Aquella petición le tomó por sorpresa a todos. A Julián emocionaba de que la mujer que sería la esposa de su primo se llevara también con la mujer que a él le llamaba la atención y a la cual él quería convertir en su novia. Cristina no sabía qué responder ante aquella petición. Por una parte, sentía de que sería muy descortés de su parte no aceptar, pero por la otra sentía que sería como estar la traicionando el hecho de aceptar sabiendo lo que había sucedido entre ella y su prometido.
—Mariana, tu petición me toma por sorpresa, me siento muy alagada, el hecho de que me consideres una buena amiga y que quieras que sea parte de tu día especial me conmueve mucho, aunque no sé si podría cumplir con un papel tan importante.
—Yo estoy segura de que podrás cumplir a la perfección con tu papel de dama de honor. No sentiría mal si no aceptas mi propuesta.
Cristina no sabía qué hacer debido a que ella se sentiría mal, ya sea si acepta o no ser la dama de honor de Mariana. Al final decidió que era mejor que se sintiera mal solo ella y no hacer sentir mal a Mariana haciéndola pensar que ella no la valoraba y consideraba una buena persona para ser su amiga.
—Lo he pensado y acepto ser tu dama de honor.
Mariana se sintió muy feliz al escuchar a Cristina decir que aceptaba ser su dama de honor, es por eso que se levantó de su asiento y se dirigió hacia el asiento de Cristina para darle un fuerte abrazo.
—No sabes lo feliz que me haces. Por un momento pensé que había sido una indiscreción de mi parte el pedirte que fueras mi dama de honor. Me da tanto gusto que hayas aceptado compartir la organización de este día tan especial junto conmigo.
Cristina abrazó a Mariana y le dijo que para ella sería un honor el acompañarla en todo el proceso que se encuentra viviendo en ese momento. En eso estaban cuando Roberto las interrumpió.
—Me da gusto que encontrarás una persona que pueda apoyarte en todo este proceso de la boda, pero es hora de irnos, tengo algunos compromisos.
—Amor, tienes toda la razón, se nos ha hecho tarde —dijo Mariana a Roberto.
Antes de irse con su amado, Roberto; Mariana volteó hacia donde se encontraba Cristina para recordarle que al día siguiente tenían que verse para ir en busca de su vestido de novia.
Luego de que Roberto y Mariana se fueron, Cristina se levantó de la mesa debido a de que ya era un poco tarde y necesitaba regresar a la oficina.
—Fue un gusto haber compartido este tiempo junto con ustedes, pero es momento de que regrese al trabajo.
—Espérame un momento, te recuerdo que se vinieron conmigo, así que lo menos que puedo hacer es llevarlas de regreso hacia la oficina —le dijo Julián.
—No es necesario, pedimos un Uber y asunto solucionado, imagino que tú tienes cosas que hacer y no me gustaría seguirte atrasando.
—Para mí no es ningún atraso.
Aunque Cristina quería evitar que Julián la llevara de regreso hacia la oficina, sintió mucha pena, ya que él la había apagado la comida y no quería hacerlo sentir mal si se negaba que él la llevara.
Julián las dejó en la entrada del edificio, debido a que él tenía cosas que hacer. Raquel subió junto con su amiga hacia su oficina para poder platicar un poco con ella.
—Amiga, no puedo creer que hayas aceptado ser la madrina de Mariana, ¿estás loca?
—Tienes que entenderme, no podía hacerle el feo, ella fue muy amable y el hecho de que me haya considerado para algo tan importante, es un honor.
—Creo que no necesito recordarte que tú te encuentras enamorada de su prometido y por esa sencilla razón no deberías haber aceptado ser su dama de honor.
Cristina era consciente de que lo que su amiga le estaba diciendo era cierto, ella aún tenía sentimientos por Roberto y eso la ponía en una situación algo complicada, debido a que, por una parte, no le gustaría ver como el hombre que ella considera su gran amor se casa, pero por el otro siente un gran compromiso sobre todo después de la manera tan amable de como Mariana se ha estado comportando con ella.
—Roberto es un amor prohibido, el ayudar a Mariana con los preparativos para su boda, debe de ser un regreso a la realidad para mí, estoy segura de que eso ayudará a que me olvidé de él más pronto.
