―¡Nick! ―exclamé en una súplica cuando, en lugar de aletargar sus movimientos, metió la lengua en mi tembloroso canal y rugió al sentir mi anillo apretar su lengua dulce y caliente. Jadeé y volví a correrme con más fuerza, temblando con violencia, al punto de que me removí y traté de salir de su alcance, pero no me lo permitió, en su lugar, aprovechó para empaparse con mis fluidos y succionarme con fuerza, hasta que no pude más y lo mojé por completo, en una explosión en la que mi sexo se estremeció con potencia, mis oídos se taparon y de mi boca no salió sonido alguno, pese a que grité y me agarré a las sábanas hasta estrujarlas con los puños y, caí en la cama, sin fuerza, desmadejada, con la boca entreabierta, los ojos cerrados, solo metiendo aire a los pulmones. Se movió sobre la cama

