NARRA TESEO.
Las malditas apariencias engañan, y vaya que lo hacen. Uno nunca sabe lo que tiene enfrente, desconoce la vida de quien tiene al lado y no sabe absolutamente nada de quien toma su mano, porque las apariencias siempre engañan.
Caminamos uno a la par del otro mientras nos hacíamos lugar hacia mi oficina. Al llegar a la gran habitación que estaba destinada a mí, la mire y le señale el escritorio frente a nosotros. Su espacio de trabajo era el más grande de los demás, y mi oficina por supuesto la más grande de toda la compañía, mucho más que la de mi padre, ya que la había diseñado yo mismo. Pasaba mucho tiempo en este sitio, es por eso que le había hecho todas las comodidades posibles.
Ella traía una sonrisa en su rostro mientras observaba su nuevo sitio de trabajo, aquello me pareció muy tierno, pero le resté importancia y me di vuelta e ingresé a mi oficina, venía atrasado por aquel inconveniente en ascensor y no me gustaba aquello. Observé el gran ventanal que me permitía ver todo el piso, habitualmente lo cerraba en la mañana, pero esta vez no lo haría, deseaba que mi oficina estuviera más iluminada, si es que a la secretaria le había asombrado su escritorio al ver mío quedaría más que impresionada.
Luego dirigí mi mirada hacia la ventana que daba a la ciudad, la lluvia caía sin descanso y esté era mi paisaje favorito. Debajo de la ventana había una repisa con miles de premios de economía e inversionista, los cuales todos me pertenecían. A su lado un pequeño minibar y detrás de este un sofá de cuero n***o, con una biblioteca de fondo. En el suelo una gran alfombra de piel se encontraba tendida. Nada me hacía sentir más orgulloso que esté sitio, encendí la pantalla led que simula ser una fogata, ya que odiaba el frío, todo lo que ardía era perfecto ante mis ojos.
Camine hacia mi escritorio y tomé asiento mientras veía la gran pila de papeles frente a mí. “Yilmaz company” era una empresa de finanzas y seguridad, lo más importante que teníamos era nuestra reputación, la cual permanecía intacta desde hace décadas. Mi abuelo nos dio un imperio y nosotros debíamos encargarnos de crear todo un reino con él, para que el día de mañana nuestros predecesores tengan la misma fortuna y responsabilidad que nosotros. Esta compañía era mi vida y la trataba con el mismo valor que me trato.
–Permiso, señor Yilmaz –dijo Ruby ingresando a la oficina. Sonreí de lado cuando vi su mirada curiosa observar todo a su alrededor.
–Adelante Ruby –afirmé tomando una lapicera, ya que la veía venir con una pequeña libreta.
Ella me cedió aquella carpeta mientras observaba la pila de papeles en mi escritorio.
–Si me permite puedo organizar estos papeles en orden de importancia –comentó observándolo.
–No creo que haga falta –contesté restándole preocupación, ya que este era mi desayuno diario.
–Si lo hago le facilitará el trabajo, además de que le sobrará tiempo para poder prepararse para la junta de las 10 am –comentó.
–¿Lo conseguiste? –pregunté sorprendido, por el hecho de que apenas habíamos llegado y ella ya había los había llamado.
–Así es señor, los inversionistas de “All Blue Stoke” estarán aquí para las 10 am como pidió –respondió ella orgullosa, mientras continuaba desviando su mirada por todo el sitio, sus ojos brillaban.
Servicial y efectiva, ¿acaso había contratado la secretaria perfecta?, aún era muy pronto para saberlo, puesto que todos trabajamos bien el primer día, pero eso debía mantenerse.
–Al parecer eres buena como secretaria, pero no lo suficiente como cafetera –respondí mirando mis manos vacías.
–Lo siento, lo olvidé, café n***o sin azúcar – contestó nerviosa.
Reí por lo bajo mientras firmaba la ficha que me había entregado.
–Pide que te lo traigan, de esa manera nos aseguraremos de que no te quedes encerrada en el ascensor, de nuevo –comente sin mirarla. ¿Por qué me encontraba tan divertido esta mañana?, si hubiera sido cualquier otra joven ya estaría gritando por su actitud, pero quizás por ser el primer día se lo perdonaría.
–Es una buena idea, ya que no deseo desaparecer en mi primer día y darle una excusa para despedirme –contestó graciosa.
Esto no era nada ético, pero ella coqueteaba conmigo y yo no podía desperdiciar aquel juego, además quizás era el único día que la vería, ya que estaba de prueba y eso me daba más placer que su eficiencia.
–Estaba pensando que tal vez nos quedamos atrapados por tu culpa, ya que nunca antes me había pasado, ¿te has puesto a pensar que quizás traes mala suerte? –pregunté levantando mi mirada y me encontré con Ruby entristecida.
–Solo bromeó –aseguré mientras ella simulaba sonreír. Esta joven realmente era muy débil y debíamos tratar ese lado, este negocio es para personas fuertes, de otro modo todos te pasan por alto. –Antes de llegar te vi en el estacionamiento discutiendo con tu pareja… –comencé a decir ella abrió sus ojos preocupados. Iba a hablar, pero la interrumpí. –Si quieres el trabajo, Ruby. Eso no puede volver a pasar, todos los ojos siempre estarán sobre ti y es importante que vean a alguien digno de compañía Yilmaz –afirmé
–Él… –llegó a acotar, pero volví a interrumpirla.
–Lo que les suceda se arregla puertas adentro, nunca en público –afirmé desviando mi mirada. –Puedes irte – terminé de decir un poco molesto, para mí no era sorpresa aquello, ya que este era mi habitual comportamiento, pero ella se sorprendió por esto y simplemente bajo su mirada.
–Sí, señor –contestó ella sin intentar defenderse, ya que había captado que no me interesaban sus excusas. Tomó la pila de papeles y se fue.
Volví a desviar mi mirada al trabajo e intenté concentrarme, pero cada vez que hacía algo parecía interrumpirle, la lluvia, el teléfono y ella.
–Permiso, señor Yilmaz, traje su café –dijo de repente llamando mi atención. Suspiré rendido sabiendo que mi concentración no se encontraba conmigo justo ahora, por lo que deje de lado lo que me encontraba haciendo y desvié mi mirada hacia ella.
–¿Qué tal va tu día? –pregunté desviando mi mirada hacia la puerta abierta, y observando cómo comenzaban a ingresar los demás.
–Apenas llevo unos minutos, pero todo va bastante bien, estoy intentando organizar su reunión de las 10 am –confesó, levanté mi mirada sorprendido.
–¿Intentando? –pregunté mientras negaba. –Creí que mi antigua secretaria te había informado todo, con eso debería ser suficiente para que no intentes sino que hagas–aseguré.
–Camila no tenía demasiada información al respecto, por lo que estoy repasando todo y mejorándolo –fue sincera. Desvié mi mirada hacia los papeles, y luego la regresé a ella.
–Trae lo que tengas y siéntate –dije señalando la silla frente a mí. –Haremos esa reunión juntos, son unos inversionistas importantes y no puedo permitir que lo arruines. Uno no tiene intentos en los negocios, porque no puede fallar, solo triunfar y solo hay una oportunidad para eso. Ahora ve y trae toda la información que tengas –dije señalando la puerta.
–Entiendo. Eso haré, señor Yilmaz–dijo humectando un poco sus labios y llamando profundamente mi atención.