Cristina se quedó sorprendida al ver a la prometida de Roberto luego de salir del baño, ella se sintió muy apenada, después de darse cuenta de que ella
—¿Necesitas que te ayude en algo?
—No necesito ayuda, me encuentro bien.
A pesar de lo que ella se encontraba diciéndole, Cristina sabía que no se debía de encontrar bien luego de todo lo que había escuchado.
—Sé que no me conoces, pero quiero que sepas que puedes contar conmigo.
A pesar de que Mariana no conoce a Cristiana, sentía de que es una persona en la cual ella puede confiar y es por eso que decidió tomarle la palabra y platicarle un poco sobre lo que está sucediendo.
—Espero no estarme equivocando contigo, pero creo que tienes razón, necesito hablar con alguien en estos momentos, siento que ya no puedo más con la presión.
Cristina se sintió genuinamente empatizada con ella, no comprendía bien lo que estaba sucediendo, aunque sentía que ella era una víctima de la situación.
—Aunque no quiero admitir ante mi familia, la verdad es que no me gusta el tenerme que casar de esta manera con Roberto. No quiero que me malinterpretes, yo lo amo demasiado, podría decir que él es el amor de mi vida, pero soy consciente de que él no siente lo mismo por mí. Aunque es muy lindo conmigo, algo me dice que mis padres están haciendo que los de él lo obliguen a casarse conmigo y los comentarios y rumores que recorren los pasillos, hacen que mis dudas sean casi confirmadas.
—¿Crees que él sería capaz de casarse contigo solo por dinero o por qué sus padres se lo pidan?
—Por dinero no sería capaz de hacerlo, él es un hombre independiente que tiene buenos ingresos y no necesita del dinero de mi familia para poder mantener su estilo de vida, pero hasta donde he escuchado su padre tiene algunos problemas en sus negocios y es él junto con su madre quienes lo estarían obligando a casarse conmigo.
—Comprendo eso, pero él tampoco es un niño, no creo que se deje influenciar por sus padres de esa manera. Quiero que te tranquilices y si no estás segura de lo que me estás contando, no dejes que los comentarios de las demás personas arruinen tu noche. Siempre hay personas envidiosas por todas partes a quienes no les gusta ver que los demás tienen una vida feliz.
Cristina le decía estas palabras a Mariana para tranquilizarla, luego de ver que es una buena mujer y que se encuentra enamorada de Roberto, sentía que no podía permitir se pase esa noche llorando, por los rumores que la gente. Aunque ella tenía la sospecha que las suposiciones de ella podrían ser ciertas, si es que Roberto no le estaba mintiendo, aunque para Cristina, por lo visto, ninguno le ha contado sus inquietudes al otro, para Roberto ellos están de acuerdo en casarse para unir las empresas de sus familias, pero para ella lo están haciendo por el cariño que existe entre ambos.
—Puede que tengas razón y yo me esté haciendo toda una tormenta en un vaso con agua. Lo mejor será que regrese a mi fiesta a demostrar a todos lo feliz que soy por estar comprometida con uno de los hombres más maravillosos que conozco.
—Antes de que te vayas déjame ayudarte a darte un retoque, no queremos que los invitados se den cuenta de que estuviste triste.
—Tienes toda la razón, eres tan buena consolando que hasta había olvidado el mal rato que me habían hecho pasar con sus comentarios todo mal intencionados.
Cristina ayudó a Mariana a arreglarse un poco, luego de eso le dijo que se fuera hacia la fiesta. Luego de verla salir del baño, Cristina tomo un poco de aire para asimilar todo y regreso hacia la mesa en la que estaba junto a la licenciada.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, lo estoy.
—¿Estás segura? Es que me preocupe por qué te tardaste mucho en el baño.
—Estaba un poco lleno, eso es todo, pero me encuentro bien, no tiene que preocuparse por mí.
