"Él no te protegerá para siempre. Nadie puede." Las palabras brillaban en la pantalla del iPhone, letras negras sobre un fondo blanco, frías, impersonales y absolutamente aterradoras. Isabella dejó caer el teléfono sobre el sofá gris como si se quemara. Se puso de pie de un salto. Su corazón, que había estado latiendo con un ritmo sordo y cansado, se disparó, golpeando contra sus costillas como un pájaro atrapado. Miró alrededor del apartamento estéril. Las paredes grises. Los muebles de diseño. La vista espectacular del río, ahora oscura, salpicada de luces distantes. La Jaula Segura Nivel 2. Ya no se sentía segura. Se sintió... expuesto. Observada. Corrió hacia la puerta principal. Comprobó la cerradura. Múltiples pestillos de acero. Sólida. Volvió a la sala. Los ventanales. Vidri

