El abrazo se rompió segundos después, cuando la reina Porsha hablo:
-¿Tales muestras de afecto en publico? ¿Realmente estos son los futuros reyes de mi pueblo?
Bevery se aparto de los brazos del mas alto para volver a su postura de princesa, bajando la cabeza algo avergonzada.
Odiaba que la reina la pusiera de ese modo, ella ni siquiera era su reina.
Pero no podía hacer ningun escandalo, recién había llegado y como ella había dicho: Era su reino el que estaba en peligro y toda la culpa caia sobre sus hombros le guste o no.
Por lo que solo pudo esconderse detrás de Dietrich.
-Este nunca fue tu pueblo, ni siquiera cuando mi padre estaba vivo.- escupio.- Y mas te vale ni siquiera atreverte a dirigirte de esa manera hacia la princesa. No quieres ponerme de mal humor.- amenazo y puso su mano en la cintura de la princesa, dirigiéndola hacia el patio.
Bevery aun observaba a la reina que volvia a sentarse cómodamente en las sillas del comedor y bebia de su té en paz como si su hijo no acabara de amenazarla.
Al parecer había mas cosas en Tiamat de las que ella no estaba enterada, nunca había escuchado ese tono de voz de Dietrich.
-Perdon por eso, esta muy alterada desde lo del casamiento.- dijo una vez que se encontraban entre los rosales de diferentes colores.
Bevery sonrio y subio su mano hasta acariciar el rostro del mayor.
Ladeo un poco la cabeza y suspiro.
Alli estaba su príncipe de sueños, aquel que podía ayudarla en el momento mas difícil y que estaba dispuesto a compartir su reino para que ella volviera a Amaru.
Amaru ahora dependía también de ese chico y la llenaba de felicidad.
Aquel niño tan noble que ella había conocido, quien siempre buscaba la forma correcta de hacer las cosas, quien siempre estuvo para ella cuando su rodilla se raspaba o cuando no podía recordar todas las leyes de Amaru… Ahí estaba un adulto, de veinte años, Dietrich.
-¿Cómo has estado?- pregunto en un susurro.
-Creo que yo debería estar haciendo esa pregunta.- sonrio.- Han pasado casi tres meses desde tu cumpleaños, debieron haber sido duros días.-
Bevery asintió, abandonando el rostro del chico.
De solo recordar las semanas pasadas, su mente se nublaba y le daban ganas de llorar.
Muchas cosas habían pasado desde la ultima vez que vio esos castaños ojos.
-Lo importante es que ahora estoy bien, estoy aquí contigo.- volvió a sentir los brazos del chico a su alrededor.-
Se permitio apoyar su cabeza en el pecho del mas alto y dar una profunda respiración.
Se sentía como en casa.
Dietrich siempre le había dado esa sensación hogareña, como si todo fuera a salir bien una vez que sentias su dulce perfume.
Pero ahora era diferente, aunque su matrimonio siempre se había hablado entre los reinos, ahora era mas que seguro que ellos serian marido y mujer dentro de días.
Debian preparar todo para la boda y luego las tropas deberían marchar hasta Amaru.
-¿Viste tu cuarto? ¿Te gusto?- cuestiono Dietrich, guiándola por los jardines.
Bevery asintió.
-Es un hermoso dormitorio.- sonrio.- pero, ¿tantos vestidos? ¿Enserio?- arqueo una ceja.
-Por favor, visite el reino de Amaru. Tenias el triple de esos.- señalo.
-Si, pero este no es el reino de Amaru.
Dietrich la observo y pestaño.
-Pero pronto también será tu reino.- agrego.- No podemos permitir que la futura reina no tenga vestidos que lucir.- acaricio entre sus manos un mechon del cabello rubio.
Bevery se movio incomoda en su lugar, tenia una pregunta en su garganta que amenazaba con salir en cualquier momento.
Finalmente, junto fuerzas y abrió la boca.
-¿Qué sucede entre la Reina Porsha y tu? ¿Algo que tenga que saber?- pregunto.
Dietrich permaneció en silencio durante unos minutos, pensando cuales serian las mejores palabras para explicar la situación de su madre.
-Preferiria no hablar de eso aquí.- señalo.- Pero no te preocupes, cuando llegue el momento te contare todo.- convencio.- no tienes que preocuparte por nada.
-Parece que ella me odia, mas que cuando eramos solo niños.- solto una pequeña carcajada.
-Ella no te odiaba tanto cuando eramos niños.
Bevery lo observo incrédulo.
-¡Me hizo bailar sobre tacones altos por horas hasta que aprendi el baile real!- exclamo.-y esa es solo una de las torturas.- se quejo.
Dietrich negó con la cabeza mientras que reia.
-Tranquila, ahora no tiene poder sobre ti.- la calmo.- Me informaron que llegaste con la princesa de Smaug, crei que no te caia bien Agnes.- volvieron a caminar.
-¡Y no lo hace!- dijo.- Pero Gawain acepto y creyo que seria una buena idea traer a alguien de la realeza de Smaug para que presenciara el casamiento.- suspiro.- Estan haciéndome la vida imposible.-
-Asi que Gawain sigue siendo tu guardia real…- alargo, esquivando la mirada de la menor.
Bevery solto un bufido.
Sabia desde el principio que ninguno se soportaba mucho, y que los comentarios comenzarían en cualquier momento.
Pero no se podía deshacer de Gawain, era su guardia real y había prometido dar su vida por ella si era necesario.
Y Gawain nunca renunciaría a dejarla, él nunca abandonaría el puesto por el cual tanto se esforzó.
Asi que no había otra cosa que pudiera hacer, él seguiría a su lado aunque ahora ni siquiera compartían palabra.
Pero eso no podía seguir asi por mucho tiempo mas, en algun momento simplemente iban a tener que sentarse y hablarlo, tenían difíciles tiempos por delante.
Debian unirse.
-Mira, se que Gawain no te agrada y…- intento decir.
-¿Qué no me agrada? Vamos Bevery, tenemos veinte años.- se rio.- Si él esta aquí para servirte, no tengo porque tener una queja.- Bevery suspiro aliviada.- Incluso podemos volver a entrenar juntos.
Bevery sonrio.
-Yo también estuve recibiendo entrenamientos en Smaug.- solto emocionada.- Manejo la espada y estoy tratando de poder defenderme por mi misma.
-Eso es asombroso.- compartio la sonrisa.- Pero ahora ya estas aquí segura, no veo por que seguir con los entrenamientos. ¿no?
-Pero…
-Tranquila princesa, puedes ocuparte de otras cosas. Dejanos esto a nosotros.- le guiño el ojo.
Bevery dio como perdida esa batalla, pero sabría que los entrenamientos tenían que seguir.
Conseguiría la forma de poder seguir con eso.
-Asi que… aun te gusta andar a caballo.- intento cambiar de tema.
Los ojos de Dietrich se iluminaron ante la mención de aquellos animales.
Tomo el brazo de Bevery y la guio hasta los establos reales, donde descansaban algunos de los caballos favoritos del Principe de Tiamat.
-¿No son criaturas fabulosas?- pregunto emocionado.
-Son muy lindos.- contesto Bevery, acariciando a uno de sus caballos blancos.
Dietrich la miro entusiasmado.
-¿Y si vamos a pasear un rato?- cuestiono.
Bevery esquivo su mirada y busco una escusa.
-Dietrich, hace un mes que vengo viajando todo el dia a caballo, hoy tengo que rechazarte.- hizo un pequeño puchero.
El príncipe asintió, entendia el punto de la princesa.
-Bien, bien. Pero la próxima no te podras escapar.- amenazo acompañado de una risa, y comenzaron a caminar de regreso al patio.
