Todo parecía una novela pero de terror, Ernesto no sabía dónde meter la cabeza, cubría lo único que en ese momento era difícil de cubrir, su m*****o, sus músculos color canela, y su rostro de terror lo hacían lucir ciertamente deseable, para cualquier cazador. Este no sabía si ponerse de pie, y dejar que Alexander lo viera por completo o quedarse sentado aun desnudo esperando a que algún milagro ocurriera. Damián estaba sobre el suelo con la toalla sobre su pelvis y ciertamente a pesar de la sorpresiva llegada de Alexander, la dureza de Damián, no se había limitado. —Señor, ¿me refiero a que, bueno usted aquí? —Las palabras de Damián no parecían tener sentido, estaba abrumado, en verdad estaba sorprendido y no solo eso, estaba apenado por aquella situación tan incómoda, pero sobre to

