Bevery y Dietrich habían vuelto a entrar al castillo, el príncipe se disculpó diciendo que tenía que encargarse de algunos asuntos y Bevery quedo paseando de aquí para allá dentro del castillo.
Contemplo los cuadros gigantes en la pared, incluso se encontraba el antiguo rey: el padre de Dietrich.
Todos esos rostros que se les hacían conocidos de tantas veces que leyó y leyó los libros de historia cuando era joven.
El castillo era enorme, no sabía dónde se encontrarían los demás, había pasado todo el día sin verlos.
Después de pasar un mes entero solamente rodeada de ellos, ahora les hacía falta.
-Disculpe, ¿recuerda a la chica con la que llegue? - cuestiono Bevery, frenando a una de las sirvientes.
-Sí, su alteza. La princesa Agnes se encuentra en la ha…- pero Bevery la freno.
-No, hablo de la pelirroja. Sabina. - aclaro, ¿porque ella querría ver a Agnes?
La sirvienta asintió, pareciéndole raro que la princesa de Amaru quisiera ver a una plebeya.
-Oh, ella está descansando en el jardín. Estaba con un pájaro azul. - frunció el ceño.
Realmente había algo extraño con toda esa gente que había entrado al castillo hoy, todas eran personas extrañas que no parecían de la realeza.
-Entiendo, gracias. - le sonrió enormemente y entendió por que todos los reinos estaban enamorados de la princesa de Amaru.
Ella era perfecta.
Bevery siguió su camino hasta volver a salir al jardín, donde pudo ver al pájaro azul volar entre los árboles.
Se acercó hasta su amiga que miraba hacia la nada.
-Alteza. - rápidamente se inclinó hacia la princesa, abandonando cualquier actividad que estaba haciendo.
-Hola Sabina. - se sentó en la pequeña mesa de jardín que estaba ahí. - ¿Qué haces? - ladeo la cabeza.
-Oh, Blueberry quería un poco de aire libre. - hablo. - al parecer no fue suficiente tener que cruzar todo el reino. - se rio. - Hablando de eso, ¿no debería estar descansando? Fue un viaje largo.
Bevery negó con la cabeza.
-No, estoy bien. - asintió. - Aunque apenas llegamos siento que ya estuve semanas aquí. - suspiro.
- ¿Ya se encontró con el príncipe? - pregunto.
Bevery cerró los ojos y suspiro.
-Si. - contesto. - no solo con él, sino que también con la reina. - negó con la cabeza. - Definitivamente algo pasa entre ellos. - susurro.
Sabina se sentó frente a ella, intentando entender sus palabras.
¿De que hablaba? ¿Porque la princesa lucia tan preocupada? Se suponía que al llegar a Tiamat todos sus problemas desaparecerían.
Pero al parecer, ahora tenía más problemas que antes.
- ¿Qué quiere decir? - se animó a preguntar.
Bevery levanto la vista y la observo con una sonrisa tranquilizadora.
-Nada, solo pensaba en voz alta. - soltó con tono dulce. - ¿Dónde están los demás? Quería presentárselos al príncipe, pero al parecer van a tener que esperar a la cena.
-La princesa Agnes duerme, dijo que tenía que recargar energías para seguir con los entrenamientos. - conto. - Wave estuvo estudiando el castillo por horas, ya sabe cada uno de los caminos tanto dentro como fuera del castillo. - agrego. - Realmente estaba interesado en conocer el lugar. -
Bevery asintió.
No iba a salir de sus labios.
Aunque quería preguntar dónde se encontraba el chico de cabellos largos, se mordía la lengua para no tener que preguntar.
-Quizás mañana podemos ir al pueblo, quiero recorrerlo y presentarme con la gente. - dijo, apoyando su rostro en la mano. - quiero saber si las cosas cerca del castillo son como en aquel lugar donde estaba el restaurante de las mujeres.
Sabina asintió.
- ¿Por qué ponerle tanta atención a las pocas casas que se encontraban tan marginadas del centro del reino? - cuestiono. - Es mejor simplemente ganarse a la gente de por aquí.
Bevery sonrió débilmente.
-Ellas me salvaron la vida, Sabina. - aclaro. - Por supuesto que hare lo imposible para que su vida mejore. Y no solo la de ellas, la de todos los pequeños pueblos que cruzamos. - señalo.
Sabina asintió.
-Cuente conmigo para cualquier cosa que necesite, su majestad. - una vez más, se inclinó ante la princesa. - Debo ir a prepararme para la cena. - señalo. - ¿Puedo?
Bevery le hizo una seña para que se marchara y una vez más quedo sola en aquel enorme lugar.
Soltó un suspiro mirando el hermoso paisaje, definitivamente debía encontrar la forma para ayudar a todos.
- ¿Que te tiene tan concentrada? - escucho esa voz a su espalda y sus pelos se pusieron de punta.
Aclaro su garganta y se dio media vuelta en su asiento para verle la cara al castaño.
-Gawain. - susurro su nombre.
El chico miraba hacia todos lados en la redonda, buscando algo.
-Esos estúpidos dijeron que te pondrían guardias todo el tiempo mientras yo dormía, claramente no se puede confiar en la gente de Dietrich.
Bevery rodo los ojos y volvió a acomodarse en la mesa, Gawain se sentó frente a ella, sosteniendo la espada en su cintura, como siempre.
-Estoy bien, no ha pasado nada. - respondió, acomodando un mechón de pelo detrás de su oreja. - Además, estuve con Dietrich.
Gawain asintió, perdido en sus pensamientos donde la pareja feliz se había encontrado y esa estúpida esperanza en su interior era asesinada lentamente mientras observaba los brillantes ojos de la chica frente a él.
