POV Luisa María Gutiérrez. Después de nuestro momento de pasión, quedé apoyada contra su pecho, sintiendo su respiración lenta, profunda, todavía irregular por todo lo que habíamos compartido. Él me tenía abrazada como si temiera que, si aflojaba un poco, yo me desvanecería. Su piel estaba tibia. Su abrazo era firme. Y había algo en su respiración… como si estuviera tratando de memorizar ese instante para siempre. Y así nos quedamos dormidos una vez más. Horas más tarde, cuando me desperté la luz de la mañana, pintaba dorados los contornos de su rostro. José Joaquín dormía profundamente, su brazo atrapando mi cintura en un gesto de posesión, incluso en el sueño. Me acerqué a él y lo besé con suavidad, y él abrió los ojos lentamente, mirando con esa expresión que aceleraba mi corazón y

