POV Luisa María Gutiérrez. —¿Qué quieres decir? —Quiero decir —continué, sin levantar la voz— que usted no puede tratarme como una invitada incómoda durante toda la noche y luego sorprenderse de que no me quede para el desayuno. Eso no es hospitalidad. Eso es expectativa disfrazada. El señor Serrano se aclaró la garganta, incómodo. —Aquí nadie te insultó. —No —respondí—. No me insultaron. Eso es cierto. Pero a veces no hace falta insultar para dejar claro que alguien no encaja. Con solo una frase basta. Las miradas, las comparaciones… las frases que parecen amables, pero te cortan por dentro… —Suspiré—. En pocos días en esta casa, fue suficiente tiempo para saber que el cariño de ustedes no es gratuito. Siempre viene con condiciones. Rosa abrió los ojos, sorprendida por mi osadía.

