—Entiendo que estés enojada con el agente De Luca — mencionó de pronto Amelie, rompiendo el silencio.
—No es que esté enojada, de cierta manera comprendo que él no entienda mis motivos para estar preocupada por Greg.
—Cuéntame cuáles son esos motivos que te hacen tener ese tipo de sentimientos sobre esa persona — dijo Amelie, evitando decir el nombre de Greg.
Yelena soltó un suspiro, dejando de ver a la mujer frente a ella y fijando la mirada en algún punto específico de la habitación.
—Yo lo conocí antes de ser llevada a ese lugar. Era un chico muy amable, muy atento; se esforzaba por hacerme feliz y, sobre todo, me entendía. Él no era como yo, una chica rica. Era todo lo contrario; desde joven ha tenido que valerse por sí mismo, y yo lo admiraba por eso. A diferencia de todos los hombres que había conocido, él no trató de propasarse conmigo.
Mientras Amelie la escuchaba, ella misma se iba perdiendo en sus propios recuerdos.
Greg era un hombre encantador, el hombre perfecto sin ningún tipo de defectos. Era experto en conocerte y en hacerte saber lo especial que eras; eso lo sabía muy bien Amelie.
—Con él era como sentirme una princesa de cuento de hadas — mencionó Yelena.
—Comprendo — fue lo único que respondió Amelie, apretando su falda con las manos, hecho del cual Yelena no se dio cuenta.
—Yo lo conocí un par de meses antes de que mi padre lo perdiera todo y unos hombres vestidos de n***o llegaran a la casa, entregándolo como si fuera una mercancía. Me encerraron en un carro oscuro y lleno de suciedad por varios días, hasta que la puerta se abrió y, al igual que a mí, empujaron a otra persona para que se hiciera cargo de mí. A esa persona más le valía mantenerme tranquila y, sobre todo, cooperativa, si no quería él también sufrir las consecuencias.
La consultora no tuvo que ser una genio para darse cuenta de que la persona de la que hablaba Yelena no podía ser otra que Gregory.
—¿Qué fue lo que pasó cuando te diste cuenta de que esa persona era Greg?
El silencio volvió a hacerse presente entre ambas. Yelena llevó el pulgar de su mano derecha hasta su boca, mordiendo la punta de este.
Amelie seguía observándola, sabiendo lo difícil que le sería a Yelena hablar.
Pasaron veinte minutos en completo silencio, hasta que Yelena lo rompió, soltando un largo suspiro.
—Por supuesto que no lo podía creer. En ese momento me sentí la persona más idiota por haber creído en alguien como él. Hasta que me explicó.
—Él, al igual que tú, se encontraban ahí a la fuerza — respondió Amelie.
Yelena asintió.
Amelie sintió pena y compasión, no solo por la joven frente a ella sino también por ella misma. Por lo que pasaría cuando se diera cuenta de que había sido usada por el hombre que ella creía su salvador.
El asco que sentiría y el odio que tendría por haberse dejado utilizar por alguien como Greg; sin embargo, ninguna de las dos podría jamás escapar de un hombre como lo era Gregory Montelviere.
Ni ella ni ninguna otra mujer con la que él se topara.
—Sé que estás aquí para hablar conmigo y aunque dijiste que no venías de parte de mi hermano, tu trabajo es hacer que yo coopere, ¿no es así?
En el rostro de Amelie se formó una suave sonrisa al darse cuenta de que la joven era astuta.
—Sí, en eso tienes razón.
—Cooperaré en todo lo que me pidan si me ayudas a obtener un celular.
Amelie se quedó sorprendida ante la petición de la joven.
—No, no puedo hacerlo — le respondió Amelie.
—Entonces hemos terminado — dijo Yelena, levantándose de la orilla de la cama donde ambas se encontraban conversando y caminando hasta la puerta —por favor, márchate.
—Está bien, me iré — le respondió Amelie, caminando hacia la habitación. Soltó un suspiro pesado tras cerrarse la puerta tras su espalda.
A unos metros de la habitación de Yelena se encontraba Ikal, a la espera de la consultora.
Amelie negó suavemente antes de llegar hasta donde se encontraba el agente.
—Lo siento — se disculpó ella nada más llegar frente al agente.
—¿Ella se niega a ayudar?
