COMIENZO DEL SEGUNDO ARCO
SER PRINCESA ESTA EN MI SANGRE
El misterioso pueblo ya había quedado atrás una vez que habían vuelto a marchar hacia su destino final.
Los días se habían hecho eternos para todos los que se habían unido a aquella aventura.
Algo había pasado en ese pueblo y se podía sentir en la atmosfera.
La princesa Bevery a penas le dirigía la mirada a Gawain y este, solo le informaba lo justo y necesario antes de volver a hacer sus cosas.
Para personas que habían visto como esos dos se la pasaban molestando al otro, esto era raro.
Bevery tampoco respondía los intentos de pelea de Agnes, quien le irritaba completamente la actitud de la princesa, que ni siquiera se ofrecía para ayudar en nada.
Durante el viaje y más que nunca, la princesa se había puesto a sí misma en un pedestal donde ella reinaba y los que la acompañaban debían obedecer cada una de sus peticiones sin cruzar la línea que ella estaba poniendo.
Ni siquiera la había visto hablar mucho con Sabina, siendo el motivo por el cual se unió a ellos ahora invalido.
Lo que sea que haya pasado el día de la tormenta, pudieron haberlo solucionado durante el camino, pero nada paso y la tensión seguía en el aire.
Ese día se habían levantado más temprano que el resto de los otros días, el sol ni siquiera estaba en su completo esplendor cuando todos estaban alrededor de la fogata disfrutando de un desayuno.
Gawain se paró y llamo la atención de todos, informando que ya quedaban solo horas del reino de Tiamat y que, para el final del día, ya iban a estar dentro del palacio.
Todos se pusieron contentos, finalmente iban a poder descansar correctamente, darse un baño caliente y comer algo más que lo que Sabina podía cocinar con las cosas que encontraba a su alrededor.
Algo dentro de Bevery se removió, si al final del día ya iban a estar en Tiamat, significaba que vería finalmente a Dietrich luego de años.
Ahora no lo vería como esa cruz que tenía inalcanzable, sino como su comprometido.
Era muy extraño todo lo que estaba pasando.
Aun su reino estaba bajo las peligrosas manos de Kreston, por lo que tendrían que apurar el casamiento lo mas rápido posible para poder unir sus tropas y finalmente ir a recuperar su reino.
Que ya no sería solo suyo, sino que lo compartiría con Dietrich…
Muchas cosas habían cambiado en su vida los últimos meses, pero ahora, además de todo eso, se le sumaria el hecho de tener un nuevo marido, un nuevo reino y una nueva rutina diaria.
Era algo para lo cual no sabía todavía si estaba completamente preparada.
Se subió al caballo, tomando una profunda bocada de aire y preparándose para el último tramo antes de finalmente llegar a destino.
Miro de reojo a Gawain, que sostenía la correa del caballo a su lado.
Las cosas estaban incomodas entre ellos, no habían vuelto a tener una charla profunda luego de que él la haya rescatado del accidente.
Y no sabía que tan feliz estaba con eso.
No podía permitir que la gente se enterara que había besado a su guardia, quien sabe que le sucedería a los dos, más ahora que ella está comprometida con el poderoso Príncipe de Tiamat.
Debían mantener la distancia y no dejarse llevar por deseos de solo segundos.
Porque eso es todo lo que existía entre los dos.
Si, quizás sentían cierta atracción física hacia el otro, y eran compatibles al momento de besarse.
Por supuesto.
También estaba el hecho de que Bevery se sentía derretir cuando estaba entre los brazos del mayor.
Pero era ese tipo de pensamientos los que tenía que borrar definitivamente.
No importaba lo dulces que eran aquellos labios.
No volvería a tocarlos.
Sus pensamientos fueron interrumpidos horas después cuando sus ojos comenzaban a pesar, Gawain había frenado los caballos justo cuando la enorme reja blanca apareció frente a ellos.
-Llegamos…- susurro sin ganas, sus piernas dolían como un infierno, pero lo habían logrado.
Estaban ahí.
Wave ayudo a Bevery a bajarse de su transporte y se quitó la capa que cubría su dorado cabello, alzando la cabeza para poder ver el enorme castillo frente a sus ojos.
Sonrió y asintió con la cabeza.
-Llegamos. - repitió y las puertas fueron abiertas para ellos.
Una serie de sirvientes los esperaban formados en fila en el pasillo que los llevaría hasta la puerta principal del castillo.
-Su alteza. - hicieron una reverencia hacia Bevery, que respondió el saludo. - Soy Avery, encargada de que todo salga bien en el castillo. - se presentó.
-Encantada Avery, todos ellos vienen conmigo. - aviso. - La princesa Agnes del Reino de Smaug, Gawain mi guardia real, Wave es uno de mis soldados y Sabina que es una amiga real. - señalo.
Avery les dio una reverencia a todos.
-Déjenos encargarnos de su equipaje y caballos, los llevare hasta el castillo para que puedan acomodarse en sus habitaciones.
Todos asintieron.
Al paso de un rato, Bevery ya estaba instalada en una de las habitaciones más grandes del castillo, recibiendo un caliente baño rodeada de doncellas que la limpiaban con cuidado y le aplicaban cualquier cantidad de cremas para que su piel volviera a ser la misma de siempre.
