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¡Sé mi Amante! Enemigo de mi Esposo

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Blurb

La noche en que Maya debía celebrar su cumpleaños y aniversario de bodas se convirtió en una pesadilla. Descubrió que Samuel, su esposo desde hacía tres años, le era infiel con Sandra... su propia prima.

Devastada y envuelta en una tormenta de emociones, Maya abandonó el hotel sin notar el auto que se acercaba. El accidente fue inevitable, y con él, perdió al bebé que esperaba sin siquiera saberlo.

Mientras luchaba por mantenerse en pie, el mundo que la rodeaba se vino abajo. Samuel la culpó por la pérdida del bebé, sus padres le dieron la espalda y la acusaron de no cuidar bien a su esposo. Sin apoyo y con el divorcio en marcha, Maya recibió otra noticia demoledora: Sandra estaba embarazada.

Fue entonces cuando lo decidió. Ya no más lágrimas. Ya no más culpas. La venganza sería su nueva fuerza… y cambiaría su vida de una forma que jamás imaginó.

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Realidad
Después de cinco años, dos de noviazgo y tres de casados, yo seguía igual de enamorada de mi esposo, para mi no había hombre más maravilloso que él, sentía qué lo que me daba era amor de verdad, incluso yo misma abandone mis sueños y todo lo que deseaba ser en la vida con el único propósito de verlo alcanzar sus sueños. Hoy es mi cumpleaños y nuestro aniversario de bodas, con mucha ilusión compré un lindo vestido, me maquillé y arreglé lo más hermosa posible, hace dos días me había llegado la invitación y aunque él no menciona nada supe que debía asistir. En la tarjeta detallaba el lugar y la hora y sobre todo el mensaje. “Por este tiempo juntos, es hora de que veas por ti misma lo mucho que te amo, será una noche inolvidable” En la mañana antes de marcharse dejó un beso en mi cabeza, no dijo nada más, supuse que los detalles y felicitaciones serían dados en la noche, esperé ansiosa y cuando la hora casi llegaba salí de la casa llena de nervios como si fuera una adolescente que iba a su primera cita. Sin perder tiempo llegué al hotel, subí al elevador y fui justo al número de habitación del cual me había llegado la llave, antes de entrar arregle mi vestido, me aseguré de que mi maquillaje no se hubiese corrido, quería lucir perfecta. Después de varias bocanadas de aire, inserté la llave y entré, pero rogué no haberlo hecho, desee haberme quedado en casa, pero en cambio estaba allí escuchando gemidos y jadeos cargados de placer. Seguí adentrándome mientras sentía mi corazón detenerse, mientras me decía que todo era un error que esa no era la habitación, pero por más que me lo repetí no podía detenerme, mis pies seguían avanzando, al llegará a donde estaba la cama me quede paralizada al ver a Samuel mi esposo de rodillas con las piernas de una mujer sobre sus hombros y ella estaba acostada gimiendo en voz altas mientras mi esposa le daba sexo oral. Trague con dificultad y sentí mis ojos arder, eso no podía ser real, seguí teniendo la esperanza de que era un error, Samuel nunca me haría eso —me repetí —Mientras seguía allí sin dejar de ver. De pronto se puso de pies, tomó las piernas de la mujer y la hizo darle la espalda mientras la apoyaba en sus extremidades y sin las embistió, el sonido de satisfacción que salió de su garganta me hizo erizar, era él y estaba con otra mujer, el día de nuestro aniversario, el día de mis cumpleaños. —¡Samuel! —Solté en tono alto haciéndolo detener, salió de la mujer con celeridad y se giró a verme con sorpresa —¿Que crees que estás haciendo? ¿Cómo te atreves? —Le reclame. El no dijo nada, en cambio tomó una sábana y se cubrió mientras yo sentía como todo dentro de mí se rompía, como toda la vida perfecta qué tenía se venía al suelo. —¿Cómo llegaste aquí? Fue todo lo que dijo, estuve a punto de arremeter contra él pero al ver el rostro de aquella mujer sentí como el piso a mis pies de abría, era Sandra mi prima la mujer en la que más confiaba, en la que me apoyaba y le contaba mi vida, la que deje entrar a mi casa y confíe en ella con los ojos cerrados, ahora estaba frente a mi como la amante de mi esposo. Di un par de pasos hacia atrás tratando de estabilizarme, sentía qué en cualquier momento caería al suelo, mi cara