El beso de Julián tomo por sorpresa a Cristina, no supo como reaccionar. Al ver que ella no realizo ninguna acción, Julián se apartó apenada.
—Disculpa, siento que fue un poco atrevido de mi parte, comportarme de esta manera, tú en ningún momento me distes pie para besarte, pero es que desde que te vi despertaste algo dentro de mí que no pude resistirme al tenerte tan cerca.
Ella sigue sin reacción alguno, eso es algo que preocupa a Julián.
—Dime algo o golpéame si eso te hace sentir mejor.
Esas palabras hicieron que ella reaccionará.
—No te golpearé, solo te pediré amablemente que no me vuelvas a besar sin mi consentimiento.
El escuchar esas palabras hizo que Julián se encogiera de hombros.
—Tienes toda la razón, fui muy impulsivo y no tengo ningún derecho para besarte de esa manera.
Al ver lo arrepentido y apenado que se encontraba Julián, Cristina decidió bajarle a su enojo un poco.
—¡Vamos! Hay que dejar esto aquí, te disculparé debido a que eres un buen besador y que me has traído a casa a pesar de lo cansado que estoy segura, te sientes debido a tu viaje. Te propongo algo, entremos a mi casa, mientras llamamos a un taxi que venga por ti.
La actitud de Cristina solo consiguió que Julián se sintiera mucho más atraído por ella.
Mientras se encontraban esperando a que llegará el taxi para Julián, comenzaron a platicar un poco. A ella le gustaba la manera en que Julián se refería a su madre, se notaba el gran amor y adoración que tiene por ella.
—Ella es una guerrera, eso de tener que sacar a un hijo adelante sola y hacerlo tan bien debe ser digno de admiración.
—¿Tus padres se divorciaron?
—No, mi padre murió cuando yo era un niño pequeño. Desde ese día mi madre se ha hecho cargo de mí y como puedes ver hizo un excelente trabajo.
Cristina, lamento escuchar eso, a pesar de las discusiones con su padre, lo ama profundamente y no puede imaginarse la posibilidad de crecer sin tenerlo a su lado. La manera en la que Julián la mira le hace ser impulsiva, se acercó hacia él y le dio un fuerte abrazo, algo en su interior la hizo sentir que es lo que él necesitaba en esos momentos, aunque luego no sabía el necesitado, era él o ella, cuando sus brazos la rodearon, deseo que ese momento durará para siempre. Estaban sumergidos en ese instante cuando un claxon los sacó de ese momento.
—Creo que tu taxi ha llegado —dijo ella con un poco de lamento.
—Así es, nuevamente te agradezco por todo lo que hiciste hoy por mí, espero verte pronto nuevamente, eres una persona increíble.
Cristina, lo acompaño hacia la puerta, la cual cerro hasta que vio el taxi partir, una extraña sensación se despertó dentro de ella.
>, pensó mientras se dirigía hacia su habitación.
Aunque Cristina está segura que sus sentimientos por Roberto continúan dentro de ella, tiene que admitir que también Julián despertó algo especial, con su calidez.
Algunos días pasan, ella no ha vuelto a ver a Julián y mucho menos a Roberto. Este día su amiga Raquel ha quedado de pasar por ella a la hora del almuerzo para poder comer juntos, debido a que desde que su amiga comenzó a trabajar casi no tiene tiempo para salir.
Mientras Cristina se encontraba redactando unos documentos, llamaron a su puerta, ella se encontraba de espalda a la puerta, debido a la hora pensó que se trataba de su amiga Raquel.
—¿Desde cuándo tan puntual? Estaba esperando almorzar a eso de la una.
Se llevó una gran sorpresa al escuchar la voz grave que respondió a su pregunta.
—Yo siempre soy puntual, no sabía que me estabas esperando ansiosa para que fuéramos a almorzar, tienes suerte cancele todas mis citas de esta tarde.
En eso Cristina volteo su silla y miro a la persona que se encontraba detrás de ella, definitivamente no se trataba de su amiga.