Bevery se sorprendio de la cantidad de animales que tenían ahí, se ve que era el verdadero pasatiempo del príncipe y que disfrutaba mucho haciéndolo.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando se encontró con una cabellera azul frente a ella.
Ladeo su cabeza y cerro varias veces sus ojos para ver si estaba viendo correctamente.
Aquellos cabellos azules se despeinaban por el viento y le daban un estilo despreocupado y casi salvaje a la chica que los poseía.
Fruncio la vista, no había visto a esa chica nunca en su vida, y se movia con demasiada libertad en el castillo como para ser solamente una sirviente, además de que no estaba vestida como alguien de la realeza, tenia un jardinero de jean y unas botas marrones que hicieron a Bevery tener ganas de vomitar.
Observo a Dietrich, quien justo en ese momento rodeaba los ojos mientras que la loca de cabellos azules se acercaba hacia ellos.
La chica misteriosa dio una reverencia hacia ambos príncipes, pero su mirada estaba fija en Bevery.
-Wow, los rumores eran ciertos. Eres tres mil veces mas hermosa de lo que dicen los cuentos.
Bevery sonrio al escuchar esas palabras, la chica nuevamente dio una reverencia solo para ella.
-Eres muy amable…- estiro, esperando saber mas de la identidad de la dueña de tal aspecto.
-Me llamo Margary.- sonrio de punta a punta.
Dietrich fingio toser, llamando la atención de las dos jóvenes.
-Margary, es la duquesa de Tiamat.- modulo.- Debes presentarte con tu titulo ante la realeza, Margary.- la reto.
La chica rodo los ojos y puso cara de pocos amigos.
-Como sea.- murmuro.
Bevery estaba sorprendida, el titulo de duquesa era algo muy importante en los reinos, era después de los príncipes quizas la persona con mas poder en el reino.
¿Y era esta chica la que poseía el titulo? ¿Cómo?
Los duques también estaban en contacto con el pueblo, al poseer tierras eran los que tenían a mas gente trabajando para ellos.
Le parecía poco creible que la tal Margary pudiera con todo eso.
-Es un gusto, puedes llamarme Princesa Bevery.- le volvió a sonreir.
El rostro de la peliazul volvió a iluminarse y asintió con emocion.
-Sera un gusto acompañarla hasta la ceremonia de casamiento.- nombro.- Usted puede contar conmigo para cualquier problema que se le presente.- agrego.
-Gracias Margary, eres muy amable.
-Alguien en este pueblo debe serlo.- se encogio de hombros, apuntando al mayor.- No espere mucha amabilidad de este viejo ogro, casi siempre termina gritándole a cualquier persona.- susurro como si Dietrich no estuviera presente.- siempre termino yo siendo la que tiene que soportar sus descargos.- rodo los ojos.
-¡Duquesa Margary!- exclamo Dietrich.
Despues de una pequeña risa picara, Margary termino escapando antes de que el príncipe volviera a gritarle por cualquier estupidez.
Margary era como un espíritu libre que siempre iba de aquí para allá por los pasillos del castillo, no estaba cómoda quedándose en su habitación solo a esperar que el tiempo pasara.
Si iba a estar en aquel lugar encerrada, aunque sea buscaría la forma de divertirse a su manera.
No importaba que tanto eso molestará al príncipe.
Bevery lo observo con las cejas alzadas, algo graciosa ante la situación.
-Se ve que son cercanos.- dijo.
Dietrich negó con la cabeza mientras soltaba un suspiro.
-No puedo esperar hasta la boda para que por fin vuelva a abandonar el castillo.- confeso.
-La boda…- estiro Bevery.- nosotros realmente nos vamos a casar, ¿no?
Dietrich asintió, sintiendo el mismo miedo que la princesa.
Las cosas cambiarian mucho en poco tiempo.
Y ninguno de los dos se sentía realmente con la fuerza para hacerlo.