A la mañana siguiente, desperté con un dolor de cabeza insoportable, de esos que son imposible hacer desaparecer con una aspirina, ni con dos, ni tres, por lo tanto, también estaba de malhumor, estresada y ansiosa por regresar al fin a mi hogar, a mi trabajo, a mi zona de confort. No soportaba estar un segundo más en esta ciudad. El vuelo salía en unas horas y aún me faltaba terminar de guardar algunas cosas en mi maleta y cada vez, se me hacía imposible terminar de empacar sin la ayuda de nadie, iba a volverme loca con tantas cosas a la vez, teniendo a Tristán a mi lado, parloteando e insistiendo en que quería ver de nuevo a su tío idéntico a "Ales", para jugar en su silla de ruedas; revisando la respuesta de los abogados de las Lancaster, afirmando que ya se había he

