Mi respiración es un caos y yo sigo mirándome, mirándonos a través del espejo. Su rostro, esa forma intensa de atenderme hace que no quiera salir del momento de tensión. Me he corrido como nunca y eso que solo utilizó su mano. Sigo siendo Ashley, pero la Ashley de ahora no está ahogándose en lamentos, en inseguridades, en miedos, en vergüenzas; la Ashley de ahora se siente jodidamente bien con ella misma, con lo que proyecta su cuerpo, con el placer que es capaz de alcanzar y provocar en otro hombre. Así que, ahora solo me preocupa disfrutar de lo que mi cuerpo está percibiendo. El espejo ya no me asesina, él hizo que el espejo me devolviera todas las veces en las que no contribuyó a que me sintiera bien. «Imagino que para personas con nuestro carácter, el hombre te tiene que envolver

