana, recuérdalo —Dijo Jaime. —Es verdad. No tardamos en llegar a un edificio. Parecía una tienda, una enorme, pero abandonada. En la puerta había un chico con traje n***o, parecía el segurata. Llevaba las gafas de sol puesta, lo que me llamó la atención ya que el cielo estaba totalmente nublado. Bajamos del coche y el chico se nos acercó inquieto. —Llegáis tarde. —Lo sentimos, hemos tenido un pequeño percance —Pronunció, seria, Vanesa. Supuse que Vanesa era la voz del grupo, la que mandaba. Siempre hacían lo que ella decía y tenía la última palabra. Pero no pude evitar sentirme culpable de que ellos llegaran tarde, al fin y al cabo, tuvieron que esperarme hasta que me vistiera, cuando ellos ya estaban listos. Realmente yo era el percance. —¿Quién es el objetivo? —Se adelantó David. —James K. William, hijo de Hidden y Patrick William. —¿El hijo de los William? Prometió que nunca tocaría a un humano —Se indignó Amelia. —Pues ha cambiado de opinión —Apuntó Dylan. —Él me lo prometió —Susurró Amelia, entristecida. —Vamos, no podemos perder más tiempo —Señalo Jaime. Entramos en el edificio, estaba a oscuras pero unas pequeñas luces de colores apuntaban de vez en cuando hacia los lados. La música estaba muy alta, tanto que me provocó dolor la cabeza y eso que acababa de entrar. Por no hablar de toda la gente que había, apenas se podía pasar. —Buscarle y matarme —Resumió Vanesa. —Sí —Respondieron el resto mientras se desplazaban entre la gente. —¡Ey, esperar! ¡Yo no sé quién es! —Aullé, pero ni siquiera me escuchó el desconocido que estaba a dos centímetros de mí— Empezamos bien... Caminé por la multitud, perdiéndome en ella, esperando a encontrarme con alguno de mis nuevos compañeros para que pudiera describírmelo. Por fin localicé a uno de los chicos, a Dylan, apenas le veía la cara, pero sabía que era el por la forma de moverse y la ropa, además de aquel peinado que lucía. Me metí por mitad de la pista de baile, acortando el camino. Llegar hasta el joven era casi imposible, pero al fin conseguí salir de la pista y quedar a unos metros de él. No obstante, algo me hizo frenar de golpe. Dylan no estaba solo hablaba con un chico, un chico rubio.  Un chico que yo conocía como Nolan. Mi corazón dejó de latir, de una forma literal, por lo que me caí al suelo llevando mi mano al pecho. —¡¿Estas bien?! —Preguntaron algunas personas que tenía alrededor. Afirmé con la cabeza y me levanté de nuevo, esperando que todo hubiera sido un mal entendido. Por suerte Dylan había desaparecido, ya no quedaba rastro de él. Me giré un poco y volví a quedarme de piedra, Nolan estaba caminando, tratando de volver a algún sitio. Le seguí con la mirada sabiendo lo que me iba a encontrar al final, pero necesitaba verles, necesitaba saber que estaban bien, que Henry no les hacía nada y que la abuelita les cuidaba. Y ahí estaban, sonriendo, hablando, ligando, bebiendo,... divirtiéndose. Eran un grupo grande y reconocí a cada uno de ellos. Les miré de arriba a abajo. Estaban felices. Mi corazón latía rápido, pero no me importaba, me limité a estudiarles y sonreír orgullosa. Estaban bien. Entonces me di cuenta de que faltaba uno, faltaba Harry, lo cual me asustó ya que podía estar alrededor de mí y no quería, no podía permitir que me viese. Retrocedí lentamente, mirando a los lados, entonces me agaché y me arrastré cuidadosamente por el suelo. Entre las piernas de los clientes vi una puerta, estaba lejos, pero podía conseguirlo. Me puse de pie escondiendo mi rostro con las manos como podía, y corrí llevándome por delante unos cuantos vampiros, pero al fin estaba cerca de la salida, ya lo tenía. En aquel momento un chico de espaldas se echó para atrás haciendo que me chocara con él. Como era más fuerte que yo perdí mi equilibrio y el chico me sujetó con mucha habilidad. Era Dylan. —¿Lia? —Lo siento, es que necesito aire —Me disculpé mirando la puerta y comenzando a andar de nuevo. —¡¿Lia?! —Se escuchó detrás de mí una voz conocida. No pude procesar de quien era la voz, ya que la música estaba demasiado alta como para escuchar si quiera mi nombre claramente. Torcí poco a poco mi cabeza, rezando para que no fuera ninguno de mis hermanos. Hasta ver a que me había equivocado en mi rezo. Era Harry. —Lia...