Capitulo 18

1736 Palabras
Valentina observaba incrédula al doctor Thomás mientras le explicaba la situación en la que se encontraban. Habían estado fingiendo ser una pareja durante semanas con tal de que Thomás alcanzara el puesto como el nuevo director de hospital. Sin embargo, ahora la farsa estaba mirando a otro nivel. —¿Vivir juntos? ¡Eso es demasiado, doctor Thomás! —Exclamó Valentina, con los ojos muy abiertos. —No puedo mudarme contigo, apenas nos conocemos y esto se está volviendo demasiado complicado. —Confesó evidentemente nerviosa. Thomás la miró con seriedad y le tomó las manos. —Valentina, sé que esto es mucho pedir, pero es necesario. El director y los inversionistas tendrán sus ojos puestos en nosotros y no quiero que piensen que lo nuestro es algo falso. Por favor, ayúdame a hacer esto, se que es difícil, pero también es muy necesario. Valentina sintió la mirada sincera de Thomás y supo que no podía negarse a ayudarlo en esta difícil situación. Suspiró resignada y asintió con la cabeza. —Está bien, doctor Thomás. Me mudaré con usted, pero solo por un tiempo, ¿de acuerdo? —Mordió su labio inferior evidentemente nerviosa. Thomás sonrió aliviado y le agradeció con un abrazo. —Gracias, Valentina. Esto significa mucho para mí. Además mi casa será la tuya, lo que más deseo es que Aylín y tú estén a gusto. —Gracias... —Dubitativa respondió al abrazo, sintiéndose de algún modo incómoda con el contacto físico. Thomás se percató de la tensión de la joven y se separó discimuladamente de ella. ••• Valentina llegó a casa después de un largo día de trabajo, con una sonrisa en el rostro al ver a su pequeña hija Aylín sentada frente a la televisión viendo videos musicales. La niña estaba completamente absorta en la pantalla, moviendo sus manitas al ritmo de la música, y Valentina no pudo evitar sentirse emocionada al verla tan feliz. —Erika, ¡disculpa la tardanza, tuve un día de locos! —Exclamó Valentina al ver a la cuidadora de Aylín sentada en el sofá, sosteniendo una bandeja con una exquisita taza de chocolate caliente y galletas. —¡Hola Valentina! Solo quería asegurarme de que llegaras bien a casa. Y pensé que tal vez podríamos tener una tarde de chicas juntas. Sabes que al igual que tú, estoy completamente sola en este país —respondió Erika con una cálida sonrisa. —Sabía que llegarías cansada, así que nada mejor que un rico chocolate caliente. —Gracias, Erika. No se qué haría sin ti —se dejó caer en el sillón y esbozó una amplia sonrisa al sentir el aroma del chocolate caliente inundar sus fosas nasales. Las tres se sentaron en el cómodo sillón, disfrutando de las delicias que Erika les había preparado. Aylín seguía emocionada con los videos musicales, cantando y bailando alegremente, mientras bebía leche fresca en su mamadera. Valentina se relajó por fin, disfrutando de la compañía de su hija y de Erika. Después de un rato, Valentina decidió hablar con Erika sobre un tema importante. —Oye Erika, ¿te acuerdas que te mencioné por teléfono que el director del hospital me dio la semana libre? Bueno, resulta que me pidieron que organice la cena que se realizará el fin de semana en la casa de Thomás y tengo que mudarme allá, ya sabes, para que nadie sospeche que nuestra relación es falsa. Erika la miró sorprendida, pero luego sonrió al darse cuenta de que era una oportunidad emocionante para Valentina. —¡Eso es maravilloso, Valentina! Estoy segura de que la cena será un éxito. Y claro, estaré aquí para ayudarte en lo que necesites. Además ese Thomás es todo un papurri. —Es atractivo, eso no puedo ponerlo en discusión, pero... —desvió ligeramente la mirada. —¿Pero qué? No me digas que te gusta. —Dejó la taza a un lado y prestó atención a Valentina. —Él no me gusta, además no es un hombre con el cual uno se pueda hacer ilusiones... Es guapo, adinerado y aún así tiene que recurrir a tener una novia falsa, ¿no te parece extraño? —Dió un sorbo al delicioso y cremoso chocolate caliente. —Quizás ese bombón sea homosexual, es por eso que necesita una mujer como pantalla. ¿Si no para qué? —Creo que tienes razón, Erika. Valentina agradeció a Erika por su apoyo y le pidió que se quedara esa noche para que juntas pudieran empacar sus pocas pertenencias y mudarse al día siguiente a la casa del doctor Thomás. Esa noche, Valentina durmió abrazada a su pequeña hija, pensando en las palabras de Erika. ¿Realmente el doctor Thomás será homosexual? Ella lo apoyaría independiente de su condición s****l, pero no entendía porqué motivo le afectaba imaginar aquello. A la mañana siguiente, mientras empacaban, Valentina se dio cuenta de lo afortunada que era de tener a personas como Erika en su vida, que a pesar de todo lo malo que le tocó vivir en el pasado, aún seguían apareciendo buenas personas en su camino. La cuidadora había sido una gran ayuda desde que conoció a Valentina, siempre dispuesta a cuidar de Aylín y apoyar a la joven madre en todo momento. Lo mejor de todo, es que su hija la adoraba y aprendía bastante con Erika. —Estoy muy agradecida de tenerte a mi lado, Erika. Eres como parte de nuestra familia. —Dijo Valentina con sinceridad. Erika la abrazó con cariño. —Valentina, tú y Aylín son como mi familia también. Siempre estaré aquí para ustedes, pase lo que pase. ••• Valentina miraba a su alrededor, viendo todo lo que había empacado en cajas. Su hogar ahora lucía vacío y sin vida, como si las memorias que habían compartido con su pequeña hija se hubieran desvanecido en el aire. Ese pequeño y modesto departamento significaba el primer paso a la libertad y a pesar de las carencias, estaban tranquilas. Erika, la joven cuidadora de la pequeña Aylín, estaba con ella en la sala, tratando de animarla mientras esperaban la llegada de Thomás. Finalmente, el sonido de un auto se escuchó afuera de la casa y Valentina miró por la ventana, viendo a Thomás estacionar su auto frente a la acera. Con un suspiro, se levantó del sofá y le hizo una señal a Erika para que la siguiera. Juntas, apilaron las cajas en la entrada de la sala, mientras Aylín corría libremente por los espacios ahora vacíos. Thomás sonrió al verlas y se acercó para saludarlas. Vivir con Valentina para sostener la falsa, era una idea que le agradaba más de lo estrictamente necesario. —Hola Valentina, Erika. ¿Están listas para mudarse? —Preguntó con amabilidad. Valentina asintió, aunque se veía un poco nerviosa. Introdujo a Erika como la cuidadora de Aylín y le explicó a Thomás que habían decidido que sería mejor que Erika se mudara con ellos para que pudiera cuidar mejor a la pequeña. El doctor asintió, pareciendo comprensivo ante la idea. Era un médico especializado en el espectro autista y entendía que Aylín merecía estar a gusto. —Me parece una excelente idea. Es importante que Aylín tenga a alguien pendiente de ella en todo momento, —comentó. —Vamos, las ayudo a cargar las cajas al auto, tu solo preocúpate de la pequeña princesa de la casa. —Ante el cariñoso apodo que el doctor le puso a su hija, Valentina sintió una sensación de calidez y tranquilidad que provocaban una intensa revolución en su vientre. Thomás se puso manos a la obra, cargando algunas cajas mientras Erika hacía lo mismo. Juntos, lograron empacar todo en el maletero del auto y luego subieron a la pequeña Aylín, quién venía dando saltitos bien sujeta de la mano de su madre, la pequeña no sabía que pasaba, pero era más que evidente que le entusiasmaba la idea de viajar en automóvil. En el trayecto hacia la nueva casa, Valentina se sentó al lado de Thomás en el asiento delantero, mirando por la ventana y sintiendo que una nueva etapa estaba por comenzar en su vida. Erika y Aylín iban en la parte trasera, riendo y jugando juntas, creando un ambiente alegre y cálido en el auto. Al llegar a la casa del doctor Thomás, Valentina se sorprendió al ver lo hermosa que era. Era una propiedad con dimensiones inmensas, extremadamente lujosa y con jardines enormes. Thomás las llevó al interior, mostrándoles las habitaciones y ayudándola a distribuir las cajas en cada una de ellas. Erika y Aylín se ocuparon de la cocina, preparando algo de comer para todos, mientras que la pequeña jugaba con unos tupper de colores que estaban sobre la mesada. Mientras almorzaban juntos en la amplia cocina, Valentina no pudo evitar sentirse agradecida por tener a Thomás a su lado en ese momento de cambio, sabía que no debía de acostumbrarse a estos lujos, no era ni su vida ni su mundo, por que era transitorio. Aún así , agradeció el permitirle vivir semejante sueño. A pesar de las circunstancias había algo en él que la hacía sentir segura y protegida, algo que no había experimentado con nadie más antes. Después de la comida, Thomás se despidió de ellas, asegurándose de que estuvieran cómodas en su nuevo hogar. Antes de marcharse, se acercó a Valentina y le dio un abrazo cálido, susurrándole al oído: —Todo estará bien, Valentina. Estoy aquí para ti, si necesitas algo o algo te está incomodando es cuestión de que me lo digas y lo solucionamos. —Esbozó una sonrisa cargada de confianza. —Por la noche hablaremos con más calma, mientras, Alexa, la ama de llaves te orientará con la ubicación y todo lo que necesites saber de la casa. Valentina se sintió reconfortada por sus palabras y le sonrió. —Gracias por todo, Thomás. Ver la inmensa sonrisa de Aylín y su mirada ilusionada no tiene precio para mí. Te prometo que seré la mejor novia y esposa que pudieras llegar a tener. —Le dijo sinceramente. Thomás se alejó con una sonrisa en el rostro, dejando a Valentina con un cálido sentimiento en el corazón. Ahora, con Erika y Aylín a su lado, sabía que estaba lista para comenzar una nueva vida, una vida sin miedo e incertidumbre, una vida sin Dereck. Y todo gracias a la llegada del doctor Thomás a su vida.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR