6. Amelie

1470 Palabras
Ikal apretó sus puños al escuchar el nombre de la persona por la cual Yelena estaba preocupada. —No puedes estar hablando en serio— dijo Ikal. El tono de su voz de su hermanastro era seco y lleno de ira, lo que hizo que ella se pusiera en guardia. —Por supuesto que estoy hablando en serio. Greg ha sido el único que me ha ayudado todo este tiempo — fue la respuesta de ella hacia él. El agente De Luca llevó su mano derecha hasta el puente de su nariz, apretando suavemente este. Tenía que tranquilizarse. —Yelena, no sabes lo que dices, ese hombre es un monstruo. Si tú supieras… Él ni siquiera terminó de hablar cuando su hermana surcó con su mano derecha su rostro en una cachetada que se escuchó en toda la habitación. —No voy a permitir que hables así de la única persona que me salvó todo este tiempo, sobre todo tú, quien me dejó a mi suerte. Dime, ¿dónde estabas cuando esos hombres llegaron por mí a la casa y me sacaron para llevarme a ese infierno? ¿Dónde? Ikal permaneció en silencio. No porque no supiera qué responder. Si no porque se encontraba tan enfadado que no encontraba las palabras adecuadas para responder sus preguntas. El silencio se amplió un par de minutos más, con ambos enfrentados, sosteniéndose la mirada. Hasta que por fin Ikal rompió el silencio que se había formado. —No importa lo que tú creas que ese hombre hizo por ti. Lo que he dicho no es más que la verdad. Greg Montelviere es el jefe de los hombres que te tenían en ese infierno. —Estás equivocado — respondió ella, acortando la distancia entre ellos —, él al igual que yo estaba ahí a la fuerza. —Realmente quisiera estar equivocado, pero no los estoy y tengo pruebas que respaldan mis palabras. —No te creo, y no lo voy a hacer. Ahora por favor déjame a solas — le pidió ella. Él no dijo más nada y caminó hacia la puerta dejándola a solas. A medio camino se encontró con Amelie, una consultora civil y también una sobreviviente de la trata de personas de los hombres de Greg. Ahora ella se encargaba de ayudar a quienes fueron igual que ella víctimas del tráfico y de abusos, brindándoles asesoría legal y ayudándolos a abrirse contándoles su experiencia. Demostrándoles que todavía había vida y esperanzas pese a lo que habían tenido que vivir. —Agente De Luca, veo que ya ha hablado con su hermana, pese a mi recomendación de no hacerlo— le dijo Amelie Ikal no le respondió y ella no insistió en obtener una respuesta. La marca de una mano en el rostro del agente era clara respuesta de lo que había ocurrido ahí dentro. —Espero que a partir de ahora tome en cuenta mis sugerencias — fue todo lo que ella dijo volviendo a caminar y dirigirse hacia la habitación de dónde recién había salido el agente. —No creo que la escuché — dijo Ikal Amelie pareció no escucharlo o mejor dicho no le prestó atención. No importaba que la joven en la habitación no deseara verla, ella tenía que hacerlo. Ver a Yelena De Luca era enfrentarse a una parte de su pasado. Una parte que todavía le costaba asimilar. Además, ambas tenían algo en común o mejor dicho, ambas habían caído en el encanto de Greg Montelviere y también ambas habían sido sus joyas más preciadas. Mientras caminaba, Amelie no pudo evitar evocar su vida 14 años atrás en el año 2010, cuando ella apenas tenía 14 años. Ella, al igual que la mayoría de las chicas de su edad, tenía la fascinación por las recién creadas r************* . Sus padres le habían acabado de comprar su primer celular y ella no había dudado en descargar a su móvil una de esas aplicaciones y crearse un perfil, así fue como conoció a Greg, un chico que había conocido en un concierto de rock el mes pasado. Ambos habían quedado de verse en una cafetería, por lo que ella se encontraba caminando por las calles de Milán feliz y nerviosa por volver a verlo. Después de 14 años, todavía podía recordar ese día como si hubiera sido apenas un par de días atrás. Ese día ella recordaba que llevaba una mochila