Al terminar de bañarse, cientos de vestidos la estaban esperando en la habitación, esperando para que ella los eligiera.
Se miró frente al espejo una vez que ya había terminado de ser alistada, había pasado un mes desde la última vez que se había visto en un espejo como una princesa, y sentía un poco de ganas de llorar.
Esa era su verdadero yo, así es como debía estar las veinticuatro horas del día desde el día que nació.
Pero algo no estaba bien, algo en su reflejo no le agradaba y no sabía con exactitud que era.
-Las coronas de princesa no están todavía terminadas, el príncipe Dietrich mando a hacerle una docena, pero aún no han llegado al reino. - explico Avery. - Pidió personalmente que sean decoradas con las piedras más hermosas del universo, para su bella comprometida.
Bevery sonrió algo incomoda, si… Debía ser eso.
La falta de corona era lo que le estaba faltando.
La que le habían dado en Smaug la había dejado en el restaurante del lugar donde casi muere ahogada, era la única forma que tenia de poder pagarle a esas mujeres por haberla ayudado.
- ¿Y el príncipe Dietrich? - preguntó, desde que habían llegado no lo había visto.
Ya quería poder verlo y ponerse al día con todo lo que había pasado, no había otra persona que pudiera entender más la situación que Dietrich.
-Su alteza salió hace unas horas a cabalgar. - informo. - Estoy segura que en cualquier momento llegara. - inclino su cabeza. - mientras, preparamos el té para que pueda descansar de su viaje.
Bevery asintió y siguió a Avery hasta que llegaron al gran comedor, donde la merienda seria llevada a cabo.
Se sentía algo fuera de lugar en el castillo, ni siquiera sabía dónde estarían los demás.
Solo estaba ella sentada rodeada de todos esos diferentes bocadillos con los cuales podía acompañar el té.
El lugar era hermoso, gritaba riqueza y monarquía por donde se le viera. No había tenido oportunidad de ver más en detalle el reino, pero suponía que pronto tendría tiempo para conocer a los pueblerinos.
Pero el castillo era fabuloso, casi sacado de un cuento de hadas.
Las pequeñas decoraciones con oro y plata estaban en cada parte del lugar, incluso en los platillos y la taza que sostenía su mano.
Definitivamente se podía acostumbrar al castillo.
Siendo que ahora, este sería como un segundo hogar para ella en el momento en el que ella y el príncipe se casaran.
Ya quería poder ver a Dietrich, tenía tanto que decirle. Tenían que preparar tantas cosas antes de la batalla contra Kreston.
No tenían tiempo que perder.
Los ruidos de tacones hicieron que levantara la mirada de su fina taza.
Y ahí se encontraba, tan elegante como la recordaba, de pies a cabeza cubierta de las telas más caras de la región, con esa cara de desagrado a cualquier persona que ella creyera inferior.
De pequeña, creía que la Reina de Tiamat tenía algún tipo de maldición, o que se trataba de una bruja.
Más de una vez la había hecho llorar solamente mirándola con mal gusto o insinuando que no era lo suficiente bonita como para ser reina de un reino tan importante como lo era Amaru.
El hecho de que seguramente la reina sabe que pronto ella será no solo Reina de Amaru, sino que la suplantara a ella como Reina de Tiamat, la hizo bajar la taza hasta la mesa y pararse para darle un saludo formal.
-Es un gusto volver a verte Princesa Bevery. - dijo con aquella voz áspera que no extrañaba ni un poco.
-Lo mismo digo, Reina Porsha.
-Siéntate, estás en tu casa de todas formas. - soltó, acompañado de una risa sarcástica.
Bevery volvió a su asiento y la reina se sentó frente a ella, rápidamente una taza de té recién servido estaba frente a su elegante cuerpo.
- ¿Cómo fue el viaje? - cuestiono.
-Bastante tranquilo. - se encogió de hombros. - lo importante es que llevamos todos sanos y salvos.
La reina rodo los ojos, definitivamente no extrañaba para nada a la mocosa que tenía frente a ella. Nunca había creído que ella fuera lo suficiente madura para llevar el título de princesa, y ahora llevaría el título de reina de los dos más importantes reinos.
-Supe lo de Amaru. - fingió tristeza, un musculo se movió en el rostro de Bevery, que trataba de relajarse volviendo a beber del delicioso té. - Me imagino que no debe ser sencillo para ti cargar no solo con la culpa de aquel ataque, sino también de ser la culpable de que Louis este muerto. - escupió.
La mano de Bevery tembló.
- ¿Como…? - intento preguntar.
-Los rumores corren muy rápido entre pueblo y pueblo, princesa. - sonrió maligna. - Todo el mundo sabe que llevas sangre en tus manos.
Bevery abrió y cerro la boca varias veces, intentando formular alguna palabra. Pero estaba perpleja.
El aire comenzaba a faltarle nuevamente y solo quería poder terminar con esa conversación.
Los ruidos de fuertes pisadas resonaron en el comedor y Bevery alzo sus ojos para encontrarse con su salvador.
Aquella sonrisa cálida… Aquellos ojos castaños.
-Dietrich. - susurró, levantándose rápidamente para correr hasta sus brazos.
El chico la envolvió en un abrazo y dejo un pequeño beso en su cabeza.
-Bienvenida, mi reina.
(...)