Lidia seguía tentada por la posibilidad de quedarse dentro de ese pequeño espacio el resto de su vida, no tuvo la fuerza para salir y encarar a sus empleadas. Cerró los ojos y dejó que su mente la llevase a un mundo distinto en el que ella se ponía de pie sin que las piernas le temblasen, miraba directamente a la cara a una de las empleadas al azar y les recordaba que hay lugares en los que no deben hablar de algunas personas, sobre todo si se trata de quien pone pan en tu mesa. Salía de allí, reunía la mayor cantidad de periodistas y desmentía cada una de las falacias que Camilo y Mariela habían inventado. Era capaz incluso de hacer chistes ingeniosos, todos se reían y a primera hora de la mañana todo estaba resuelto. Pero no, esperó a que las empleadas salieran del baño para