El escuchar aquellas palabras tranquilizo a la licenciada Juliana, luego de eso le indico a Cristina que si así lo deseaba se podrían retirar en ese mismo momento de aquel lugar, debido a que ya era un poco tarde y al día siguiente habrá mucho trabajo esperándolas en la oficina, Cristina le indico que estaba bien que se fueran y así lo hicieron.
Al día siguiente
Cristina no se levantó con muchos ánimos para ir a trabajar, todas las cosas de las cuales se enteró la noche anterior la tenían en conflicto. Por una parte, el enterarse de que Roberto está siendo obligado a casarse le dio un poco de esperanzas a su corazón, pero por el otro, el haber tenido un momento para platicar con la futura esposa de él, le hizo darse cuenta de que ella es una buena mujer y que no se merece ser traicionada, y si él aceptó casarse con ella, lo que debe hacer es cumplir a su palabra.
A pesar de su estado de ánimo, se fue a trabajar. Algo que siempre admiro de su padre y que ella heredó de él es su responsabilidad, sin importar lo que sucediera en su vida privada, él siempre se mantenía al pendiente de su empresa e iba a trabajar. El día de hoy la secretaria de la licenciada Juliana regresaba a su puesto de trabajo, eso hizo que Cristina sintiera un poco menos pesado el hecho de ir a trabajar, ya que podría refugiarse en su oficina.
Mientras la licenciada Juliana se encontraba fuera de la oficina, llegaron unos clientes. Cristina los atendió de manera profesional, pero cuando fue al escritorio de Isabela para entregarle las copias que ella debía de guardar en el archivo, los recuerdos del primer encuentro con Roberto vinieron a su mente. Comenzó a pensar en la manera en la que la impresiono aquel hombre tan apuesto a su llegada, lo lento que pasaba el tiempo y su deseo por detenerlo en aquel preciso momento. Isabel notó que la mente de Cristina se encontraba en otra parte, es por eso que decidió hablarle.
—Licenciada Cristina ¿Puedo ayudarla en algo?
Aquellas palabras sacaron a Cristina de sus pensamientos.
—Sí, he traído estos papeles para que los introduzcas al archivo.
—Con gusto —le dijo mientras tomaba los papeles de sus manos— Yo sé que usted no me conoce demasiado, debido a que al poco tiempo de su llegada a este lugar tuve que irme de vacaciones, pero quiero que sepa que estoy aquí para ayudarla y si es que necesita algo puede pedírmelo y confiar completamente en mí.
—Te lo agradezco, pero créeme que me encuentro bien, es solo que anoche fui a una fiesta y me encuentro un poco cansada.
—Supongo que está hablando de la fiesta de compromiso del sobrino de la licenciada Juliana.
—Así es, ella me pidió que la acompañará.
—Un galán más que pronto saldrá del mercado, aunque aún queda soltero el hijo de la licenciada Juliana, y déjeme decirle que no tiene nada que envidiarle al joven Roberto.
—No tengo el gusto de conocerlo aún.
—Ay Lic. Usted no sabe lo que se ha perdido. Aunque imagino que pronto lo hará, ya que me comento la licenciada que el día de hoy regresa de su viaje y puesto que es un buen hijo, suele frecuentar la oficina para venir por su madre.
—Tal vez lo conozca luego, pero por ahora me disculpo, debo de continuar con mis responsabilidades.
—Por supuesto, no la interrumpo más.
Cristina se fue hacia su oficina, pensando en el hecho de que debe de olvidarse de Roberto, sacar de ella los recuerdo de él y los sentimientos que despertó en ella.
En lo que estaba imaginándose lo que pudo y no fue, recibió una llamada por parte de su jefa.
Llamada de la Licenciada Juliana a Cristina
Lic. Sandoval: Cristina, espero no estarte interrumpiendo en tus actividades.
Cristina: Para nada, en este momento el trabajo aquí en la oficina está realmente tranquilo, ya he atendido a los clientes que me ha indicado, así que si necesita algo en este momento estoy disponible.
