La búsqueda

1511 Palabras
Sloan aprovechó la noche para buscar los bosques mas cercanos a Duart Castle, con la esperanza de encontrar algún rastro de Nicoletta, alguna pista de que aún siguiera en la isla. Vagabundeó durante horas en busca de un rastro de alguna fogata, de que alguien hubiera acampado, pero no encontró nada. Cuando amanecía decidió encaminarse hacia el puerto de Craignure. Una vez allí comenzó a preguntar a pescadores y trabajadores del puerto si habían visto a dos mujeres y un niño viajando juntos, si habían intentado comprar pasajes para algún barco. Viendo que no obtenía ningún resultado comenzó a preguntar en las posadas. Llegó a la última, una posada cochambrosa, en la que siempre había poca gente, y la poca gente que había solía ser de muy mala calaña.  Al principio el posadero tenía pocas ganas de colaborar, pero bastó con unas pocas monedas para que abriera la bocaza. Sin embargo el hombre afirmaba no haber visto a dos mujeres viajando solas con un niño.  -¿Estás completamente seguro?-preguntó Sloan ya desesperado-. Dos mujeres extranjeras, entre ellas muy probablemente no hablarían gaélico entre ellas.  -Pues dos mujeres no... Pero si que vinieron una mujer y un muchacho con un niño pequeño. Él hablaba nuestro idioma, fue el único que se comunicó conmigo y con la camarera. Pero entre ellos siempre se comunicaban en otro idioma.  -¿Qué aspecto tenía el muchacho? -No tengo ni la menor idea, permaneció todo el rato oculto en su capa. Debía ser algún guerrero jovenzuelo, se heriría la cara en la guerra y ahora le avergüenza enseñarla... Pero era muy joven, su voz no era muy grave. Estos muchacho de hoy en día... -¿Cuándo estuvieron aquí? -Hará... dos o tres días. Se hospedaron una sola noche y a la mañana siguiente se fuero nada más despuntar el alba.  Sloan salió de la taberna como alma que lleva al diablo. ¡Por eso nadie sabía nada de dos mujeres viajando solas! ¡Nicoletta estaba ocultando su identidad! El hombre corrió de vuelta al puerto, donde estaba llegando un barco mercante, que diariamente viajaba entre la isla de Mull y Escocia, transportando comida y bienes para comerciar con ellos. Sloan se acercó al capitán del barco en cuanto lo vió bajar del barco.  -¡Disculpe! -¡Laird McPherson! ¿Qué necesita, señor? -Me gustaría saber si en los últimos días dos extranjeros te han pedido que los lleves hasta Escocia. Un muchacho y una mujer, viajan con un niño pequeño. Muy probablemente el muchacho no mostrara su rostro.  -Sí, hará dos días, estaba preparando cargando el barco para partir al amanecer. El muchacho no sólo nos pagó los pasajes sino que nos ayudó a cargar la mercancía, parecía tener mucha prisa. Algunos de mis hombre intentaron cortejar a la mujer, pero ella apenas hablaba nuestro idioma. Poco más aparte de poder saludarles.  -¿Dónde les llevastéis? -Llegamos hasta el puerto de Appin. Y una vez allí se marcharon muy rápidamente.  -¿Volveréis pronto allí? -Cargaremos el barco de nuevo y volveremos esta misma tarde, señor.  -¿Cuánto un pasaje hasta allí? -Mi señor, entiendo que algo le perturba, si llevarle hasta el puerto de Appin puede ayudarle a aliviar esa preocupación. Lo haré gustoso.  -Alguien con tal nobleza merece alguna recompensa. Pagaré el pasaje -Si insiste, señor. Será un placer llevarle hasta el puerto de Appin. Sloan ayudó a los hombres a cargar el barco, cuanto antes llegaran a Appin antes podría empezar a preguntar por Nicoletta por la zona. Una vez allí, Sloan comenzó a preguntar a la gente que trabajaba en el puerto, con la esperanza de que alguien recordara la presencia de dos personas extranjeras. Llegó a la conclusión de que, una vez en Appin, Nicoletta no se había detenido a hablar con nadie. Si bien a algunos de los pescadores les había llamado la atención escuchar a personas hablando en un idioma extranjero, no parecía que hubieran interactuado con nadie.  Sloan en ese instante se encontraba en una encrucijada. Desde Appin, Nicoletta podía haber tomado muchas direcciones, si se había dirigido al norte podría ir de camino a Portree o Inverness, si se dirigía hacia el sur podía ir hacia Glasgow o Edimburgo, podía seguir hasta Inglaterra. Y aunque dudaba que tras lo ocurrido con sus familiares que volviera a Italia, aquello también era una posibilidad. Si Nicoletta no le había dicho a absolutamente nadie hacia dónde se dirigía, bien podía peinar el mundo entero que no la encontraría. Sloan estaba caminando en círculos como un perro enjaulado, rompiéndose la cabeza en busca de alguna pista que hubiera pasado por alto, intento meterse en la cabeza de su esposa. Nicoletta y Francesca viajaban juntas, ambas eran italianas, no estaban acostumbradas al clima de las Highlands, por lo que muy probablemente hubieran decidido ir hacia el sur, en busca de un clima algo más cálido. El hombre estaba concentrado trazando un plan, cuando un anciano pescador se le acercó. -Mi señor, me han comentado otros pescadores que está buscando a unos extranjeros. -Sí -contestó Sloan-, ¿Acaso los vistes? ¿Hablaste con ellos? -Oh, sí que los ví señor. Hace dos días. Pero no tuve oportunidad de hablar con ellos. Me hallaba yo arreglando redes de pesca en el muelle cuando vi al muchacho de la capa hablar con Archy, un viejo mercader que viene a Appin cada pocos días.  -¿Y pudiste escuchar hacia dónde se dirigían? -Mi oído no es lo que era, mi señor. Pero Archy volverá dentro de dos días, sin duda alguna. Y es un viejo cotilla, estoy seguro de que consiguió sonsacarle información. Verá, mi señor, Archie tiene la mala costumbre de hacer rebajas a aquellos compradores que tengas una buena historia que contar. Por lo que muy probablemente los extranjeros consiguieran sacarle mercancía a buen precio.  -Muchísimas gracias. ¿Necesita algo? ¿Hay alguna manera en la que pueda pagarle su ayuda? -Mi mujer vende el pescado que mis hijos pescan, siempre está vendiendo en la plaza. No nos vendría mal que usted comprara algo. Así usted también tendía cena.  Sloan, agradecido, se dirigió a comprar pescado a la mujer del anciano. En Appin había un total de dos posadas, y no parecía que Nicoletta se hubiera hospedado en ninguna de ellas. Por lo que Sloan tampoco pudo sacar más información de allí. El hombre decidió que era mejor tener paciencia y asegurarse estar siguiendo la pista correcta que lanzarse en busca de Nicoletta sin saber hacía donde se dirigía. Por lo que esperó con paciencia durante dos días que el mercader llamado Archy volviera a Appin. Cuando por fin Sloan vió a un hombre montar un pequeño puesto en la parte trasera de su carromato, listo para vender, Sloan se acercó a él decidido.  -¿Eres tú Archy? El hombre, un señor calvo delgaducho y con algún diente desaparecido en combate, se giró contento de tener un comprador tan temprano, pero al ver al imponente Highlander, el laird de Isla Mull nada menos, ante él, dió un pequeño salto del susto. -M-mi señor... ¿Qué le trae a mi humilde puesto? -Ha llegado a mis oídos que le vendiste parte de tu mercancía a un muchacho extranjero hace unos días -dijo Sloan-. Viajaba con una mujer y un niño, muy probablemente no te mostró su rostro.  -¡Oh! Sí sí, lo recuerdo... ¿Puedo preguntar por qué los busca, mi señor? -No es de tu incumbencia. -Verá, mi señor, no puedo traicionar la confianza de mis clientes de esa manera... Sloan no tenía para ese momento paciencia para aguantar las impertinencias del hombre.  -Archy... Tienes dos opciones, hablar o probar mi espada. ¿Qué elijes? -Hablaré, hablaré. Verá... El muchacho me contó muy buenas historias, sí señor. Le vendí lana muy barata, incluso le regale algo de carne y verdura. Imagine si tengo buena información.  -Ve al grano, Archy -Sí, sí. Verá, el muchacho, es una mujer. Dijo que huía de su pasado en Italia, que por eso ella y su amiga habían venido a Escocia. No conseguí que me dijera su nombre, pero sí que me contará porque estaba en Escocia. Verá, me dijo que aquí había encontrado el amor, pero que no había tenido suerte, que había cometido muchos errores en su vida, que había sido una mercenaria en Italia, y que aquello había destruido su relación. Dijo que guardaba demasiado cariño a su antiguo amante como para abandonar Escocia, que aunque nunca jamás le vería ella quería estar tan cerca como le fuera posible. Afirmó que aunque ahora buscaba un lugar de Escocia que le diera paz, un lugar donde permanecer, sabía que no sería capaz de cruzar nuestras fronteras. Pobre mujer, incluso para ser una asesina sonaba tan dulce... Realmente debía estar sufriendo por quien haya dejado atrás, cuando le mencionaba se le rompía la voz, como si fuera a llorar. ¡Oh! También me preguntó por las mejores rutas para comprar y vender, creo que ahora quiere hacerse mercader. Le indiqué que se mantuviera cerca de fortalezas de lairds, siempre hay gente por allí, y que fuera hacía el norte -Gracias, Archy...-susurró Sloan alejándose del puesto. Si Nicoletta se dirigía al norte y buscaba pequeñas poblaciones donde comprar y vender su mejor baza era la fortaleza de su amigo Callum, Stalker Castle. Sloan había llevado a Nicoletta allí, era un lugar conocido, pero no lo suficiente para que nadie la reconociera. En ese mismo instante Sloan se encaminó a Stalker Castle.
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