Problemas

2495 Words
Llegada la hora yo me encontraba impaciente, trataba de estar lo más normal posible, pero mis piernas se movían, no podía estarme quieta, estaba más nerviosa que en los exámenes finales. – Uff Kathe trata de tranquilizarte, es solo un profesor, muuuy sexy y que soñaste con el desnudo, eso no ayuda, basta quédate quieta siéntate derecha y relájate. – Afirmé en mi interior sentándome derecha en mi asiento y apretando las piernas. El señor Carter entró al salón y mi corazón golpeó con fuerza, fue como si estuviera hechizada, llevaba una camisa con pequeños cuadros, con unos cuantos botones desabrochados que podía ver su pecho, unos pantalones color beige oscuros que eran lo suficientemente ajustado como para notar sus fuertes muslos, su perfume era exquisito, sentirlo me hizo sentir cosquillas en el estómago, miré a mi alrededor y no era la única con esa cara de admiración, miré al frente y me encontré con su mirada, era como si solo le importara mi expresión, embozó una sonrisa y se dirigió al pizarrón. Se paró al frente como para dar una noticia. - Bueno chicos, quiero comentarles que en el día de ayer, Kathe y yo tuvimos una conversación y acordamos que ella será la tutora de aquellos que necesiten ayuda, se que es pronto pero ella está encantada de poder ayudarlos y yo encantado con su decisión. – Me miró con una sonrisa y esperando la aprobación de todos, lo que logró con eso es que todas las chicas me miraran con mala cara, con recelo y que algunos chicos chiflaran y gritaran elogios indecentes como si estuvieran satisfechos de que yo pasara tiempo con ellos después de clase. El señor Carter los miró con una mirada que ojalá nuca sea para mí, tenía una expresión de enfado y a la vez de repulsión, se notaba que quería decir más, pero solo llegó a decir entre dientes. – Sean amables con la señorita Kathe, ella los ayudará en sus clases, no les dará una cita, no se comporten como animales. – Y se dirigió a su escritorio sin mirar a la clase para que no notaran su molestia, pero todos los chicos quedaron callados ya que notaron la expresión en su rostro. Por otro lado, yo estaba atónita, tratando de procesar ese extraño momento. Las chicas que estaban en la esquina del salón, que hoy estaban hablando barbaridades de él, me miraban con desprecio, yo por el contrario sentía mucha satisfacción por esas miradas. Solo deseaba que la clase no mal interpretara la situación y creyeran que yo hice esa maniobra de tutorías, para llegar al profesor. Pasaron ya casi las dos horas, todo transcurrió normal salvo alguna mirada por su parte que se notaba avergonzada, como si me hubiera expuesto de algún modo, que en realidad así fue, pero nada que no pudiera manejar, era la más grande de la clase, las chicas me tenían respeto y los chicos como una fantasía, siempre hacían comentarios sobre estar con una chica mayor, como si acaso cambiara algo, era igual que cualquier otra chica, pero solo con saber mi edad ya les hacía creer cualquier cosa y eran tan idiotas que no notaban que los superaba por muy pocos años. Terminaba el día escolar y al sonar la campana todos nos retiramos, mientras caminábamos hacia el estacionamiento las chicas hacían comentarios por lo sucedido en clases de matemáticas, tratando de sacar conclusiones y molestas por no haberles contado de mi charla con él sobre las tutorías, claro que no les dije que Betty ya lo sabía, de lo contrario se enojarían con ambas. Llegamos al estacionamiento y me despedí de las chicas, miré la hora y aún era temprano para ir a trabajar, miré la escuela y ya se habían retirado casi todos, así que decidí ir a los baños y cambiarme más tranquila y asegurarme de quedar presentable para ir a trabajar. Al salir del baño me encuentro con las chicas desubicadas de mi clase, me vieron e inmediatamente caminaron hacia mi, sabía que eso no era bueno y me preparé para pasar por un momento desagradable, las chicas se pararon frente a mi, eran tres, todas ellas rubias y altas, de diferentes color de ojos pero muy bonitas, sus expresiones eran de desagrado y me veían de arriba abajo, ahí fue cuando noté que llevaba mi uniforme, - Mierda! Exclamé en mi interior arrepintiéndome de no haberme cambiado en el auto. – Ellas eran de clase alta y no necesitaban trabajar, sus padres las mantenían y gracias a todos los santos no eran de ir a la cafetería donde trabajaba, no era para ese tipo de personas, así que ellas no tenían idea de donde trabajaba, ni siquiera que trabajaba ya que el año anterior no fue