La sorpresa desdibuja las facciones de Nino, su rostro pierde el calor y creo que hasta el color. Es claro que no se esperaba nuestra llegada. Paso la mirada sobre Carlo que sigue arrodillado delante de mi hermano con la protección del escritorio que cubre la mitad de su cuerpo. Aun así, adivino la tensión en su humanidad. Él se mueve con rapidez, golpeándose la cabeza con la esquina del escritorio, pero no emite sonido alguno. Todo lo contrario, adopta una postura rígida mientras disimuladamente se limpia… ¿la boca? antes de girar e inclinar la cabeza a manera de saludo. ¿Qué carajos estaban haciendo en la oficina de Salvatore? Bueno, creo que eso se responde solo ¿no? —Cuñado —dice mi hermano, demorandose para ponerse de pie. Es evidente su nerviosismo—. Cara, no los esperaba —agrega,

