Llegué a casa agotada y abrumada por ese primer día tan alocado, me puse mi pijama cómodo y me preparé unos pancake para irme a la cama a ver una película, comer y esconderme de mis pensamientos, si me distraía en otra cosa de seguro no pensaría en él, solo recordarlo me estremecía, así que quería quitarlo de mi mente al menos por un rato.
Encendí la televisión, puse una película de esas sobrenaturales, son mis favoritas, me tapé solo los pies y me comí mis pancakes mientras miraba detenidamente, no fue buena idea quedarme acostada con el estómago lleno y cansada, asi que no se en qué momento pero me quedé completamente dormida, entre en un sueño profundo.
Me hacía yo en una habitación, estaba prolija y tenía poca luz, pero podía apreciar que era elegante, miré a mi alrededor y estaba sola, me preguntaba que hacia allí, ya que yo recordaba estar mirando una película en casa, así que deduje que era un sueño, de pronto se abre la puerta de la habitación y no podía creer, era el señor Carter, estaba recién duchado y traía una toalla envuelta en su cintura, su cuerpo estaba húmedo y su cabello revuelto, podía ver su figura completamente marcada y no pude evitar el deseo de tocarlo, di un paso adelante y el me miró con una mirada penetrante y muy excitante, lleva sus manos a la toalla y comienza a quitársela, mi corazón golpea con fuerza y mis nervios se hacen notar fuertemente que me cuesta respirar, abro los ojos y me encuentro en mi habitación, bañada en transpiración y jadeando, - ¿Qué demonios fue eso?.- Exclamé en voz alta, me tome unos momentos para tranquilizarme y respiré profundo, - Valla que si me afecto el día de hoy, y aún me queda todo un año por delante.- Me tape con la frazada hasta la cabeza y me recosté de lado, solo quería que no volviera a ocurrir.
Suena la alarma y salto del susto, joder que he quedado sensible que hasta la alarma logró alterarme, me levanto con pocas ganas y entro a ducharme, el agua caliente hacía que todos mis problemas se esfumaran, estar bajo el agua hacía que quisiera quedarme allí para siempre, se sentía tan bien, de pronto un recuerdo me abordó, el señor Carter recién salido de la ducha, no podía negar que esa imagen era maravillosa, me puse a fantasear que hubiera sucedido si no despertaba, que hubiera pasado si llegaba a quitarse la toalla, no sé cómo hubiera reaccionado, ahora que lo pienso me daba mucha vergüenza, así que terminé mi baño rápido y salí a vestirme. Baje a desayunar y me preparé un café bien cargado, hoy necesitaba estar bien atenta y no despistarme, tomé mi mochila, hoy me tocaba trabajar en la tarde así que no podía quedarme fuera de hora, de lo contrario llegaría tarde y mi jefe, bueno mi jefe es un idiota, pero no puedo perder el trabajo, así que me llevé el uniforme en la mochila por si veía que no me daba el tiempo, me cambiaba en el auto de camino al trabajo, tomé las llaves del coche y salí a la escuela.
Como de costumbre llegué temprano, me tomé mi tiempo para bajar del auto, no veía a las chicas, era raro ellas siempre llegan temprano, recordé el día de ayer y sabía que hoy me lo recordarían, agradecí que no estuvieran y entré a clase, me senté en el salón que en él solo había unos pocos estudiantes, en una punta estaban las chicas más populares, los chicos se morían por ellas y por eso ellas hacían lo que querían con ellos, eran totalmente descartables, pobres ingenuos pensé y comencé a sacar mis cuadernos, no soy entrometida pero algo en su conversación me llamó la atención, estaban hablando del profesor de matemáticas de este año, el señor Carter, puse un mechón de pelo detrás de la oreja para escuchar mejor y agudicé mi oído.
- Vieron lo sexy que es? No pude ser que sea profesor. – Ese hombre tiene que ser mío, no puedo esperar en arrancarle la ropa. – Vieron lo que es su cuerpo, no tiene problemas en mostrar sus músculos, de seguro le gustan las mujeres más jóvenes, las estudiantes. – De seguro debe ser una vestía en la cama.
Siguieron cuchicheando un montón de disparates más, no podía creer lo que escuchaba y empecé a notar como la ira me consumía, estaba furiosa por sus comentarios, eran desagradables y unas promiscuas, no quería seguir escuchándolas hablar así de él, no sabía nada de él en realidad por lo que no entendía el motivo de querer defenderlo, ni siquiera sentía algo por él, si noté que estaba teniendo una fuerte atracción, pero era momentánea, no tenía sentimientos hacia él, así que por que me enojaba tanto, no tenía sentido, una voz me quitó de mis pensamientos y enojo.
- Pero que zorras, como no les da vergüenza hablando de esa forma de un profesor. – Exclamó Cristal al pasar por su lado y cuando me vio me guiño el ojo, ¿Habrá notado que estaba molesta por sus comentarios? No creo, ella ni siquiera sabe que me gusta, valla ni yo se si me gusta.
- Hola chica, te esperamos afuera y no te vimos, cuando notamos que estaba tu auto decidimos entrar, ¿Cómo estás? – Habló Betty con expresión de recordar lo conversado en el día de ayer.
- Bien - dije con voz nerviosa - llegué y no las vi por lo que decidí entrar, ¿Sonia no ha llegado? Pregunté al no verla con ellas, era extraño que llegara tarde, su puntualidad era perfecta y recién era el segundo día de clase como para no venir.
- Sonia tuvo un inconveniente con su auto, llegará un poco más tarde. – Dijo Betty con cara de preocupación.
Llegó el profesor y todos nos sentamos en nuestros lugares, las clases transcurrieron con normalidad y llegó la hora del almuerzo, allí nos encontramos con Sonia que estaba muy molesta.
- Esa porquería que dicen que es un auto siempre me trae problemas, lo llevo a arreglar me cobran fortunas y cuando lo uso está igual que antes, me vieron la cara y me roban la plata. – Bufaba y tenía razón, había invertido dinero en ese auto y ya no valía la pena.
- Deberías cambiarlo, véndelo y cómprate otro, asi ya no tendrás estos problemas. – Dijo Cristal y Sonia asintió poniendo sus dedos en sus cienes por el estrés.
- Kathe hoy tenemos 2 horas de matemáticas. – Comentó Betty en voz baja para que solo yo escuche. La miré y rodé los ojos apoyando mi cabeza sobre mis brazos en la mesa, no sabía si podía tolerar dos horas como ayer, tenía que mentalizarme desde ya para estar tranquila y no recordar, por dios no recordar mi sueño, ya me había sonrojado.