con algunos cambios de ropa, había escapado de casa esa noche tras una pelea tonta con sus padres, ya que le habían negado el ir a una fiesta y Gregory le dijo que podía ayudarla a encontrar trabajo y donde dormir, que ya nunca más dependería de sus padres y que no podrían mandar sobre su vida. Ahora se daba cuenta de lo tonta que había sido. Sin embargo, en ese momento su yo adolescente estaba feliz. Tanto que no dudó en tomar su móvil y leer el mensaje que él le había mandado al móvil. «Estoy frente a ti al cruzar la calle.» Ella había levantado su mirada color esmeralda que contrastaba con su pálida piel y su cabello oscuro y la cual se había iluminado aún más al ver a Greg, los autos eran pocos por lo que casi corrió al encuentro de quien ella creía que representaba su libertad. —Estoy lista Gregory, vamos a ser felices tú y yo. Greg le sonrió regalándole un chocolate que había llevado para ella, su favorito, mientras se alejaban del bullicio. Los recuerdos de Amelie terminaron ahí, justo en el momento que llevó su mano hasta la puerta del cuarto de Yelena De Luca, tocándola ligeramente con sus nudillos. —Será mejor que te marches Ikal. No quiero escuchar nada de lo que vayas a decirme— grito Yelena desde el interior de la habitación. —No soy el agente De Luca, mi nombre es Amelie y he venido a ver cómo estás y a hablar contigo — respondió Amelie, esperando por la respuesta de la joven. No tuvo que esperar mucho, ya que tras un par de minutos empezó a escuchar pasos y el sonido de muebles siendo arrastrados y que se encontraban cerca de la puerta. Algo que para Amelie era normal, puesto que también lo había hecho por un largo tiempo, creyendo que esos muebles la mantendrían a salvo lejos de las personas del exterior. Pasaron cinco minutos en total antes de que la puerta se medió abriera, dejándole ver por fin a Amelie el rostro de la joven De Luca. —¿Podría pasar?— le pregunto Amelie. —¿Para qué quieres pasar? —Solo deseo saber que estás bien. —Lo estoy, como puedes verlo. Además, no quiero a nadie que haya sido enviado por el imbécil de mi hermano. Amelie no pudo evitar reír al escuchar cómo la joven se refería al agente Ikal. —Descuida, no he sido enviada por él. Yelena se le quedó viendo a la mujer de arriba abajo una vez más, decidiendo si dejarla entrar o no. —Está bien, puedes entrar y hacer lo que tengas que hacer. Amelie asintió con una leve sonrisa en el rostro entrando a la habitación. Cómo lo había imaginado, todos los muebles pesados se encontraban cerca de la puerta. Un completo caos era lo que reinaba en esa habitación; sin embargo, para Amelie era algo normal. —Perdón, por el alboroto…— se empezó a disculpar Yelena. —No te preocupes, estabas buscando la manera de sentirte segura. Que la puerta de la habitación donde te encuentras se abra significa que no estás a salvo, que pronto serás obligada a hacer algo que no quieres hacer y no importa lo mucho que luches o grites lo harás — dijo Amelie sin ver a la joven. Yelena se dio cuenta de que la mujer no estaba hablando con ella, más bien era como si estuviera encerrada en algún recuerdo. ¿Acaso ella también era una de las mujeres que se encontraba encerrada con ella? —Dime, ¿tú también eras una de las mujeres que estaban conmigo?— le pregunto Yelena Amelie al escucharla por fin salió de su ensimismamiento, fijando su mirada verde en la azul de Yelena. —No, pero lo estuve y me costó mucho volver a confiar en la gente y sobre todo dejarme ayudar. Estaba tan acostumbrada al trato que me daban que no creía merecer otra clase de trato. —Es difícil, crees que puedas volver a ser alguien normal después de ser usado como un contenedor humano de fluidos y recibir las peores bajezas. Solo una persona me trató como un humano y ese fue Greg. Ambas se quedaron en silencio. Para Amelie estar frente a Yelena, era como verse a un espejo, sobre todo al escuchar el nombre de Greg.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR