Capítulo 1
En la librería más reconocida de la ciudad se llevaba a cabo la firma de libros y el pre-lanzamiento del último tomo de la saga "Un encuentro explosivo". Belén, la autora de la novela, se encontraba sentada junto a su representante en medio del salón, firmando algunos ejemplares, cuando Sofía —su representante y amiga— le informó:
—En diez minutos se llevará a cabo la entrevista. Apresúrate con esto y... dime que preparaste tus notas.
—Sí, Sof... tranquila. Hoy me siento bien —contestó Belén por enésima vez, poniendo los ojos en blanco.
—Eso espero. Quiero que esta vez hablen del nuevo libro, no de cómo se descompuso o se desmayó su escritora.
—Eso fue solo una vez... y creo que fue todo en el mismo evento —replicó con una mueca.
—Lo que sea. Recuerda que este es el último libro y debes intrigarlos para que compren los tomos anteriores también. Por cierto, ¿cómo va la historia? ¿Ya pudiste encontrar el final que deseabas?
—Estoy en eso —respondió Belén, mientras se levantaba para caminar hacia la sala de juntas—. Tengo algunas ideas... aún no me decido por cuál.
—Belén, el estreno del libro es en tres meses. Me dijiste que lo tenías casi resuelto.
—Lo tengo, tú no te preocupes...
Sofía, al ver la sonrisa nerviosa de su amiga, sintió una punzada de ansiedad. Alzando la voz, soltó:
—¿¡Aún no tienes un final!?
Sin pensarlo, Belén se giró y le tapó la boca, notando cómo varias miradas se posaban sobre ellas.
—¿Qué dices? ¿Estás loca? —le susurró entre dientes mientras la apartaba rápidamente del público, arrastrándola por los pasillos. Ya en privado, continuó—: ¿A ti qué te pasa? ¿Cómo puedes gritar eso en este momento?
—No me cambies de tema. ¿Aún no tienes el final? —preguntó Sofía, al borde del colapso.
—Bueno... sobre eso... —al ver cómo la miraba su editora, Belén dudó unos segundos sobre si debía decir la verdad. Pero pronto, sin dejarla terminar, Sofía agregó:
—Belén, tenemos una fecha de entrega. ¡Un contrato! ¿Sabes de cuánto es la penalización?
—Lo sé. Aún tengo tres meses para encontrar un final adecuado —se excusó, intentando calmar a su amiga. Pero lejos de lograrlo, Sofía preguntó:
—¿Dime que por lo menos has empezado?
—Por supuesto que... —Belén vaciló al ver la expresión de indignación en el rostro de Sofía, y finalmente suspiró—. La verdad es que no. No sé cómo terminar la historia.
—¿Cómo que no lo sabes? —preguntó, intentando mantener la calma, aunque estaba a punto de colapsar—. ¡Tú la creaste! Es sobre tus experiencias de vida. Invéntate un final feliz con alguno de tus tantos amantes y punto.
—Vaya, lo haces ver tan fácil —contestó con ironía y replicó—. Escríbelo tú al final.
—No puedo. Mi único hombre fue el padre de mis hijos y, créeme, eso de erótico no tiene nada.
—Oye, me haces ver como una mujerzuela... —frunció el ceño y agregó—. Yo tampoco tuve tantas experiencias íntimas. De hecho... creo que esto nunca te lo dije, pero solo tuve un hombre en mi vida. Y mis libros hablan de él.
Sofía la miró sorprendida, viendo el rubor subir al rostro de su amiga. Con tono incrédulo, replicó:
—Vaya... debió ser muy bueno en lo que hacía, porque no entiendo cómo pudiste escribir tres libros hablando de lo que él te hizo sentir.
—De hecho... —Belén dejó salir un suspiro antes de confesar con franqueza— fue algo de una sola noche.
—¡¿Qué?! —Sofía casi se atragantó con sus propias palabras—. ¿Dices que escribiste toda una saga erótica basada en un encuentro de una sola noche?
Belén asintió levemente, avergonzada.
—Sí... —murmuró con las mejillas algo sonrojadas.
—Vaya, esto sí que no me lo esperaba... —confesó aún en shock por la revelación, pero luego de salir de su asombro, preguntó aún más curiosa—. Espera, ¿entonces dices que Cristin, tu protagonista... eres tú?
—Sí...
—¿Y quién diablos es Erick?
—No creo que lo conozcas... —contestó, desviando la mirada, sabiendo que eso era mentira. Todos en la ciudad sabían quién era él.