Lic. Sandoval: Así es, necesito pedirte un favor, pero es algo personal y no quiero que te sientas comprometida. Lo que sucede es que el día de hoy regresa mi hijo Julián de su viaje de negocios, me comprometí a ir por él al aeropuerto, pero las cosas en el juzgado tardarán en solucionarse un poco más de lo que había pensado, es por eso que te quería preguntar si me podrías ayudar yendo por él.
Cristina estaba intrigada por lo que Isabela le había comentado anteriormente sobre el hijo de la licenciada, además ella siempre se ha comportado muy comprensiva siempre, así que no podía negarse a ayudarla en estos momentos.
Cristina: No sé preocupé con gusto, iré por él al aeropuerto.
Lic. Sandoval: ¡Perfecto! En este momento le enviaré mensajes para disculparme y comentarle que tú irás por él. Le enviaré una fotografía tuya para que te reconozca a su salida y también te enviaré una a ti, para que te sea fácil identificarlo.
Cristina: Me avisa también a qué horas cae su vuelo, para estar a tiempo.
La licenciada Juliana le agradeció a Cristina por su apoyo y luego de colgar la llamada le envió todas las indicaciones y la fotografía que le había comentado durante la llamada que le enviaría. Al ver la fotografía se dio cuenta de que Isabela no estaba exagerando, el hijo de la licenciada Juliana es muy guapo: Cabello castaño, ojos marrones, cuerpo trabajado, unos labios provocativos. Al salir de su asombro leyó el mensaje que iba después de la fotografía donde le indicaba la hora en la que su hijo llegaría. Sorprendida vio el reloj y se dio cuenta de que ya solo faltaban tres horas para que el vuelo aterrizara y ella se encontraba a dos horas y medias del aeropuerto.
En ese mismo instante comenzó a preparar sus cosas para poder salir hacia el aeropuerto. Antes de irse, paso indicándole a Isabela que necesitaba salir y que no volvería en el resto de la tarde.
—Isabela, tengo unas diligencias que realizar, no regresaré a la oficina, si llega algún cliente hazlo pasar la licenciada Gutiérrez, creo que en este momento ella se encuentra en el despacho.
—Así es, ella se encuentra en estos momentos en su oficina. Y no se preocupe, yo me encargo de avisarle si viene algún cliente.
Luego de eso, Cristina salió mucho más tranquila con dirección al aeropuerto.
Cristina llegó al aeropuerto justo cuando Julián se encontraba saliendo. Ella se sintió feliz al verlo, ya que no quería hacerlo esperar.
Julián se quedó impactado al ver a la hermosa Licenciada Cristina, en este momento estaba agradeciendo que su madre tuviera tanto trabajo el día de hoy.
—¡Hola! Cristina, agradezco tanto que vinieras por mí.
—Es todo un placer el poder apoyar a su madre.
El noto que ella es un poco tímida, es por eso que le pidió disculpas.
—Siento ser tan confianzudo, usted tiene toda la razón, es la primera vez que nos vemos. Me presento mi nombre es Julián Sandoval. Arquitecto de profesión y orgulloso hijo de una de las licenciadas más famosas de este país.
A Cristina le pareció muy tierna su presentación.
—Agradezco que se tomará el tiempo de presentarse, mi nombre es Sofía, una abogada recién graduada y reciente colaboradora de su madre.
Ambos rieron y se dirigieron hacia el vehículo de Cristina. Luego de que subieron el equipaje de Julián, salieron con destino a casa de él. En el primer trayecto del camino no hablaban, es por eso que los recuerdos de la noche anterior regresaron a la mente de Cristiana. Ella aún se encuentra un poco afectada por todo lo sucedido, con su amor frustrado, a pesar de que se siente segura en su decisión de dejar atrás sus sentimientos por Roberto, todavía siente en el fondo una esperanza de poder tener una relación con él. Julián solo iba admirando lo bella que era en silencio. Luego de un momento tomó el valor para sacar a Cristina de sus pensamientos.
—Tierra llamando a Cristina.
Las palabras de Julián la sacaron de sus pensamientos.
