5. Su nombre es Greg.

1377 Palabras
—Pensé que la hija de Octavio sería tratada pronto como todas las demás — le dijo Michael a Greg, mientras ambos contaban las ganancias de la noche de la subasta. —Corrección, Michael. Creíste que tu favorita ocuparía el lugar de Yelena. Michael no dijo nada. ¿Qué podría decir? El maldito de Greg tenía razón. Él esperaba que su chica fuera la que más ingresos obtuviera al ser virgen, pero el premio gordo se lo llevó Yelena, la chica del jefe. —Ninguna de las chicas de aquí logrará superar a Yelena en un buen tiempo, así que vete olvidando de obtener mi lugar. Greg sonrió al ver la mirada llena de odio de Michael. Ambos eran peones, pero incluso entre los peones había niveles, y él era el mejor entre todos los demás, el que más ganancias reportaba, y todo gracias a sus chicas, especialmente a su diamante, Hope. Él jamás hubiera imaginado encontrar a una chica como ella a través de las r************* , pero lo hizo. Al principio, la chica se mostraba reacia a dar información personal, pero él era un hábil cazador y supo hacerla caer. No hay nada que les guste más a las chicas que ser cortejadas, y eso hizo que se convirtiera en el hombre más amable y paciente de todo el planeta. Aunque quien terminó por cerrar el cerco en la joven fue su propio padre. Greg Montelviere estalló en ira al enterarse de que ella era la hija de Octavio después de haber invertido más de cinco meses en ella. Sin embargo, al final, la consiguió y no pensaba soltarla fácilmente. No solo le aseguraba mantenerse en la cima con su cuerpo, sino que también le era leal y despertaba la envidia de hombres como Michael. No obstante, esa noche no iba a terminar como siempre para ambos. Greg lo intuyó en el momento en que el silencio a su alrededor se hizo presente de repente. Su compañero notó el cambio de actitud de Greg. —¿Qué ocurre? — le preguntó Michael. La respuesta de Greg fue simple al colocar su dedo sobre sus labios, indicando a su colega con ese gesto que guardara silencio, mientras ambos tomaban sus armas. Los agentes enviados por Ikal se encontraban en ese momento rodeando la bodega donde se llevó a cabo la subasta. A través de la radio, los agentes se informaban mutuamente sobre la situación. Entraron como fantasmas y se movieron como sombras; los guardias de esa noche por parte de los traficantes no tuvieron ninguna oportunidad. Llegaron hasta las jaulas y bodegas donde se encontraba la mercancía. Lo que algunos de los agentes más jóvenes vieron en esas bodegas fue algo que jamás olvidarían. En medio de las sucias bodegas se encontraban las jóvenes que eran descartadas, aquellas que vendían a los vagabundos. Estaban pálidas, demacradas; algunas tenían heridas ya infectadas, y eso no era lo peor. Lo peor era que si alguna de ellas moría, no importaba, ya que todas las demás veían cómo el cuerpo de esa compañera se descomponía, hinchándose hasta a veces explotar, mostrándoles un final triste y cruel. Ni siquiera se inmutaron cuando las lámparas de los agentes se posaron en sus rostros. Todo lo contrario, fueron los agentes quienes se quedaron sorprendidos al ver sus miradas vacías, carentes de vida o esperanza. —Señor, ¿cómo es posible que un humano le haga este tipo de cosas a otro humano? — preguntó uno de los nuevos agentes a su superior antes de vomitar al ver a una de las jóvenes comiendo su propio excremento. El superior no supo qué responderle. Él tampoco sabía la respuesta, a pesar de los años que tenía en servicio. Lo único que tenía claro era que tenían que hacerle pagar a todos los desgraciados que capturarían esa noche y no dejar escapar a ninguno. Solo así conseguirían justicia para esas mujeres. En ese momento, Greg se encontraba maldiciendo mientras trataba de salvar su trasero. Mientras urdía un plan para