necesario hacerlo. - ¿Que mierda llevas puesto? – Pregunto una de ellas tomando con dos dedos parte de mi uniforme. - No tengo tiempo para esto. – Dije y me abrí paso entre ellas para pasar con la esperanza que lo dejaran así. Pero no fue así. - Una de ellas me toma del brazo y me da vuelta mientras otra me toma el otro brazo, ya sin poder moverme la principal se me acerca, toma mi nombre de mi uniforme y lo arranca con fuerza y lo tira al piso, - No eres más que una simple mesera, que lleva una vida miserable con una familia que tuvo que irse de la ciudad por la humillación. – Exclamó con rabia. La miro incrédula, no sé cómo sabía cosas de mi familia, pero en ese momento no me interesaba saber, yo no era violenta y ellas eran tres, estas situaciones me ponen muy nerviosa y cuando lo hago mi principal expresión es llorar, lo que me imposibilita hablar con claridad para poder defenderme. - ¡Déjenme en paz, suéltenme! Exigí entre lágrimas por la injusticia de la situación y sus palabras. Traté de soltarme, pero cuanto más luchaba sus manos más me lastimaban, sentía como sus uñas se enterraban en mi carne y noté que empecé a sangrar. - ¡Me están lastimando, ya basta! – Volví a gritar esta vez con más fuerza. - OIGAN! ¡Suéltenla inmediatamente! – Escuché una voz masculina y sentí como soltaban mis brazos lastimados y de seguro comenzando a formarse algunos hematomas. - Ella comenzó a molestarnos. – Hablaron al unísono las tres, las miré con rabia, pero sentía tanto enojo y vergüenza que no pude decir una palabra en mi defensa, lloraba y era inútil intentar hablar ya que no se me entendería nada, me quede mirando el suelo sin voltear a ver de quien era esa voz. - ¡Retírense inmediatamente, mañana hablaremos con el director! – La voz sonaba tan molesta que no lograba reconocerla, sentí las mirada de ellas con más odio que antes pero no pude mirarlas, mantuve mi mirada hacia abajo y vi que se iban hablando entre dientes y maldiciendo. - Gracias. – Embocé entre llantos que apenas se entendió lo que dije, levante la mirada y me encontré con el señor Carter, eso me dolió más, que fuera él quien me viera en ese estado, que hubiera presenciado la situación en la que me encontraba más vulnerable y para peor con mi uniforme de trabajo. Comencé a llorar más y con mi mirada hacia abajo corrí hacia el baño, no quería que me viera asi, sentí mucha vergüenza y dolor, sus palabras dolieron pero más me dolió saber que la gente sabe mis problemas familiares y que de seguro andan inventando y sacando conclusiones erradas. - Espera. – Escuche que gritaba pero no hice caso, entre al baño y me senté en el piso en un rincón, omitiendo lo sucios que eran los baños, ya no me importaba, solo quería llorar y desaparecer de ese lugar, apreté mi cara entre mis piernas y no dejaba de llorar. De pronto sentí que unas manos tocaban las mías que estaban sobre mis rodillas, abrí los ojos y él estaba sentado en el piso frente a mi, con una expresión en el rostro de tristeza y a su vez enojo, se notaba que estaba desesperado ya que nada podía hacer. Lo miré y mi llanto se incrementó, creo que estaba en un momento en el que todos mis problemas cayeron juntos y me estaban atacando. Él se levantó y se sentó a mi lado y me abrazó con fuerza, pude sentir su cuerpo cálido junto a mi y su abrazo se sintió como una brisa fresca en verano, no me resistí y deje que me abrazara, él lo noto y me apretó más a él, sentía como su cuerpo absorbía todo mi dolor, poco a poco comenzaba a respirar con normalidad, pero mis lagrimas continuaban cayendo débilmente. Él noto que estaba mejor y aflojó un poco sus brazos, estaba tan cómoda allí que no quería que lo hiciera, quería quedarme así con él para siempre, me sentía segura y logró calmarme sin decir una palabra, solo con su cuerpo, eso era admirable. – Lo siento. – Dije débilmente mirando hacia abajo, estaba avergonzada de la situación y que él estuviera allí conmigo todo el tiempo que estuve mal, quizás tenía cosas que hacer y yo lo estaba entreteniendo. – No tienes nada de que disculparte y por favor ya no llores, no tiene idea de lo mucho que me duele verte de esta forma. – Dijo mirándome a los ojos y pasando su mano en mi mejilla secando una de las últimas lagrimas que iban cayendo. Tome su mano dejándola sobre mi mejilla y cerré mis ojos, era tan agradable sentir su tacto, su piel era suave y cálida, sentía como todo mi cuerpo se estremecía al sentir su piel, pero ya no sentía vergüenza, en ese momento solo quería sentirme bien y él me hacía bien, sentí