—¡Disculpa! Estaba muy concentrada en mis pensamientos, hay tantas cosas que hacer en el trabajo.
—Me da gusto saber qué estás pensando en el trabajo y no en algún galán.
—No tengo ningún galán —dijo con una sonrisa en su rostro— Siempre me enfoqué en mis estudios y en este momento me estoy enfocando en mi trabajo.
—Comprendo, aunque debo de admitir saber que te estás enfocando en el trabajo más que en tu vida sentimental, me duele un poco.
—¿Eso por qué?
—Por qué una bella mujer como usted se merece poder tener a su lado a un hombre que la quiera, la cuide y proteja como se merece.
Al escucharlo decir aquellas palabras, Cristiana comenzó a ruborizarse.
—Enfocarse en el trabajo, no es del todo tan malo. Yo disfruto mucho haciendo lo que amo.
—Comprendo eso, pero también deberías de poderte dar la oportunidad de conocer a una persona con la cual compartir tus aventuras.
—Por el momento solo estoy interesada en forjarme un nombre importante dentro de la abogacía de este país, lo de los galanes podrá venir después.
—Cuando el indicado llegue espero que no lo pongas en espera por tu trabajo —le dijo con voz seductora.
—¿Qué hay de usted joven? ¿Se encuentra enamorado en este momento?
—No lo estaba hasta hoy, que he visto un ángel venir a mi rescate.
—Usted sí que tiene una buena labia.
—En primer lugar, solo digo lo que tu belleza y personalidad inspira a mi corazón, en segundo lugar, déjame de llamar usted, ya nos hemos presentado y hablado de temas personales, así que no soy ningún desconocido, además no soy tan mayor.
—Está bien, dejaré de llamarte usted, pero tú debes de dejar de decirme mentiras.
—Lo que digo es totalmente cierto, eres una mujer increíble, estoy seguro de que cualquier hombre al que decidas hacer caso, será un hombre muy afortunado.
Mientras Julián le decía aquellas palabras, solo podía pensar que ojalá que él sea el afortunado. Por su parte, Cristina se sintió un poco acorralada debido a la temática, no quería de que él se diera cuenta de que su interés amoroso es su primo, él cuál se encuentra comprometido en estos momentos. Así que para desviar un poco el tema decidió que lo mejor sería comenzar a platicar de algo diferente y es así como comenzó a preguntarle sobre su trabajo. Julián, muy emocionado, comenzó a comentarle que es lo que hacía y por qué razón tenía viajes de trabajo regulares. Todo lo que restaba del viaje pasaron hablando sobre sus respectivos trabajos. Julián le comento como su madre hablaba maravillas de ella, no solo como profesional, sino que también como persona. Cristina se emocionó al escuchar eso.
—Caballero, hemos llegado a su casa.
—Eso veo, pero ya es un poco tarde, así que quiero acompañarte a tu casa.
—Pero… este es mi vehículo, no tendrás en que venirte luego, además no es tan noche, puedo irme sola.
—No me quedaría tranquilo si te dejo ir sola y yo me puedo regresar perfectamente en un taxi, así que no me bajaré hasta que me asegures que esperarás a que regrese de dejar mi equipaje y me permitirás acompañarte hacia tu casa.
A Cristina le pareció tierna su actitud, la verdad es que no tuvo corazón para volver a negarse, es por eso que terminó aceptando. Julián ingresó rápidamente hacia su residencia, dejo su equipaje en la sala, para no tardar demasiado, y le pidió a Cristina que le permitiera manejar. Ella no tenía intenciones de negarse en nada más, así que se salió sin mayor complicaciones y le dio el control de su vehículo. Ella le indico donde vivía y salieron hacia ahí.
Al llegar a la casa de Cristiana, Julián se bajó del vehículo y le entrego las llaves.
—Te agradezco por hoy.
—Fue un gusto para mí ir por ti al aeropuerto.
Julián no pudo resistir más y le planto un beso en los labios a Cristina.