ZACHARY.
-¿A que estas jugando?.- Asya sale echando humo a mi lado, la terraza es lo mejor de esta casa, tiene una vista a la ciudad y en la negrura de la noche pareciera que estamos flotando, un barco en medio de la nada, las flores secas le dan un aspecto lúgubre pero esta bien, solo lo hace mas especial.
Le doy una calada mas a mi cigarrillo ignorándola.
-¿De qué hablas niña?.- me recuerdo a mi mismo lo que es, tal vez si me lo repito constantemente no pensare en ella de manera incorrecta.
-¿Qué fue eso en la cena?
Una calada mas y siento que mi pecho se aprieta, el mini hijo de puta estaba tocándola, lo vi haciéndolo, su mano derecha estaba demasiado cerca del cuerpo de Asya, ¿Cómo se atreve a tocarla cuando su padre esta ahí mismo? El rostro que puso cuando lo descubrí, el miedo que sintió es un pequeño cobarde, no la merece.
-Una broma.- suelto el humo y ella lo aleja con la mano, parece que le desagrada.
-No fue gracioso.
-¿Ah no? a mí me pareció que sí.- suelto el humo en su rostro esta vez y da un paso atrás, me burlo de ella, se enoja con facilidad.
-¿Crees que no se lo diré verdad?
Mentiría si dijera que sus amenazas no me asustan, y soy un cabrón por no querer que mi amigo se entere, pero no la dejare ganar.
-¿Lo harás?
-Tal vez.- cruza los brazos en el pecho, mira mi cigarrillo.
-Hazlo, dile ahora.
-¿Tienes que ser tan idiota? Eres su amigo, no puedes ser mi enemigo.
-No soy tu enemigo Darling, si lo fuera estarías arrodillada suplicando por mi perdón.
Rueda los ojos, no es mentira, si la tomara como enemiga no le gustaría.
-Eso es un sí, tienes que ser un grandísimo idiota.- la niña no deja de observar el humo que sale de mi boca.
Veo a Bradley en el jardín, lleva un poco le leña a la cabaña trasera, esta pensando en encender la fogata.
-Lo sabes y todavía estas aquí.
-¿Puedo probar?.- suelta con las mejillas enrojecidas.
La miro, no quiere estar aquí pero tampoco quiere irse, yo debería enviarla lejos. Mientras no la toque todo estará bien.
-¿Nunca le robaste uno a tu padre?
Me impresiona siendo honesto, su padre y yo, a su edad estábamos metidos en mas problemas de los que podíamos contar.
-No fuma.
-¿Lo dejo?
-Eso creo.
-Dios, Brad…- me froto los ojos, asiento y ella se acerca estirando la mano en mi dirección, le doy una ultima calada al tabaco.- Ven aquí.
La duda baila en sus ojos dorados, termina rindiéndose, da un par de pasos en mi dirección, sostengo el cigarro entre mis dedos, se recarga en el filo de la barandilla de concreto.
-Abre ligeramente los labios.- frunce el ceño e intenta arrebatarme el cigarrillo pero lo sostengo sobre su cabeza, termina aceptándolo.
Lo coloco entre sus labios con mis dedos pegados a su piel, presionando un poco mas de lo necesario, la sangre corre a mi polla cuando siento que empuja los labios en un suave beso.
-Ahora, inhala como si fuera una pajita, solo un poco.
Obedece y sus mejillas se ensanchan manteniendo el humo ahí, parece una ardilla perdida, me rio un poco, jalo el aire entre mis dientes mostrándole como se hace, sus ojos se mantienen sobre los míos, desafiándome, quiere parecer dura, difícil de manejar.
-Otra vez.- suelta el humo y lo intenta de nuevo, cuando sus pulmones de llenan lo suelta empujando mi pecho, se esta ahogando, toma su cuello con ambas manos, agachándose.
-Mierda, joder.
Tuerzo los labios en una sonrisa y continúo fumando.
-Es horrible.- continua cuando recupera la respiración.
Lo es, simplemente te acostumbras al sabor, además me da una sensación de relajación, mis músculos por un momento no se sienten pesados, solo la ignoro. No dice nada mas da un paso a mi lado, he estado ahuyentándola, pero ahora que lo hará, no quiero dejarla.
-¿Qué te gusta hornear?
Levanta una ceja, piensa en alguno de sus comentarios inteligentes que me provocan ganas de estrangularla, creo que se rinde a la mitad.
-Todo, galletas, madalenas, croissants, éclair, hogaza.
Mmmh.
-¿Horneaste la hogaza de la cena?
-Si y también los postres que comiste ayer.
Esta vez me sorprendo, saben deliciosos, no acostumbro a comer nada dulce, pero puedo decir cuando un postre esta bien hecho y esos trozos de pan fueron lo mejor que he comido en toda mi vida. Simplemente no lo admitiré frente a ella.
-¿Los envenenaste?
Suelta una risa ahogada.
-Definitivamente no, pero considerare hacerlo de ahora en adelante.
Piso la colilla del cigarrillo con mi zapato y me doy la vuelta.
-Sera una muerte dulce entonces.- mi mano levanta su barbilla dejando una suave caricia, algo inocente que saciara mi hambre de ella esta noche.
Continuo mi camino bajo las escaleras y salgo al patio, Bradley lucha por encender el fuego.
-¿Necesitas ayuda?.- me acerco y tomo la lata de gas, presiono para que salga el fuego y la fogata se enciende en un par de minutos.
El fuego crece, Bradley sale de la pequeña cabaña con un par de mantas y cojines que coloca en los troncos hechos especialmente para sentarse, en uno de ellos hay un montón de bolsas de bombones, tabletas de chocolate y galletas Graham, no hay que ser un genio para saber que el postre esta noche serán smores.
Liv y Asya salen de la casa envueltas en sus ligeros pijamas de lino, se empujan una a la otra y se sientan junto a su padre, son una familia increíble, pese a que Ale murió hace tanto tiempo todavía no parece que estén fracturados de ninguna manera.
Brad me obliga a calentar los malvaviscos mientras termina de armar las galletas con el chocolate, cuando finalmente se derriten me lo arrebata y se lo da a Liv.
-¿Cuándo fue la ultima vez que fuimos de campamento?.- dice observando el fuego.
-Antes de que Liv naciera, Odette, Ale, tú y yo nos quedamos en medio de la lluvia, la casa de campaña se inundo y tuvimos que dormir en la hierba.
Bradley se ríe, pero esa tarde estuvimos asustados como la mierda.
-¿Qué hay de hacerlo de nuevo? Sin la lluvia. Mis chicas nunca han acampado y no quiero que Liv se marche sin experimentarlo.
Miro a Asya quien está saboreando el Smore que su padre le acaba de dar como si jamás hubiese comido uno, le da un mordisco quemándose la lengua.
-Tranquila rayo, hay un montón de esos, puedes comer despacio.- digo poniendo otro malvavisco en el palo de madera.
-Son sus favoritos, siempre termina quemándose.
-Va a quedarse sin papilas gustativas.- bromea Liv.
Asya ignora los comentarios y termina el smore chupándose los dedos, me obligo a mirar a otro lado, no sabía que un acto tan inocente podía joderme al punto de hacer crecer mi polla.
Pero de nuevo, ella no es inocente.
Y yo soy un idiota por creer en ella.