—Si me preguntas a mí, tengo mis dudas con respecto a tu teoría, aunque si estás decidida a olvidar a Roberto y dejar que Mariana sea feliz junto con él, considero que deberías de pensar en darle una oportunidad a Julián, se nota a kilómetros que ese hombre está derritiéndose por ti, y estoy segura de que si tú le das una oportunidad, él hará todo lo que esté en sus manos por hacerte feliz.
—Puede que tengas razón, pero no quiero darle una oportunidad solo por olvidarme de su primo, considero que eso es algo injusto para con él.
—Podrías comentarle la situación, obviamente no con lujo de detalles, pero si le puedes hacer ver que tienes sentimientos por alguien más y que no le puedes prometer por estos momentos amor, pero sí puedes comprometerte a darle una oportunidad para conocerlo e intentar darle tu corazón.
Las palabras de su amiga hicieron eco en la mente de Cristina, debido a que, siendo sincera con ella misma, debía admitir que Julián no le era del todo indiferente.
—Por el momento solo me concentraré en el trabajo y en ayudar a Mariana con la preparación de su boda.
—Amiga, te conozco y sé que mis palabras han hecho efecto dentro de ti, te pido que no te cierres y que le des una nueva oportunidad al amor.
Luego de eso, Raquel se despidió de su amiga, para dejarla trabajar.
Cuando por fin se quedó sola, Cristina se puso a trabajar, ella quería dejar de pensar en todo lo sucedido durante el almuerzo.
Luego de una tarde ajetreada llena de mucho trabajo, Cristiana se preparó para salir hacia su casa. Luego de cerrar su oficina se encontró con la licenciada Juliana, quien también se encontraba saliendo de su oficina.
—¿Cómo estuvo tu día? —le pregunto.
—Bastante interesante, estoy trabajando en algunos casos un poco complicados.
—Estoy segura de que sabrás llevar el trabajo a buen terminó.
Cristina se emocionaba al escuchar que la licenciada Juliana confiaba en ella y en su trabajo.
—¿Qué te parece si vas a cenar esta noche a mi casa?
Cristina dudó un poco en aceptar, debido a que ella era consciente de que Julián se encontraría ahí.
—No sé si estará bien, imagino que usted quiere pasar tiempo con su hijo luego de que paso algunos días de viaje.
—Estoy segura de que él no tendrá ningún problema en que tú compartas la mesa junto con nosotros esta noche, además así aprovechan a pasar tiempo, conocerse más, estoy segura de que ustedes dos pueden llegar a ser grandes amigos.
Luego de la manera tan amable en la que la licenciada se ha comportado con ella desde que llegó, no podía negarse a asistir a una cena con ella.
—Me parece bien, ¿a qué horas debo de llegar?
—No tienes que preocuparte por eso, mi hijo puede ir por ti, él vive cerca de donde tú vives, así que no será problema un problema para él.
—Le agradezco, pero no me gustaría causarle molestias.
—No será molestia alguna, te lo aseguro.
Luego de eso la licenciada Juliana salió hacia su casa, por su parte Cristina llamó a su amiga Raquel para comentarle lo que había sucedido de camino a su casa.
Llamada de Cristina a Raquel
Cristina: Como te digo, no me quedo de otra más que aceptar la invitación de la licenciada y el hecho de que Julián vaya por mí.
Raquel: No me digas que no te gusta esa idea.
Cristina: Aunque no me lo creas, no me agrada esa idea, no quiero que él comience a hacerse ilusiones conmigo.
Raquel: Eso no tiene nada de malo, además estoy segura de que para él será todo un placer el llevarte hacia esa cena en casa de su madre, no tienes nada de que preocuparte, bueno si hay algo de lo que te debes preocupar y eso es ponerte hermosa para esta noche.
Cristina: Tú como siempre viendo todo tan fácil.
Raquel: Amiga, lo veo así, por qué es así. El tipo no tiene culpa de haberse fijado en ti, tu amor platónico está próximo a casarse y es más, tú ayudarás a su futura esposa con los preparativos. Así que debes de dejar de ver a ese hombre como un prospecto para ti y abrirte a nuevas opciones en tu vida.
Luego de eso Cristina se despidió de su amiga, ya había llegado a su casa y quería estar lista para cuando Julián pasará por ella, algo dentro de ella le decía que debía hacer caso a las palabras de su amiga y darle una oportunidad a Julián, como dicen un clavo saca otro clavo, pero otra parte de ella es consciente que nada le asegura que puede llegar a sentir algo por él y no quiere terminarlo lastimando.