—Conozco a todos los herederos de este y otros países. Eric, en tu historia, es un joven heredero, alto, de cabello n***o y ojos verdes. Si estás tan loca como creo, no cambiaste mucho al personaje...
—Sofía...
—¿Qué? Solo intento ayudar.
—Pues no me ayudas. Además, ¿de qué sirve que sepas quién fue? Ese hombre seguramente ni siquiera me recuerda.
—Y eso es justo lo que espero. Primero demos la entrevista con los reporteros, y luego hablaremos de cómo encontrar ese final. Ya tengo una idea para inspirar esa imaginación que tú tienes.
Belén no entendía a qué se refería su amiga, pero antes de poder preguntar, Sofía volvió a arrastrarla por los pasillos rumbo a la sala de prensa. De camino, le susurró que no diera muchos detalles, pues tenía un plan en mente.
***
La rueda de prensa había salido muy bien. Los fans y periodistas estaban más que expectantes por el último libro, y Belén, al salir de allí, sintió por primera vez la presión real de esa última entrega. La emoción la impulsaba, pero también la ponía nerviosa.
Sofía, por su parte, salió con la mente en otra cosa. Apenas subieron al coche que las llevaría al departamento de Belén, tomó su tablet y comenzó a leer algo en silencio. El viaje transcurría tranquilo, cada una en su mundo, hasta que de pronto Sofía exclamó:
—¡Lo sabía! Creo que ya sé cómo podemos resolver esto.
El chófer, sorprendido por el grito, frenó de golpe. Ambas mujeres se sacudieron en el asiento y Sofía, avergonzada, se disculpó:
—Lo siento. Continúe. No volveré a gritar.
El conductor asintió con gesto serio, retomando la marcha. Belén, aún algo sacudida, preguntó:
—¿Y ahora qué te sucede?
—Te lo diré cuando estemos en tu casa.
Sin entender el misterio, Belén prefirió no insistir. Tenía cosas más urgentes en qué pensar: encontrar el final de su historia.
Media hora después, ya en el departamento, Sofía habló mientras dejaba su bolso en el sofá:
—¿Recuerdas cuando te sugerí que el segundo encuentro entre Cristin y Erick debía ser desastroso? Dijiste que era poco creíble, demasiado dramático. Pero gracias a eso, ahora podemos arreglar todo este embrollo.
—¿De qué hablas?
—Del accidente del libro uno. Cristin y Erick se reencuentran luego de que él la atropella. De camino a la clínica, él la reconoce.
—Eso fue en las primeras páginas. ¿De qué me serviría eso ahora?
—De que vamos a reescribir toda la historia —Belén la miró sin comprender, y Sofía continuó—: Tú no encuentras inspiración porque todos los libros se basaron en una sola noche. En cada tomo solo reviviste esa noche una y otra vez. Necesitamos más material, un nuevo ángulo... un giro inesperado.
—Sofía, no te entiendo.
—Déjame explicarte. Esta historia es tanto tuya como mía. Las dos hemos aportado, y no voy a dejar que la termines de forma mediocre.
—No planeo dejarla inconclusa. Es solo que... los lectores esperan que Erick se enfrente a su familia por Cristin, que rompa su compromiso con Catherine y que por fin estén juntos.
—Sí... bueno, mi idea es empezar de cero.
—¿Estás loca? —preguntó entre alarmada e incrédula.
—Belén, claramente para ser tu amiga debo estarlo —respondió Sofía con una sonrisa traviesa—. Escúchame bien lo que te voy a decir.
Belén suspiró, resignada. Pero a medida que escuchaba la propuesta, su expresión cambió. Sus ojos se iluminaron, y la que parecía una idea absurda pronto comenzó a cobrar sentido.
La propuesta de Sofía era la siguiente:
Tras su mágica noche de lujuria y desenfreno, Cristin y Erick no se volvieron a ver por varios días, como en la historia original. Pero, en el nuevo planteamiento, cuando finalmente ocurre el accidente, el conductor no es Erick, sino otro hombre. Cristin sufre heridas graves y cae en coma durante años. Mientras tanto, Erick asume el control de la empresa familiar y se convierte en un CEO poderoso.
Cinco años después, Cristin despierta en la clínica, confundida, sin reconocer el mundo a su alrededor. Al comprender que todo lo vivido con Erick fue un sueño —o eso cree—, se siente devastada. Sin embargo, al recordar cada momento con una claridad casi mágica, decide comprobar si su imaginación supera a la realidad. Ya recuperada, inicia una búsqueda para encontrar a Erick... y vivir, esta vez, su historia de amor en la vida real.