—Disculpa, es que estoy esperando a mi amiga.
En eso Raquel ingresa a tu oficina.
—¡Buenas tardes! Espero no estar interrumpiendo nada importante.
Cristina pone sus ojos en blanco al escuchar el comentario de su amiga, la conoce muy bien y está segura que ha quedado impresionada por Julián, eso la hace sentir un poco incómoda, no podría imaginarse a ella y a su mejor amiga, enamoradas del mismo hombre.
—Es una lástima darme cuenta de que la Lic. Ya tiene planes para almorzar. Será mejor…
En eso Raquel lo interrumpe antes de que se marche.
—No veo ningún inconveniente en que nos acompañes, considero que un par de mujeres podrían necesitar la compañía de un hombre como tú, para no sentirse tan intimidadas mientras caminan por estas peligrosas calles.
Cristina se sintió un poco incómoda ante la insinuación de su amiga, a ella no le desagrada Julián, pero el hecho de que él la hubiera besado el día en que se conocieron aún la tiene un poco desconcertada, él provocó que sus sentimientos se confundiera.
—Si Cristina no tiene inconveniente alguno, yo encantado, las acompaño —dijo Julián, con una amplia sonrisa en su rostro.
Cristina sintió que se vería mal si lo rechazaba, es por esto que decidió aceptar que las acompañará a almorzar.
—Si tienes tiempo libre, está bien que nos acompañas a almorzar.
Julián se emocionó al escuchar aquellas palabras. Él estaba pensando en que ella no iba a querer seguir conviviendo con él, después de lo sucedido el primer día en que se conocieron, aunque eso no le iba a impedir que él intentará buscar su perdón, le dio esperanzas el hecho de que no hubiera sido necesario, le hacía sentir que a ella no le era tan indiferente él.
Salieron hacia un restaurante que se encontraba muy cerca de la oficina de la licenciada Juliana. Pidieron una mesa y la camarera los acompaño hacia el lugar que les habían asignado. Cristina se encontraba un poco confundida acerca de sus sentimientos. Ella estaba segura de que seguía enamorada de Roberto, pero al mismo tiempo estaba comenzando a sentir cosas por Julián o eso lo hacían sentir las acciones que estaba tomando. El beso que le dio Julián el día en que se conocieron, hubiera tenido mayor impacto negativo en ella, si se lo hubiera dado otra persona, ya que ella nunca ha sido una mujer que le guste dejarse besar por cualquiera y menos sin su consentimiento. Esa y otras actitudes estaban haciendo que ella comenzara a sentir que probablemente Julián le atraía más de lo que ella quería admitir.
Mientras estaban esperando a que le llevaran su comida, dos caras familiares aparecieron en aquel restaurante, se trataba de Roberto y su prometida Mariana. Mariana al ver a Cristina se emocionó demasiado y le pidió a Roberto que la acompañara a saludarla. Ella recordaba con mucho cariño como Cristina le dio ánimos el día de la fiesta de su compromiso, luego de que ella escuchara todo lo que las personas pesaban acerca de su compromiso.
—Amor, deberíamos ir a saludar, ahí se encuentra tu primo junto con Cristina.
Roberto se sorprendió al escuchar a su prometida pronunciar el nombre de Cristina, ya que según él ellas dos no se conocían. Y eso era debido a que Mariana no había querido contarle a su prometido lo sucedido aquella noche. Eso hizo que él les conociera el hecho de que esto se conocían y que Cristina había apoyado a su ahora prometida.
—¿De dónde se conocen ustedes dos?
—Nos conocimos el día de nuestra fiesta de compromiso.
—Bueno, pero considero que sería un poco inoportuno que nosotros nos acerquemos en este momento, ellos se encuentran acompañados.
—No creo que se molesten, además solo iremos a saludarlos, no es como que nos vayamos a quedar platicando con ellos toda la tarde.