-Es bueno saberlo. - finalmente dijo, sin muchas ganas de que el tema de conversación girara alrededor del príncipe de Tiamat. - ¿Algo más que deba saber? - arqueo una ceja.
-No lo creo. - suspiro. - Ah, sí. - se acomodó nuevamente en el asiento. - Quiero salir a conocer el pueblo. - pidió. - Hoy no, pero quizás ¿mañana?
Gawain inclino su cabeza, dejando en claro que, si la princesa quería eso, la princesa lo tendría.
-Está bien, puedo preparar los caballos. -
Bevery negó rápidamente, alzando sus manos.
-Sin caballos. - alzo un dedo. - no quiero estar cerca de uno en semanas. - bufo.
-Bueno, siendo que su prometido parece tener cierta admiración con ellos, no creo que puedas salvarte tan fácil. - se burló.
Bevery se permitió perderse en aquella sonrisa burlona que hace días no había visto, al parecer ambos habían bajado la guardia y ahora podían permitirse tener una conversación desde el accidente.
- ¿Conoces a Margary? ¿La duquesa? - cuestiono.
Gawain soltó una carcajada.
-Me sorprende que preguntes. - tiro de los mechones de su rostro. - Una dama muy bonita, pero esta algo…- dejo la frase en el aire, haciendo una expresión que hizo reír a Bevery.
-Lo sé, la conocí hoy. - agrego. - Al parecer está aquí por el casamiento. - frunció el ceño. - ¿Cuánta gente sabe ya de eso?
Gawain pensó unos segundos.
-Bueno, la Reina Porsha se encargó de que todo el mundo se enterara. - explico. - Incluso cuando estábamos en Smaug la gente recibía invitaciones.
Bevery apoyo su cabeza en el respaldo de la silla y dejo escapar un bufido.
-No puedo creerlo. -murmuro. - Ah, ¡tú eres mi testigo! ¿Recuerdas lo mala que era la Reina Porsha conmigo cuando éramos niños?
- ¿Solo contigo? Era una bruja con cualquier persona que se le cruzara. - rodo los ojos.
-Creo que ahora me detesta mas. - reconoció.
- ¿No es lo esperado? Es decir, le robaras a su único hijo y además te quedaras con su puesto, también te odiaría.
Bevery asintió.
-Tengo una cosa más que pedirte. - se acomodó en el lugar, observando fijo al chico.
-Dime.
-Dietrich no está de acuerdo con que siga tomando clases de defensa.
Gawain hizo un ruido molesto.
-Increíble, estuvimos tres horas aquí y ya planea ponerte prohibiciones.
-No importa. - lo interrumpió. - A lo que voy… Quiero que sigamos entrenando en secreto. -
Gawain asintió, algo desconfiado.
No le agradaba para nada que la princesa se tenga que esconder para poder realizar una actividad que iba a ayudarla al momento en el que la guerra pasara.
Eso lo enfadaba desde el fondo de su corazón, nadie podía negarle nada a su princesa.
Ella no había nacido para recibir un no.
En esos momentos tenía ganas de tener una seria charla con el príncipe perdedor.
-Bien, le preguntare a Wave si puede darte las clases. - dijo levantándose y dando una reverencia.
La princesa imito su acción y se colocó frente a él, deteniéndolo al poner su mano sobre aquel varonil pecho.
-Espera un segundo, ¿qué quieres decir? - frunció el ceño. - ¿Wave?
-Ya sabes, sé que esta incomoda a mi alrededor desde el día que nos bes…- quiso completar la frase, pero la mano de Bevery lo interrumpió, callándolo en el acto.
-Ni se te ocurra nombrar eso aquí, Gawain. Mandare a que te corten la lengua. - amenazo.
Si alguien de casualidad escuchaba eso, los separarían y estaría en peligro su matrimonio con Dietrich.
Y con eso, se vendría abajo todo su plan de restaurar la paz en el reino de Amaru.
Amaru era lo único que importaba ahora, no había espacio para besos o problemas de adolescentes normales.
Esto era la realeza, y estaba por contraer matrimonio con una persona que no debía enterarse sobre aquel error.
-Oca, ya que esta incomoda a mi alrededor. - cambio la frase. - Lo correcto será que no esté teniendo contacto físico contigo tan estrechamente como en una práctica de lucha. - dijo lentamente, estaba buscando hacer enfadar a la princesa y lo estaba logrando.
- ¿Eres idiota? Wave ni siquiera se especializa en eso. - se cruzó de brazos, haciendo todo un capricho. - Es una orden, tú me ayudaras. - señalo.
Gawain miro a otro lado, golpeando su mejilla interna con la lengua.
-Estamos en Tiamat, y el príncipe te dijo que no quería que tu entrenaras. - ahora fue él el que señalaba. - ¿Debería ir a decirle?
- ¿Estas amenazándome? - dio un paso más cerca de él, enfrentándolo y metiéndose en su espacio personal. - ¿Acaso te has golpeado la cabeza y te olvidaste quién demonios soy yo?
Gawain se encogió de hombros, con esa pícara sonrisa en sus labios.
-Eres la princesa de Amaru, futura reina de Tiamat. - reconoció. - No seré tu entrenador. Me niego. - termino de decir.
Bevery sonrió histérica.
- ¿Ahora eres tú el que este incomodo en mi presencia? - arqueo una ceja. - Besaste a decenas de chicas antes que yo, y ningún beso te impidió seguir con tu jodido trabajo. - susurro para que la conversación no saliera de ellos dos.
- ¿Fue alguna de esas chicas la princesa? Yo creo que no.- se defendió. - No hay forma en que yo cambie de idea, su alteza. - se inclinó.
-Oh, claro que la va a haber. Solo espera. - murmuro entre dientes antes de que Avery llegara y diera una reverencia.
-Su alteza, la cena está servida.
(...)