— Susurró dejando caer su bajo con alcohol. —Harry... yo...— Tartamudeé observando al fondo al resto de mis hermanos quienes me miraban y caminaban hacia nosotros impresionados— Lo.. lo lamento. Corrí y salí por la puerta que había fichado tiempo atrás, dejando caer mis lágrimas sin poder evitarlo. Entonces me escondí detrás de una papelera cuando mis hermanos salieron. —¡Lia! —Gritaron— Lia, ¿¡dónde estas!? ¡Tenemos que hablar! ¡Por favor! Pero no podía verles en aquel momento, yo ya no era la chica que conocieron, ahora era una asesina, una que mataba a chicos como ellos, vampiros asesinos de humanos. No lo entenderían, no entenderían porque me marché, ni porque nunca volví. —¡Lia! — Continuaron insistiendo. Apenas a unos dos metros había un callejón que llevaba hasta otra calle, caminé lentamente y me adentré, seguí la pared mientras me limpiaba las lágrimas. —¡Aaah!— Se escuchó un grito— ¡Ayudaa! Corrí, provenía del callejón al que me dirigía. —Dios mío... ¿Qué eres? —Replicó una chica joven. —Soy un vampiro —Reveló el sujeto— Mi nombre es James —Anunció haciendo que frenara— James K. William. Era él, el chico que debía matar, mi objetivo, y lo había pillado en plena acción. —¡James! —Grité sería, no dejaría que la matase. El chico se giró intrigado por ver quién le había llamado. —Vaya, vaya, tenemos visita —Se burló hablándole a la chica—. ¿Qué deseas, Lia? Sabía mi nombre, lo cual me hizo perder la compostura. —Oh, vaya, ¿Creías que no te conocía? Todos te conocen, joven Hoean. Y una vez más aquella palabra, estaba dispuesta a formar parte de mi vida, o de mi día a día. —Prometiste que no harías daño a las personas, e ibas a matarla. —Ooh... comprendo, ahora eres una cazadora de vampiros, curioso. —Si sabes lo que soy, sabrás a qué vengo. —Claro, a matarme, pero dime... ¿lo harás? ¿serás capaz de matar a un vampiro? Aquellas preguntas me hicieron dudar, quería hacerlo, no era un buen vampiro, mataba a chicas inocentes, chicas humanas, niñas. Definitivamente debía morir, pero... solo había matado una vez y fue por supervivencia, aquello era distinto. Nunca pensé que fuera capaz de convertirme en una asesina de ningún tipo. —¿Lo ves? Eres débil, así son los Hoean. —Podré. —¿Eso crees? Bien, pues que empiece el juego. Dejó que sus ojos se tiñeran de rojo mientras sus colmillos crecían y yo hacía lo mismo, entonces se me echó encima y me arañó el cuello. Le empujé, tirándole unos metros más lejos de mí, mientras yo me recuperaba, pero entonces me empujó y me choqué con la pared, cayendo al suelo mientras comenzaba a marearme por el golpe. —A llegado tu hora —Susurró en mi oído mientras olía mi sangre y apoyaba sus colmillos en mi cuello. —Déjala en paz —Aulló Dylan apartándolo de mí. —¡Lia! —Gritó Vanesa lanzándome un cuchillo, el mismo que mis hermanos tenían, por lo que sabía para qué servía. Lo agarré y mientras James golpeaba a Dylan. Aproveché la pelea para clavarle el puñal en el pecho, sin pensarlo. Gritó de dolor y se apartara de mi compañero, poco después su cuerpo exploto. —Buen trabajo Lia —Felicitó Dylan sonriendo— Y gracias por salvarme. —Volvamos a casa, ya no queda nada que hacer aquí —Ordenó Vanesa. Miré por al callejón, esperando ver la silueta de mis hermanos por última vez, pero ya no estaban.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR