Capítulo 5
Aún te amo
—Suéltame. —lo empujo—¿Qué te pasa Alessandro? ¿Te volviste loco?
—Loco por ti nena. —acaricia mi mejilla— ¿Por qué no respondiste mis mensajes?
—Estaba en clases. —respondo molesta—No puedo estar pegada al celular todo el tiempo.
—Ok, está bien nena. —sonríe con picardía— ¿Aceptarías una invitación a almorzar?
—¿Te han dicho que eres intenso y fastidioso? —pongo los ojos en blanco— ¿Por qué no me dejas en paz?
—Solo te pido que me escuches. —se enoja— Si después que escuches mis motivos no me quieres ver lo entiendo.
—Está bien Alessandro. —respiro hondo— Pero no te prometo nada.
Salimos del área de cajeros automáticos para dirigirnos a donde tiene su auto estacionado. Cuando estamos por llegar veo que Carolina sale detrás de unos arbustos un poco despeinada y se está arreglando el cabello.
Ella mira de un lado a otro para percatarse de que nadie se de cuenta en el estado que está y sobre todo lo que estaba haciendo. Detrás de ella viene saliendo un hombre y este no es Daniel «Maldita sea la calentura de Carolina»
Cuando intento caminar en su dirección, Alessandro me jala del brazo para subirme a su auto.
—Suéltame que me haces daño. —me suelto de su agarre— Eres una bestia.
—Disculpa nena, no fue mi intención. —se encoge de hombros— No se pero eso no es tu asunto.
—Mejor callate. —lo señalo— Tú no sabes nada.
No me di cuenta en que momento acorto tanto la distancia, me acorrala , siento que las piernas me tiemblan y que una corriente se apodera de mi cuerpo.
—Y porque no te encargas de callarme tú con esos deliciosos labios. —posa sus dedo índice sobre mis labios— No te imaginas cuanto extraño tus besos.
—Apartate Alessandro. —tiemblo por los nervios— Me asfixias.
Como puedo lo apartar de mi cuerpo y esta vez soy yo la que abre la puerta del copiloto y entro cerrando la puerta, me coloco el cinturón de seguridad. Cuando se sube a su lado puedo notar que esta sonriendo.
—No te asustes nena. —toma mi mano— No haré nada que tú no quieras. ¿Sabes? te vez hermosa cuando te sonrojas.
—Pon el auto en marcha antes de que me arrepienta. —me suelto de su agarre— No creas que esto se va a repetir.
Él se queda en silencio y emprendemos el camino hacia nuestro destino, salimos de la universidad y durante el transcurso de camino nos invade un silencio, no es incómodo y lo prefiero así.
No puedo negar que está mucho más guapo, su cuerpo también ha cambiado, se nota que se ha ejercitado mucho. Mentiría al decir que no me siento atraída, en las dos veces que nos hemos visto mi cuerpo reacciona ante su presencia y hasta mi humedad se hace notar entre mis piernas.
Inconscientemente mordí mi labio y él se dio cuenta, sin perder tiempo me dice:
—Deja de morderte el labio. —voltea a verme— Cinthya me estas provocando.
—Yo no he hecho nada. —miento— Creo que estás enloqueciendo.
No me responde nada y lo único que hace es negar con la cabeza y sonríe con malicia, yo prefiero ver por la ventana para alejar esos pensamientos pecaminosos que rondan por mi mente.
Recorremos las calles de Seattle hasta llegar al restaurante italiano The Pink Door, se ve que es un lugar cómodo y acogedor, fueron muchas las veces que pase por aquí, pero nunca entre.
Al llegar Alessandro se baja primero, rodea el auto para abrir la puerta del copiloto, me tiende su mano para que la tome y la tomo para salir. Cuando nuestras manos hacen contacto pasa una electricidad que recorre todo mi cuerpo y puedo sentir como cada centímetro de mi piel se eriza ante el contacto.
Respiro hondo y cuento mentalmente hasta 10 para calmar mis ansias. Le entrega las llaves al valet parking para que estacione el auto. Llegamos a la entrada en donde nos recibe una hermosa chica, puedo ver como se lo come con los ojos y no sé porque siento ¿rabia? ¿celos? no puedo sentir nada, él y yo no somos nada.
En vista de que la chica se queda hipnotizada hago un carraspeo para traerla a la tierra de nueva, esta al notar lo que sucedió pide disculpas y nos guía hacia la mesa. Tomamos asiento en una que está un poco alejada a las demás, seguro quiere tener más privacidad para poder dar sus “explicaciones” sin que nadie esté cerca de nosotros.
Como todo caballero retira la silla para que me pueda sentar, eso no se le puede negar, siempre fue muy atento, educado y detallista. Se sienta frente a mí y llega un mesero para entregar la carta y hacer nuestros pedidos.
—Cariño ¿Qué te apetece? —acaricia mi mano.
—Para mi una sopa de mariscos. —guiño un ojo— Y tu cariño ¿Que vas a pedir?
—Para mi también. —muerde su labio— Adicional una botella de champaña.
El mesero se retira una vez hacemos nuestros pedidos.
—Nena sabes que pediste comida afrodisíaca ¿cierto? —muerde su labio— A mi también me encanta.
—Deja de mirarme así. —pongo los ojos en blanco— Pareces un pervertido.
—No tengo la culpa de lo que provocas en mi nena.
Cuando estaba a punto de decir algo más fue interrumpido por el mesonero que trae nuestra comida.