—No es que se niegue, mejor dicho, será imposible hacerle ver que el hombre que ella cree su salvador es el responsable del infierno que ella vivió.
Escuchar eso hizo que Ikal apretara una de sus manos en un puño al darse cuenta del grado en el que ese hombre le había clavado sus garras a su pequeña hermana.
—Gracias por hablar con ella — le dijo a la consultora.
—Es parte de mi trabajo, así que no agradezcas. Me retiro — dijo ella dejándolo solo.
Él volvió su mirada hacia la puerta, frenando el deseo que tenía de ir hacia donde se encontraba su hermana.
“Debes controlarte”, se dijo, dejándose caer a un lado de la puerta. Se quedaría a cuidar de su sueño. No le importaba que ella no quisiera verlo en esos momentos.
Yelena no podía dejar de sentirse intranquila, por lo que con mano temblorosa tomó el pomo de la puerta, girándolo. El miedo se esparció por su cuerpo rápidamente al imaginarse que afuera de la puerta se encontraba alguno de los guardias que siempre se encargaban de mantener a las chicas VIP como ella en sus habitaciones para después divertirse cuando alguna de ellas se atrevía a tratar de escapar.
Se quedó quieta, sin atreverse a abrir la puerta, a la espera de cualquier cosa. No tuvo que esperar mucho antes de que escuchara sonidos provenientes del otro lado. Yelena se aferró con más fuerza al pomo de la puerta, sobre todo al sentir cómo era accionado del otro lado. No dejaría que se abriera; no dejaría entrar a nadie.
Ikal notó de inmediato la resistencia en el pomo de la puerta. ¿Acaso Yelena se encontraba también tratando de abrirla?
—Yel, soy yo — le dijo Ikal.
Esas palabras fueron suficientes para que ella dejara de sostener la puerta y permitiera que Ikal la abriera, entrando a la habitación que se encontraba a oscuras.
La habitación se sumió en la oscuridad, solo interrumpida por la débil luz que se filtraba por la rendija de la puerta entreabierta. Yelena no tardó en correr hacia él, sus brazos se aferraron desesperadamente alrededor de su cuello. Ikal respondió de inmediato, rodeándola con sus fuertes brazos, brindándole una sensación de seguridad que había anhelado durante tanto tiempo.
—¡Ikal! Pensé que seguirías enojado conmigo—, murmuró Yelena, su voz temblando con una mezcla de alivio y miedo.
Ikal la acarició suavemente en un intento de calmarla.
—Estoy aquí, Yel. Siempre estaré aquí para protegerte.
La joven se aferró más fuerte, como si temiera que él pudiera desvanecerse si soltaba el agarre.
—Me asusté mucho. Pensé que... pensé que..."
—Shh, está bien ahora. Estás a salvo. No dejaremos que nadie te lastime—, susurró Ikal, besando con ternura su frente.
Yelena levantó la cabeza para mirarlo directamente a los ojos, sus ojos brillaban con gratitud y afecto.
—Gracias por venir por mí, Ikal. De no ser por ti seguiría en ese horrible lugar..
Él sonrió tiernamente —. No hay nada de qué preocuparse. Siempre estaré a tu lado, ¿lo sabes, verdad?
Asintiendo con una sonrisa, Yelena expresó su confianza —. Lo sé. Eres mi héroe, Ikal.
Ikal rió suavemente —. No soy ningún héroe, solo estoy cumpliendo con lo que te prometí una vez ¿Recuerdas?. Ahora, ¿qué tal si nos alejamos de todo esto por un momento? Necesitas descansar y recuperarte.
Mirándolo a los ojos, Yelena asintió —. Sí, necesito olvidar todo esto por un rato. Pero solo si prometes que no te irás. Sé que hace rato me porte muy mal contigo…
Ikal la sostuvo con ternura, haciendo que guardara silencio al alzarla en sus brazos —. Shhh olvida lo que paso. Te lo prometo, Yel. Estaré aquí contigo cuidando de ti y de tu sueño. Ella suspiró dejando que el cansancio la venciera.
Ver a su hermana descansar hizo que Ikal se relajara. Una hora después Yelena se removía inquietas entre sus brazos.
—Yel, Yel — la llamaba él tratando de despertarla. Sin ningún resultado.