Aunque Roberto se sentía un poco incómodo al tener que ver a Cristina, accedió a la petición de Mariana debido a que pensó que ella vería muy extraño, que no quisiera acercarse a saludar a su primo y a la colaboradora de su tía.
Antes de que ellos llegaran a la mesa, Cristina logró verlos, esto hizo que su corazón comenzara a palpitar rápidamente. A pesar de que estaba convencida en que Roberto era un amor perdido, eso no quitaba el hecho de que ella todavía sintiera cosas muy fuertes por él y que su corazón palpitará velozmente cada vez que lo veía. Cuando por fin llegaron a la mesa, Mariana rápidamente saludó a Julián, seguidamente se acercó y le dio un fuerte abrazo a Cristina.
—Me da tanto gusto el volverte a ver. No sabes lo agradecida que me encuentro por lo que hiciste por mí la noche de nuestra fiesta de compromiso.
—No tienes nada que agradecerme, tú te merecías una velada especial y me alegra que mis palabras hayan colaborado a que así fuera.
Roberto se quedó parado sin saber qué decir o hacer. Él no estaba al tanto de que ya todos se conocían y mucho menos de que se llevaran tan bien. En eso a Raquel se le ocurrió hacer una maldad y es así como le pidió a Roberto y Mariana que se quedarán a comer con ellos. Ella está más que segura que será un momento incómodo para Roberto luego de todo lo que sucedió con su amiga y que obviamente su prometida no sabe.
—Deberían de quedarse a comer junto con nosotros. Podemos pedir la carta nuevamente para que ustedes puedan ordenar su comida y mientras esperamos a que venga podemos platicar un poco.
—Te agradezco mucho la oferta, pero considero que mi prometida va a querer que nos sentemos en otra mesa, para tener privacidad.
—Amor, considero que después de nuestro matrimonio vamos a tener mucho tiempo para nosotros dos solos, creo que es bueno que podamos convivir un poco con ellos —le dijo a Roberto, luego volteó hacia Raquel y le dijo— Con mucho gusto nos sentaremos con ustedes.
A Roberto no le quedó más remedio que sentarse en la misma mesa donde se encontraban su primo, Raquel y Cristina.
Aunque no lo había hecho a propósito, aquella invitación también hizo sentir a Cristina incómoda. Ella aún estaba batallando con la idea de ver a Roberto casado con otra mujer y el hecho de que esa mujer fuera tan encantadora complicaba aún más las cosas.
Mariana encontró rápidamente un tema de conversación, ella se encontraba tan entusiasmada con su boda que comenzó a comentarles todos los detalles que llevaban adelantados sobre el gran evento. Lamentó un poco el no tener muchas amigas cercanas para que la ayudaran con todos los preparativos. Esto debido a que su padre siempre la mantuvo bajo muchos cuidados y es por esto que jamás asistió a un colegio, siempre tuvo clases particulares y en los eventos sociales nunca ha sabido encajar de manera correcta. Mariana veía a las mujeres de su círculo, como unas interesadas, no la veía como personas sinceras, siempre dándose besos en la mejilla y hablando mal entre ellas por la espalda. Hasta el momento a la única persona que ella había sentido como alguien cercano y lo más parecido a una amiga era Cristina es por eso que mientras se encontraban platicando y compartiendo aquella tarde a Mariana se le ocurrió preguntarle algo que dejaría a todos callados.
—Cristina, sé que tenemos poco tiempo de conocernos, y pueda que mi pregunta te resulte un poco incómoda, espero que me comprendas y no tomes a mal mi petición.
Esa introducción solo hizo que Cristina se preocupara un poco, al mismo tiempo Raquel comenzó a pensar que no fue tan buena idea el hecho de dejar que yo entonces sentaran junto con ellos en la mesa.
—Si dime —contesto temerosa Cristina.
—Quisiera saber si ¿Te gustaría ser mi dama de honor?
Luego de que Mariana hiciera aquella pregunta, un silencio incómodo se hizo presente en aquella mesa.