Disfrutamos en silencio y de vez en cuando me hace preguntas de ¿cómo me va en la universidad? ¿Tienes empleo?y demás cosas que no vienen al caso. También me da el pésame por la muerte de mi padre y también dice que si necesito de él no dude en decirle.
Terminamos de comer y salimos del restaurante, me hace una invitación al Frye Art Museum y de verdad que no me pude resistir, con esto no vayan a creer que soy una chica fácil, sino todo lo contrario me encanta el arte y es un gusto que compartimos. Hacemos el recorrido viendo cada una de las obras y es magnífico lo que se siente.
A todo el mundo no le gusta esta clase de arte, muchos no la entienden y pues se respeta la opinión de cada persona.
Miro mi reloj y ya son las 3:00 dela tarde, no quisiera irme a casa porque en verdad no tengo nada que hacer, las actividades de la universidad las llevo al día y lo que puedo hacer es llegar y lanzarme al sofá con un pote de helado de un litro mientras veo alguna película.
Salimos del museo y me toma por sorpresa cuando me abraza por la espalda, intenté soltarme pero intensifica su agarre y juro por Dios que si no me suelta me lo voy a comer a besos.
—Nena vamos a un último lugar. —me da un beso en la mejilla— Estando ahí te diré el motivo por el cual te abandone.
—No me vas a llevar a un hotel. —siento nervios— Lo que sea me puedes decir aquí mismo.
—¿Eso es lo que quieres? —me abraza más fuerte— De ser así te puedo complacer, tu solo ordena y yo obedezco.
—Ya basta déjate de rodeos. —me suelto de su agarre— Habla de una vez y me llevas a mi casa.
Niega con la cabeza y me toma de la mano para subir al auto nuevamente, seguimos rumbo a no se donde hasta que llegamos al Space Needle (Aguja Espacial). Es una hermosa cúpula que tiene unos 184 metros de altura. Para llegar a la cima es necesario tomar un ascensor que tarda tan sólo unos segundos en subir. Actualmente es un restaurante giratorio, desde donde se puede apreciar toda la ciudad de Seattle.
Estando en el lugar nos sentamos en una de las mesas, esta vez comemos solo postre, mientras lo degustamos puedo apreciar lo hermoso de la ciudad. De nuevo tenemos ese silencio incómodo, siento que no puedo más la ansiedad me está matando y soy yo quien habla.
—¿Por qué te fuiste de esa manera? —nuestros ojos conectan— Tanto te costaba llamar o dejar una nota siquiera.
—Lo siento nena, entiendo que estes enojada. —besa el dorso de mi mano— Todo se dió de la noche a la mañana y no pude avisarte. Papá tuvo un accidente en España y tuve que ir de emergencia, no podía dejar a mi madre sola en ese momento.
—Y en ese maldito año no pudiste llamar o enviar señales de humo, yo que sé. —espeto molesta— Me rompiste el corazón Alessandro, cuando me desperté no estabas a mi lado.Te llamé y no atendiste la llamada ni los mensajes.
—Juro que estoy arrepentido por la estupidez que hice. —acaricia mi mejilla— Solo te pido que me perdones, te pido otra oportunidad. Sé que fui un imbécil pero este corazón aún siento cosas por tí.
—No Alessandro, no quiero volver a sufrir. —se me cristalizan los ojos— Solo te puedo ofrecer una amistad, tu decides si lo tomas o lo dejas.
—Cinthya no te puedo ver como una amiga. —hace las manos puños— Es difícil tenerte de esa manera, aún te amo.
—No tengo nada más que decir. —me levanto— Me llevas o me voy sola.
Se queda pensativo con la mirada perdida mientras yo muero de ganas por lanzarme sobre él, decirle que aun siento algo por él, que ambos compartimos el mismo sentimiento. No lo veo moverse ni articular palabras así que decido tomar mi bolso y salir del lugar.
Al llegar a la planta baja apresuró el paso para tomar el primer taxi que pase, detengo uno y cuando estoy a punto de subir me abrazan por la cintura, se que es él puedo reconocer su aroma, su fuerza, su desesperación.
—Está bien nena, acepto lo que tu quieras. —susurra a mi oído— Si así puedo estar a tu lado entonces lo hare. Yo te llevo a casa.
Despido el taxi y caminamos hacia su auto, abre la puerta y cuando ingreso es él quien abrocha el cinturón de seguridad, cierra la puerta para rodear al auto y subir a su asiento.
Estando dentro da un gran suspiro, se que quiere decir algo pero se contiene, lo enciende iniciando el recorrido a casa.
Al cabo de unos 20 minutos ya nos encontramos en casa, estando en la entrada abro la puerta para despedirnos. Toma mi rostro entre sus mano para decirme:
—Gracias por escucharme nena. —besa mi frente— Prometo no molestarte con mis insinuaciones.
Pega su frente junto a la mía y siento una explosión en mi interior, no se si me vaya arrepentir más adelante de lo que voy hacer, pero en un solo movimiento uno nuestros labios, es un beso lleno de deseo, necesitado. El me toma por la cintura y automático subo mis brazos rodeando su cuello.
Entramos a casa y él cierra la puerta de un puntapié,nos separamos por la falta de oxígeno,nuestras respiraciones son agitadas, siento que el corazón se me va a salir del pecho.
—Nena, ¿Estás segura de esto? —pregunta dudoso— Si seguimos no me voy a poder contener.
—Sí estoy segura Alessandro. —lo beso nuevamente— Te necesito…