POV Luisa María Gutiérrez. La paz que encontré ese 22 de diciembre tenía un sabor extraño. Era dulce, sí, pero también tenía un toque amargo, como cuando pruebas algo que te gusta, pero te recuerda lo que dejaste atrás. Me quedé un momento más sentada en la mesa, viendo a Ana Victoria correr detrás del gato en la sala, mientras el olor a café y a pan tostado llenaba la casa. Mis padres seguían moviéndose: mi mamá en la cocina y mi papá revisando la radio para que sonara más claro. Todo era normal. Demasiado normal. Y esa normalidad, esa estabilidad, ese amor tan simple… me hacía ver con más claridad lo que no había tenido allá. Mi celular vibró sobre la mesa. No era él. Solo una notificación de una tienda de ropa que ni siquiera recordaba haber seguido. Lo toqué con los dedos, dudan