escapar, también intentaba averiguar quién lo había traicionado. ¿Habría sido Michael? Michael se vio de pronto acorralado, con la pistola de Greg apuntándole a la cabeza sin previo aviso. —¿Pero qué te ocurre? — preguntó Michael con voz chillona a Greg. —Eso mismo quiero saber, cómo es que esos malditos cerdos se encuentran aquí. —Yo, qué sé. Estoy igual que tú — Michael seguía temblando al ver que Greg no quitaba el cañón de su arma de su cabeza. —¡Mierda! — maldijo Greg, retirando el cañón de su arma de la cabeza de Michael, quien se aferró a uno de los anaqueles de la bodega donde se encontraban — Una vez encuentre al bastardo traidor o al causante de esto, lo haré sufrir una muerte agónica. Michael no dudaba de las palabras de Greg. El maldito era un monstruo cuando se trataba de castigar o deshacerse de sus víctimas. —Dime, ¿cómo haremos para salir de aquí? Greg no pudo evitar demostrar el desagrado que le provocaba Michael. Ese hombre no era más que una rata a sus ojos, pero tal vez le vendría bien que Michael estuviera con él. Siempre era bueno tener algo que sacrificar y él no dudaría en usar a Michael como un escudo humano si era necesario. —¡Ayúdame! — le ordenó Greg a Michael. Ambos empezaron a quitar las cajas que había en el piso y que escondían una trampilla. —Sabía que tenías un plan de escape — mencionó Michael con alegría al ver el túnel. —Por supuesto que siempre tengo un plan de escape — dijo Greg, tomando un par de lonas que usó como silenciador, matando a Michael. El pobre infeliz ni siquiera lo vio venir, cayendo de rodillas a un lado de la trampilla. Como pudo, Greg se las ingenió para meterse en ella y dejar el cuerpo de Michael sobre la trampilla. Cuando fueran a levantar el cuerpo, él ya estaría muy lejos de ese lugar. No obstante, la cabeza de quien se hubiera atrevido a tenderle esa trampa pagaría caro. Yelena se encontraba disfrutando de la cena en esos momentos. Habría creído que después del beso que ambos habían compartido, él se alejaría de ella; no obstante, se encontraba allí con ella. Aunque Ikal no había respondido a su pregunta de forma directa, el beso entre ambos fue una respuesta bastante clara, dejándole claro a Yelena que no le era indiferente a su hermanastro. —¿Ocurre algo? — le preguntó Ikal. —No, no ocurre nada — respondió ella, tomando una fresa. —¿Estás segura? —Sí lo estoy — respondió ella, soltando un suspiro — es solo que... —¿Sigues preocupada por ese amigo? Ella asintió a la pregunta hecha por Ikal. Él, por su parte, trataba de sonreír y no mostrar la incomodidad que le causaba que Yelena se preocupara por alguien más. —Si tan solo pudiera saber que él está bien… —dijo Yelena, con expresión suave y algo compungida. Si algo había aprendido en ese año en ese infierno, era a sobrevivir, y la única manera de hacerlo era a través de la manipulación de los hombres que la compraban. Aunque Ikal no merecía eso de su parte, era la única manera de poder ayudar a Greg. Ikal tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para que no se mostrara su descontento con la petición de ella. —Está bien, te ayudaré a saber qué ha ocurrido con él. Solo dame el nombre, así podré decirle a mis compañeros que no lo traten tan mal. Yelena sonrió al escuchar lo dicho por Ikal, complacida por sus palabras. —El nombre de mi amigo es Greg Montelviere. Él es el único que me ha ayudado y me ha dado el valor para soportar todo este tiempo en el infierno. No sé qué hubiera hecho de no ser por él. Mientras Ikal procesaba la información, una sombra cruzó su rostro. La mención del nombre "Greg Montelviere" encendió la ira en el interior del hermanastro de Yelena. ¿Acaso ella no sabía que ese hombre era el responsable de que ella hubiera estado ahí metida en ese infierno?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR