Dianne
—Danielle, ¿Sí sabes lo que debes hacer?— pregunta mi hermana como por quita vez. La aludida sólo la observa con un semblante indescriptible.
Danielle no habla desde que apareció en el bosque, su actitud es bastante extraña.
El cielo todavía está arropado con el manto natural de azul marino, son las cuatro y cinco de la mañana, estamos preparando la ridícula boda, lo hago sólo porque al parecer, así dejarán su estupidez.
—Danielle, vas a llevar este cojín cuando Harry te haga la seña— insiste Margo—. Ellos agarrarán los anillos y tú te pondrás a un lado.
Mi gemela deja de insistir y sube al cuarto donde se está preparando la supuesta novia. Dios mío, jamás en mi vida había hecho algo tan ridículo, y eso que he empujado en varias ocasiones puertas que claramente decían "Hale".
Calíope dijo ayer que la tal Analisse estaba esperando a que todos estuvieramos juntos para vengarse, pero entonces ¿Por qué quiere que hagamos su boda? ¿No que nos iba a matar? Esto cada vez es más incoherente. La medium esa loca también dijo que no me han asustado porque una Lilith está preparando algo mejor para mí. Agh, estúpida.
—¡Dianne!— mi hermana me llama desde arriba.
—¿Qué?
—Revisa otra vez que los sientos estén bien, y el altar, please.
Ruedo los ojos a pesar de que no me ve. No voy a revisar un coño, solamente son troncos que hacen las veces de asientos para los invitados ficticios. Ayer subimos al ático y encontramos unos alambres, cintas, telas y otras vainas locas. Abigail y yo hicimos una especie de arco con cintas y hojas para los "Novios", también encontramos ahí una especie de libreta vieja, ahora Kaller y Harry andan obsesionados con esa mierda.
Miro el celular de Harry, logramos cargarlo ayer en la casa de la medium, el reloj marca las cinco menos diez. Subo a la segunda planta y toco las puertas de los dos únicos cuartos habitados; aviso que ya van a ser las seis y todos salen corriendo como si sus vidas dependieran de ello, bueno, supuestamente sí depende de ello.
Cuando bajo de regreso a la primera planta, Harry ya está en el altar improvisado con un vestuario semejante al de algún sacerdote, y una biblia sobre las palmas de sus manos. Me siento sobre uno de los troncos, una voz fina y muy aguda comienza a proyectarse detrás de mí, me doy media vuelta para encontrarme con Kaller cantando una canción a la virgen María con los ojos cerrados y avanzando con una cesta mientras esparce pétalos de cayena por el suelo.
Danielle hace acto de presencia con una sábana doblada entre las manos, sobre ella, dos anillos que encontramos afortunadamente en el ático. La rubia con semblante perdido se queda a un lado del altar.
Mi gemela sale de la cabaña al cabo de unos segundos con el vestido blanco, representando a la presunta novia-muerta-Analisse. Ella toma las manos de Kaller mientras Harry comienza la misa más inapropiada de su vida, anoche dijo que se sentía impuro por lo que haría la mañana de hoy, que aceptaría quemarse en el infierno por semejante burla a su señor.
Danielle comienza a reírse más fuerte conforme Harry imparte la misa, su risa es anormal y un tanto... Macabra. Harry se le ha quedado mirando muchas veces los últimos tres días, presiento que sabe el por qué de su comportamiento extraño y prefiere no contarnoslo.
—... Analisse Lovegood —Harry continúa dando la misa, ignorando adrede las risas macabras de Danielle—, ¿Aceptas a Franklin Miller como tu legítimo esposo para amarlo, respetarlo, y cuidarlo, hasta que la muerte los separe?
Mi hermana le sonríe a Kaller, quien hace el papel del presunto Franklin, pronuncia un sí y noto que Danielle pronuncia susurra cosas extrañas mientras se acerca a entregar los anillos.
De pronto, el cielo empieza a esclarecerse y el sol irradia por primera vez desde que llegamos aquí, quiero creer que son solo coincidencias, pero se me está dificultando.
†
Nos encontramos jugando cartas en el piso de la sala, Kaller es una buena pareja para jugar, Abigail no deja de quejarse porque mi hermana y ella no nos han podido ganar ninguna. Harry optó por leer un libro que sacó de no sé donde, porque dice que los juegos de mesa son creaciones de Lucifér. Danielle pasa las yemas de sus dedos por las paredes como si fuese lo más divertido del mundo.
—¡Ay no!— Margo se levanta al ver que me toca barajear las cartas— No juego más, que fastidio.
—Sí, yo tampoco— la secunda Abigail, tirándose sobre el sofá que cruge bajo su trasero.
—¿Se te ocurre algo más interesante para pasar el rato?— inquiero.
Ella se hace la sorda, y, cuando estoy a punto de repartir cartas para Kaller y para mí, el aludido se sienta junto a Harry y también me ignora.
Genial.
—Se supone que ya la muerta no anda penando, ¿por qué seguimos aquí? Tampoco son unas vacaciones de ensueño —Comenta Margo, con la cabeza apollada en su puño.
—Primero tenemos que averiguar qué ocurre con Danielle —le contesta Harry, en un tono obvio.
Me giro para ver a la susodicha, y me alarmo un poco al no encontrarla trazando figuras extrañas en las paredes, como estaba cuando le eché la última ojeada.
—¿Dónde está?— cuestiono, dándome por vencida al dejar las cartas a un lado del suelo.
—De seguro trepando un arbol para cazar un águila —contesta Kaller, restándole importancia.
—O un hombre volador —sigue Abi.
—No, acuerdate que Coldrick le quitó lo puta y se lo cambió por un trastorno demoníaco-ezquisofrénico —continúa Kaller.
—Alguien debería ir a buscarla —digo.
—¿Por qué no vas tú? —inquiere Abigail.
—No quiero ir sola —excuso. La verdad, ya me da mala espina hasta levantarme a beber agua.
—Agh, yo voy —mi gemela se levanta mientras rueda los ojos y por unos pocos minutos la veo hacerse pequeña por el camino del bosque.
Me lanzo en el suelo con los brazos extendidos, Abigail me imita mientras tararea una canción famosa en alguna estación de radio.
—¿No hay más nada para jugar? —pregunta Harry, cerrando el libro.
—Ya hemos jugado de todo —le respondo sin despegar la vista del techo.
—No hemos jugado Damas Chinas —recuerda Kaller —. Abi, ¿me acompañas a buscarlas? Es que de paso hay un espejo y el trauma queda —suelta un escalofrío que no logro descifrar si fue fingido.
—Que ladilla —es lo que dice la susodicha sin mover un solo dedo.
—La pereza es un pecado —suelta don Sacerdote.
Ruedo los ojos y suspiro de mala gana.
—Danielle está poseída por un aserejé, Kaller le tiene miedo a los espejos porque le aparecen mujeres con cachos, Harry cree que por haber casado a alguien ya puede soltar reprimendas a todo el mundo, mi hermana está jugando a las escondidas con la loca, y soñando con premoniciones inequívocas, para completar— me incorporo, recostándome de las piernas de Kaller—. Tengo una idea, el primero que se suicide, pierde.
—¿Por fin no sabes de qué es el diario que encontramos en el ático? —Kaller cambia el sesgo de la conversación al dirigirse a Harry.
—No.
—Pues vamos a ver.
—Deja quieto lo que está quieto— asevera Harry.
—Ay vamos, tampoco es que haya mucho qué hacer— apostaría a que rodó los ojos.
—Sí, vamos a ver— digo y me incorporo.
—Dos contra uno— Kaller me hace una seña para que lo acompañe y subimos a su habitación, donde está el libro.
—¿Qué idioma es?— arrugo las cejas al ver el título tan extraño.
—No sé, vamos a preguntarle al Eddy Murph— contesta y me contagia algo de su humor.
Bajamos las escaleras hacia la sala y le entregamos el libro a Harry, él nos dice que el título está en Arameo, pero que el contenido del libro, aparentemente, es latín.
—¿Sabes traducirlo?— inquiero, lanzándome sobre el sofá viejo.
—Sí, pero la caligrafía es una catástrofe. Tardaría al menos cinco horas en descifrar algunas páginas.
—Ni que fueran geroglíficos— resopla Kaller, mordiendo una manzana que sacó de no sé donde.
—¿Tú sabes hablar latín?— Harry le arquea una ceja.
—¿Y tú sabes curar niños?— contraataca el otro.
—A ver, ni al caso— interrumpo su absurdo inicio de mini-altercado—. Para estar en un idioma poco conocido hoy en día, y guardado en un ático, en una caja individual como si fuese una de las reliquias de la muerte, ha de tener algunq importancia, ¿no? Vamos a dejar que intente traducir lo que dice y vayamos a ver si conseguimos a la odiota de Danielle.
—De seguro, estará listo para la madrugada— asegura Harry y levanta la mirada hacia mí—. No está ni la mitad llena, son sólo aproximadamente diez páginas.
—¿Y qué dice el título por fin?— inquiere Kaller, de repente más interesado.
—Maldito por una súcubo— contesta Harry, quien hace una mueca al oírlo en voz alta—. Escrito por un tal Elauterio Brownbear. Bien, intentaré traducirlo lo más pronto posible, tengo un leve presentimiento de que podría ayudarnos en algo.
—¿Como qué?— cuestiono.
—No sé, pero en algo— insiste.
—Vamos pues— tiro del brazo de Kaller, y salimos a ver si fue que ahora se perdieron las tres.
†
Un insistente toque a mi puerta hace que me sobresalte en la cama, entonces noto que Margo está sentada en la orilla y es quien se levanta a abrir.
—¿Qué pasa ahora?— le pregunta a abigail, quien sostiene un plato con una vela encendida para iluminar un poco.
—Danielle— pronuncia, a lo que ruedo los ojos mientras me limpio las lagañas.
—¿Se perdió otra vez?— pregunto con un tono adormilado y molesto.
Ayer logramos encontrarla, la muy estúpida estaba sentada sobre la rama de un árbol y mecía las piernas.
—No... está en el ático con Harry, él...
—¡Habla de una vez! ¿Sabes la hora que es?
—¡Harry estaba nombrando algo sobre un diario, sobre Calíope y una maldición!
Me levanto, sintiendo cómo me transmite su desespero. Las tres iluminamos el camino con la vela y subimos con cuidado al ático.
Lo primero que veo es a Danielle atada a una silla, gritando porque Harry sostiene un crucifijo frente a ella.