10. Pruebas explicitas
Momentos antes...
El novio, Dorian, después de su encuentro con Savannah en el vestidor que le había calentado la sangre, esperaba en la marca que el wedding planner le había indicado, con una sonrisa suave y un toque engreído. Los hermanos de Anastasia, Ángel y Adriel lo observaban con algo parecido al desprecio. Sabían que era el hombre que hacía feliz a su hermana, y la respetaban, pero al mínimo error no dudarían en machacarlo a golpes.
De repente, alguien anunció:
—¡La novia!
La música sonó y todos se levantaron para ver a Anastasia aparecer. A diferencia de su vida pasada, aquel vestido le quedaba espectacular, resaltando sus curvas generosas en los lugares adecuados. Apenas tenía quince kilos de sobrepeso, fáciles de manejar con los batidos de su nutricionista y el plan de ejercicios de Elijah. En solo dos días, se sentía más ligera, fuerte y segura.
Todos quedaron deslumbrados al ver a la hermosa novia. Sus padres la esperaban al frente, pero Anastasia decidió caminar sola, sin su padre a su lado, mostrando la independencia y determinación que había ganado. Detrás de Dorian, en una pantalla gigante, se proyectaban fotos de los novios desde la infancia hasta su relación reciente.
Cuando Anastasia estaba a mitad del pasillo, el video cambió abruptamente y un gemido sonoro llenó el lugar. Anastasia se paralizó. Savannah palideció y Dorian no entendía nada.
Los presentes quedaron en shock absoluto. En la pantalla aparecía una escena explícita, digna de páginas para adultos, con poses atrevidas. Una anciana inclinó la cabeza y levantó las manos:
la gente reía o juzgaba y cuando Dorian entendió que lo veía de forma extraña y escucho el gemido se le bajo la presión, su rostro desprovisto de todo color
Cuando la cámara cambió para enfocar los rostros de los protagonistas, todos jadeaban.
—¡Es el novio! —dijo una invitada con incredulidad.
—¡Es Dorian! —gritó alguien más.
—¿Esa no es la dama de honor?
La madre de Dorian quedó horrorizada:
—¡Hijo!
El padre de Anastasia enrojeció de ira y exigió una explicación:
—¿Qué es esto, Dorian? ¿Intentas humillar a la familia Marfil?
Sollozando y con voz de víctima, Anastasia intervino:
—¡Esa es… es…! —su voz temblaba como si no pudiera decir nada más.
Estudio actuación todo un semestre, era hora de sacarle provecho. Quería reír pero lo contuvo.
—¡La dama de honor! —gritó alguien señalándola—. ¡Zorra!
El padre que iba a oficiar la boda estaba confundido, avergonzado y furioso al mismo tiempo. Señalando a Dorian, exclamó:
—Bendito sea el creador ¿Qué esta pasando?
El silencio del lugar era sepulcral, roto solo por los murmullos, el jadeo y la incredulidad de todos los presentes. Anastasia permaneció firme, su mirada fría y calculadora, mientras el rostro de Dorian se tornaba rojo por la vergüenza y el pánico.
—Apaguen eso ¡ya! —grita Savannah descontrolada.
Dorian, desesperado, corrió hasta donde Anastasia estaba, intentando abrazarla:
—¡Amor, déjame explicarte!
Pero antes de que pudiera acercarse, un puñetazo lo derribó contra el suelo.
—¡Hijo de puta! —rugió Ángel Marfil, el hijo mayor de la familia Marfil—. Te haré sufrir.
—Te lo advertimos desde un principio, los sapos no comen carne de cisne —se burló Adriel, cruzando los brazos y sonriendo con desprecio.
—¡Pagarás por lo que le hiciste a mi amiga! —grita Artemisa, una amiga de Anastasia con los ojos encendidos de furia.
Anastasia se gira para verla y sus ojos se ponen rojos, en su vida pasada creyó en lo que Savannah y Dorian le dijeron alejándose de su amiga.
—No… no fue mi intención, cariño… —balbuceaba Dorian, con el pánico reflejado en cada palabra—. Te juro que fue una sola vez.
Mientras tanto, el vídeo en la pantalla no paraba. El agente que organizaba la boda estaba paralizado; no sabía cómo había llegado allí ni cómo apagarlo. Alguien había pirateado la computadora.
—¡Ay, Dorian! —sonaba una voz melodiosa y candente por los altavoces—. Siempre me vuelves loca, así… así… genial… —gemía Savannah— no como esa frígida y gorda de Anastasia.
—Savannah ¡¿cómo pudiste?! —exclamó Anastasia, señalando a su amiga con desprecio—. ¡Te creí mi hermana!
—No, no… es… una equivocación, yo… yo no sabía… —tartamudeaba Savannah, incapaz de justificar nada.
—Lo siento, me equivoqué… —intentó Dorian—. Perdóname, cariño… ¡Fue ella! Fue culpa de esa zorra que me sedujo.
Anastasia dio un paso firme hacia él y, con la técnica que Elijah le había enseñado, le propinó un puñetazo directo en el ojo. Dorian cayó al suelo, gimiendo de dolor y miedo.
Luego se giró hacia Savannah, con ojos llenos de odio:
—¡Te traté como de la familia y así me pagas! —gritó—. ¡Eres una zorra rompehogares y nunca más contarás conmigo!
La abofeteó cuatro veces de un lado a otro, la agarró del cabello y la arrastró por el salón, dejando a todos boquiabiertos. Por fin podía hacerles pagar todo el dolor que le habían causado.
—¡Quiero que se vayan, papá y mamá! —dijo Anastasia con voz de guerrera vengativa. Su furia solo acentuaba su belleza exótica y salvaje.
—Hecho —contestó Marco Aurelio Marfil, su padre, firme y protector.
Sus hijos se encargaron de sacar a Dorian a patadas del lugar, mientras que Savannah fue escoltada por una mesera, sin ceremonias ni contemplaciones.
Anastasia se enderezó, sus lágrimas secas y su maquillaje un poco corrido, pero con una sonrisa compuesta y alegre:
—¡A beber y comer, señores! ¡Esta fiesta, la pago yo!
De repente, una voz indignada surgió desde el fondo:
—¡Cómo pudiste hacerle esto a mi hijo! —gritó Alicia Garden.
—Señora Garden, por si no lo sabe… —dijo Anastasia, señalando la pantalla que mostraba el adulterio—. Esto es lo que usted llama “error”.
—¡La familia y amigos del novio, que se vayan! —intervino Verónica, con voz firme y autoritaria.
—Si se quedan les caerá una demanda —secunda Artemisa con los ojos encendidos de odio por esa gentuza que nunca merecieron a su amiga.
—¡No puedes correrme, somos familia! —replicó Alicia, con el rostro rojo de furia.
—No me casé con su hijo, gracias a los dioses —respondió Anastasia, implacable—. ¡Fuera de aquí!
La familia y amigos de Anastasia se unieron al coro, empujando a todos los allegados de Dorian fuera del salón.
—¡Esa señora no tiene vergüenza!
—¡Lárguese con su hijo infiel!
—Mi hijo solo cometió un error, Anastasia… —intentó Alicia de nuevo.
—¡Puedo y lo haré, señora Garden! —dijo Anastasia, girándose con porte altivo—. ¡Que tenga bonita tarde!
Y con esa última declaración, Anastasia se alejó, dejando a todos boquiabiertos, mientras su mirada fría y calculadora ya planeaba los siguientes movimientos de su venganza.