Un Hogar en Silencio
Mi padre se volvió una presencia intimidante y sombría en el hogar, con el paso del tiempo observo como mis hermanas mayores se distancian de él y cómo, en su intento de evitar su ira, terminan recibiendo abusos y castigos. Fui testigo de los primeros incidentes, sintiendo miedo e impotencia, pero sin entender completamente lo que ocurría.
—Acaso no sabes cocinar, esto está salado— Papá dice que la comida está salada, pero a mi parecer esta perfecta, amo la comida de Evangeline, ya que ella cocina al igual que mamá.
Cansada de los gritos y los abusos de papá, Evangeline decidió alzar su voz —La cocina está libre, puedes ir tu mismo y hacerla— sentí miedo y mis piernas empezaron a temblar, ella retó a papá y él no dudo en irse encima de ella como una fiera.
Volvió a llevarla a aquella habitación en donde solo se escuchan los golpes y los gritos de mi hermana, tengo miedo y tapo mis oídos para no sentir el dolor de mi hermana, pero Isadora me arrebata mis manos de los oídos.
—Será mejor que termines de comer antes de que papá regrese, eres la más pequeña y te tocará lidiar con este sufrimiento más tiempo— Isadora era la hermana con el carácter más fuerte, ella me dijo esas palabras sin temor, sin dolor.
Yo solo asentí, pero escuchar a Evageline pedir clemencia, ella grita con fuerza que la suelte, pero al parecer papá está haciendo algo que a ella no le gusta y le duele, en silencio terminamos la comida, papá salió nuevamente con Evangeline del brazo y la llevó a su habitación, las cuatro en la mesa nos miramos, ¿Qué estaba sucediendo? En ese instante no lo entendimos, pero pasó poco tiempo para ver cómo papá sacaba a Evangeline de casa con una maleta en mano, todas corrimos al gran ventanal y observamos a un auto oscuro llegar, papá metió a la fuerza a su hermana ahí y luego regresó a la mesa, todas nos sentamos calladas.
—Ahora que su hermana no estará más, la cocina estará a tu mando Isadora— Isadora miró a papá y solo asintió.
Desde ese día las risas y juegos de antes son reemplazados por un silencio tenso, estaría empezando a ver como mis hermanas, una por una, son llevadas fuera de casa por mi padre, sin regresar.
Un día desperté y pude sentir que mi cuerpo estaba cambiando cada día más, ya habían pasado dos años desde que mamá murió, mis pechos empezaron a crecer.
—Vamos Celeste, debes aprender un poco más— Vivienne que ya tenía 16, me estaba enseñando todo lo que no pude aprender con la profesora que iba a casa, mis hermanas iban pasando sus conocimientos de la una a la otra.
—Es que cada día es más difícil—
—Y seguirá siendo, aun tienes mucho por aprender, no sabemos qué pasará en casa, así que debes ser una mujer preparada— mientras nosotras tres estábamos en el salón estudiando, escuchamos los gritos de Isadora en la cocina, con miedo nos levantamos corriendo y fuimos a ver qué sucedía.
Ella había herido a papá con un cuchillo, papá tenía una herida larga en su mejilla, una herida que sangraba cada vez más, como si la historia se repitiera, papá saco a Isadora de la cocina y la llevó a aquel cuarto en donde lastimo a Evangeline, de quien no se supo nada más.
—Vamos, sigamos estudiando— nos dijo Vivienne a Serafina y a mí.
—Tenemos que ayudarla— dije con mucho valor.
—Estas aun pequeña y no entiendes lo que sucede— Isadora quien ya tenía 16 y comprende lo que está sucediendo detrás de esa puerta, sabía que la próxima sería ella, pero no, ella actuaría antes de que eso sucediera.
Los gritos de Isadora eran iguales a los de Evangeline, ellas pedían auxilio, gritaban de dolor y le pedían a papá que parara, pero él no era capaz, aun me faltaba mucho por entender.
Nuevamente se repitió la historia, papá saco a Isadora con una maleta y un auto paso por ella.
Vivienne ese día estaba muy nerviosa, papá le encargó la cocina ahora a ella, Vivienne miro el almanaque, tenían aún hasta cumplir los 18 para escapar.
Yo seguía estudiando en casa, preparándome para ser una mujer grande como mamá, pero él heredar las muñecas y los juguetes de mis hermanas me volvió más inocente de lo que era.
Los días y los meses estuvieron pasando hasta que un día papá llegó con un alto estado de ebriedad, todas nos miramos asustada, pero Vivienne fue quien más tembló.
—Corran y escóndanse bajo las camas—
—No te dejaremos sola hermana— yo aun sentía que podía ayudar con el comportamiento de papá.
—Es hora de irme, cierren la puerta con seguro— fue lo ultimo que escuche de Vivienne, ella corrió para escapar, pensó que lo lograría, con una mochila en su espalda ella salió de casa, pero como un perro rabioso papá la detuvo.
—Será mejor que des la vuelta, papá será generoso contigo— no pudimos escuchar lo que papá le dijo, pero pronto ella estaba gritando, pidiendo auxilio, ahora le tengo mucho miedo a papá, el se a convertido en un monstruo.
Finalmente, luego de años, solo quedamos Serafina y yo.
—¿Qué les hace papá a las chicas en esa habitación? — pregunté con inocencia.
—Es mejor que no lo sepas, mientras no sepas, no sentirás dolor, papá es malo Celeste, no confíes en él— mis hermanas pensaban lo mismo que yo.
—¿Por qué lo hace? —
—Todas lo viviremos, si te das cuenta, él lo hace cuando somos mayor de edad, por eso Vivienne quería escapar antes—
Me coloqué las manos encima de mi boca, cuando me di cuenta de algo, una vez fuimos cinco hermanas y ahora solo somos dos, después de Serafina me tocaría a mí.