Como todo buen caballero, Julián asistió justo a tiempo por Cristina, cuando la vio salir de su casa le tiro un alago. Ella se veía increíble y él se derretía por ella.
Mientras iban de camino hacia la casa de la licenciada Juliana, Julián comenzó a hacerle plática a Cristina.
—Cuéntame ¿Qué tal has estado?
—Muy bien, gracias por preguntar. ¿Y tú qué tal has estado?
—De maravilla, más ahora que he podido verte dos veces en el mismo día, creo que podría acostumbrarme a esto. Por cierto, me contó mi madre que fuiste con ella a la fiesta de compromiso de mi primo, ¿Qué tal estuvo?
—Todo estuvo muy bien, la verdad fue una fiesta muy linda, todo muy elegante, los novios se veían muy felices —le dijo con una sonrisa forzada en el rostro.
Cristina siente que no puede decirle la verdad, que en realidad esa es la fiesta más triste e incómodo a la cual ha asistido desde que tiene uso de memoria, no podía confesarle sus verdaderos sentimientos, ella está convencida de que nadie más debe saberlo, que es mejor que se quede como un secreto solo entre Raquel y ella.
—Me alegra que te haya gustado la fiesta, que te hayas divertido en ella, aunque mi primo y yo peleamos mucho, la verdad es que lo estimo mucho y lamento haberme perdido su fiesta de compromiso, hubiera sido genial poder asistir con mi madre y contigo a esa fiesta, te hubiera sacado a bailar.
—Creo que te hubiera quedado mal, ya que soy pésima bailarina, después de la primera canción me hubiera rogado porque nos sentáramos —le dijo riéndose.
—Yo pienso que exageras y si no es así, créeme que hubiera sido el hombre más feliz porque hubiera estado bailando con la mujer más bella de la fiesta.
—Agradezco tus palabras, pero estoy segura que hubieras terminado arrepentido de haberme invitado a bailar —le dijo con una amplia sonrisa en su rostro.
En eso llegaron a casa de la licenciada Juliana, ella estaba muy feliz de poder contar con la presencia de ambos en su hogar, ella lo que más deseaba en ese momento es que ellos dos pudieran terminar juntos, ella había notado que su hijo esta interesado en Cristina y ella le parecia una excelente mujer.
Durante la cena Cristina le comentó a la licenciada Juliana, sobre el hecho de que había aceptado ser la dama de honor en la boda de Mariana y Roberto.
—Me da tanto gusto que te hayas hecho amiga de la futura esposa de mi sobrino, estoy segura de que esa boda será todo un exito.
—Yo haré todo lo que pueda para que ella disfrute de cada uno de los preparativos sin preocuparse demasiado, aunque me preocupa un poco el hecho que tendré que pedirle permiso para faltar ciertos días algunas horas a la oficina.
—Por eso no tienes que preocuparte, solo me avisas con tiempo y cualquiera puede encargarse de la oficina mientras no estamos.
A Cristina le daba algo de pena, sentía que la licenciada era demasiado buena con ella, sin tener mucho tiempo en la oficina le da muchos permisos y hasta la había llevado a una fiesta familiar.
Luego de la cena, Cristina ayudó a la licenciada Juliana a limpiar la mesa y a Julián a lavar los trastes.
—No era necesario que nos ayudarás, tú eras nuestra invitada está noche.
—A mí no me costaba nada ayudarles, además fue un gusto poder colaborar con ustedes.
Después de decir aquellas palabras tanto Cristina como Julián se despidieron de la licenciada Juliana.
Al llegar a su casa Cristina agradecio por su amabilidad a Julián, cuando ella se disponía a bajar del vehículo él la detuvo.
—Espera un momento, antes de que te bajes me gustaría hablar algo contigo.
—Claro —respondio ella, cerrando la puerta.
—No me siento orgulloso de la manera que lo haré pero ya no puedo más. Desde el primer momento en que te vi no he podido dejar de pensar en ti y el hecho de que fuera el día de hoy a la oficina no fue ninguna casualidad, mi madre ya me había comentado que no estaría ahí ya que estaría en un juicio, te mentí cuando dije que había ido a verle a ella, lo que realmente quería era hablar contigo y confesarte que me he enamorado de ti, pero debido a que te encontrabas con tu amiga y luego nos encontramos con mi primo su prometida no pude decirtelo.
Cristina se quedo sin saber que decir, ella no esperaba una confesión de su parte, al menos no por el momento, aquello la dejo sin palabras.