como mi corazón latía con fuerza era tanta que de seguro él lo escuchaba, noté que su respiración se volvió más fuerte y entrecortada, abrí mis ojos y él estaba más cerca, miraba mis ojos y mis labios como si quisiera besarme, no pude contenerme y me acerque con clara intención de aceptación, él pasó su mano hacia mi cuello acercándome más a él y me besó, fue un beso tierno y delicado, sus labios eran suaves y tiernos, eran deliciosos, su respiración se agitó más y mi corazón se me iba a salir del pecho, paso su otra mano por mi espalda y corrió toda una electricidad por mi cuerpo que me hico hacer un pequeño gemino, eso hizo que me tomara de la cadera y me sentara sobre él, el beso se tornó más intenso, sentía que iba a explotar, mi cuerpo ardía de lujuria cuando sus manos bajaban de mi cadera y no podíamos parar, puse mi mano sobre su pecho y su piel caliente me volvía loca. En un momento recordé lo que había sucedido y no sabía en que momento pasé de sufrir de dolor a estar completamente excitada y lista para arrancarle la ropa. Dejé de besarlo por un momento y tomé aire, abrí mis ojos y me encontré con los suyos, dios era tan hermoso que me mordí el labio, él hizo una pequeña sonrisa de costado y con su mano acaricio mi mejilla suavemente, - Heres muy hermosa, no voy a permitir que te vuelvan a hacer daño. – Dijo con pena y miro mis brazos lastimados, paso un dedo sobre ellos y sentí como su piel quemaba agradablemente la mía, el brazo me dolía pero su tacto era tolerable. – Debo ir a trabajar. – Dije recordando que ya era tarde y de seguro no llegaría a tiempo. Él me ayudó a levantarme y ambos nos pusimos de pie, inmediatamente la situación se puso incomoda y para romper el hielo él hizo una expresión de recordar algo, puso su mano en su bolsillo trasero y sacó el cartel de mi nombre que la bruja rubia me había arrancado, extendió su mano y me lo dio. – Gracias. – Le dije pero con expresión triste, me hizo recordar lo sucedido. - ¿Vas a estar bien? – Pregunto con intención de irse y dejarme sola para que pueda arreglarme. – Si, gracias de verdad, tu abrazo me hizo mucho bien, de lo contrario aún estaría llorando. – Exclame con mis mejillas ruborizadas. Pude notar su expresión de satisfacción, se acercó y beso mi frente de una forma muy tierna. – Llámame si necesitas algo. – dijo poniendo en mi bolsillo trasero una tarjeta. Mi corazón latió con fuerza ya que sus labios quedaron muy cerca de los míos en esa maniobra, mordió su labio como conteniendo las ganas de besarme y con esfuerzo se alejó y salió del baño si antes regalarme una de sus hermosas sonrisas. Me miré al espejo y me asusté, estaba horrible, despeinada, mis ojos y labios estaban inflamados de tanto llorar, mis brazos rojos con arañazos y partes con sangre seca, ya se asomaban los moretones. No podía creer que me hubiera dicho que estaba hermosa en ese estado, sentí mucha vergüenza. Me arregle lo mejor que pude, abri la canilla y lave mi cara y brazos para estar más presentable e ir a trabajar, me iba a tener que poner el saco ya que estos brazos asustarían a los clientes. Salí rápidamente del baño y me dirigí al estacionamiento, solo estaba mi auto y a unos cuentos metros había un coche deportivo, imaginé que sería de él y sonreí. Me retiré lo más rápido que pude, con suerte llegaría unos pocos minutos tarde. Llegué al trabajo 15 minutos tarde, Ihron mi jefe me miró furioso y señaló a todas las personas que estaban en la caja para que me apresurara, deje mis cosas rápido y me puse a trabajar junto a mi compañero, un chico de color que tendría solo unos pocos años más que yo, era apuesto y muy responsable, no sabía mucho de él ya que era nueva y no teníamos tiempo de conversar, pero sabía que tenía un pequeño hijo de 1 año de edad y una esposa hermosa que a veces se aparecía en el café. Llegó la hora de cerrar y como llegué tarde me tocaría a mi ese trabajo, esperé a que todos se fueran y cerré las puertas, ya todos se habían ido menos Ihron que estaba haciendo la contabilidad del día en su oficina, me senté en una de las mesas, estaba completamente agotada y tenía una mezcla de sentimientos, no sabía en cual concentrarme y la tristeza me invadió, me levante rápidamente para ir por mis cosas e irme a casa, me despedí de Ihron que me hizo señas con las manos como que poco le importaba que me iba, quizás ni sabía que estaba todavía, sonreí ya que era una persona mayor, muy gruñona pero en cierto modo me generaba ternura.
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