ardía, al igual que mis ojos, mi garganta parecía haberse cerrado, respirar dolía, en mi estómago un vacío inmenso se alojó. Mire todo con dolor, rabia, humillación, mientras yo confiaba en ellos, y creía que me querían solo estaban burlándose de mí, de la tonta Maya, no era eso justo, no lo merecía. —¿Cómo ustedes dos se atreven a hacerme algo así? —Reclame en tono alto, desgarrado. —Maya no hagas dramas en primer lugar no tendrías estar aquí —Samuel se quejó y me culpó como si eso fuera mi culpa. —Es mi cumpleaños y nuestro aniversario, como fuiste capaz Samuel y tu Sandra no tienes vergüenza, tantos hombres y justo con el mío —Les grite. —Vamos Maya hace mucho que él ya no es tuyo y si no te diste cuenta es porque eres una estúpida. Soy yo la que satisface sus necesidad, la que lo entiende, su mujer. Desvie la mirada a Samuel en espera de lo que tenía que decir pero en respuesta solo me observo y actuó como si yo fuera nada. —Aprovechen mientras puedan, les juro que esto van a pagarlo, esta burla te saldrá muy cara. Me di la vuelta y salí de allí, ya no hacía falta escuchar ni ver nada, todo estaba muy claro, mi esposo me fue infiel con mi prima por largo rato. apoye mi cuerpo a la puerta de la habitación mientras tomaba otra bocanada de aire para salir de ese lugar, limpie mi rostro y trate de poner mi mejor sonrisa para evitar verme como una patética, como la estúpida a la que le ponen lo cuernos, la que dejó todo atrás por un hombre que ahora debe de estar dándole sexo a otra mujer mientras yo me ahogó en mi dolor. Ignore las miradas de todos y trate de llegar hasta el estacionamiento, iba tan sumergido en mis pensamientos que no me percate de nada, solo escuche los chirridos de un auto intentando frenar y entonces todo se volvió n***o seguido de un golpe doloroso qué recibio mi cuerpo. Al despertar estaba en un cuarto de hospital, mi cabeza parecía querer reventar y mi cuerpo dolía tanto que no pude casi moverme, mi vista recorrió el lugar para encontrarme con él, mi esposo con cara de muy pocos amigos, un tirón en mi interior me hizo jadear al recordar lo que había visto antes, su infidelidad con la creí ser mi mejor amiga. —¡Que bonito drama armaste Maya! no podías solo volver a casa —Me reclamo mientras yo me trataba de enderezar —Cómo si fueras a la primera mujer a la que se le es infiel. Cerré los ojos al escucharlo, no podía entender como alguien con el que he estado cinco años ahora se comporta así, ¿qué cambio? O siempre fue así y yo no lo note, me empecé a cuestionar al ver su comportamiento. —No te entiendo Samuel, te he dado todo, me convertí en lo que tu quisiste, deje atrás mis sueños, mis metas para que tu pudieras triunfar y así me pagas, ¡engañándome! con Sandra, ¿porqué? —Soltó un bufido de aburrimiento al escucharme. —Tienes que sacar lo que hiciste y lo que no, ¿no te cansas? Ya no te soporto Maya, no eres nada, no sirves para nada. Ni siquiera para cuidar el hijo que llevabas dentro —Lo miré conmocionado ante sus palabras —No lo sabías, pensé que lo ocultaste para darme una de tus cursis sorpresa —Se burló. —¿De qué estás hablando? —Le cuestioné mientras sentía mi corazón encogerse. —¡Estabas embarazada! —Soltó mientras yo sentía como la poca calma que había logrado mantener se desvanecía — Pero por tu estupidez de tirarte así a la calle lo perdiste, ni eso Maya, ni siquiera eso pudiste darme, pero ahora que lo pienso es mejor así, más nada me une a ti —Salió de la habitación después de decir eso. Me quedé allí con lágrimas corriendo por mi cara, mi corazón se sentía tan vacío y tan rotó a la vez, había buscado por mucho tiempo un bebé, y ahora que lo había logrado sólo se había ido así, sin siquiera saber de su existencia. Me abracé a mis rodillas y con la cabeza depositada sobre ellas me desahogue, lloré lo que nunca había llorado, en una noche donde pensé sería una de las más feliz de mi vida perdí todo, el bebé que esperaba y al hombre que yo creía me amaba. Mi golpe de realidad fue tan dura que hasta respirar dolía, viví años engañada, años enamorada sola, años de burlas, ya no podía seguir, con eso en mi cabeza me quedé allí solo por medio de las lágrimas tratando de aliviar el dolor en pecho, uno que me marcaría por siempre.

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