El video. Granulado. Visión nocturna. El zumbido bajo del audio. Jennifer Lane. Atada a una silla. Amordazada. Sus ojos, enormes en la penumbra verdosa, fijos en la cámara, reflejando un terror tan puro, tan absoluto, que a Isabella se le heló la sangre en las venas. Estaba golpeada. Un corte en la ceja, sangre seca. El labio hinchado. Isabella dio un grito ahogado. Retrocedió del escritorio como si la pantalla le hubiera quemado la cara. Alexander estaba congelado. Petrificado. Sus nudillos blancos sobre el borde del escritorio. Su respiración... se había detenido. El video duró solo quince segundos. Quince segundos de terror silencioso. Y luego, la pantalla se volvió negra. El archivo se cerró. El silencio en el penthouse fue ensordecedor. Roto solo por la respiración agitada de

