SORPRESA

1883 Words
Camila nunca antes había sido tan feliz, como ahora, los días con Maximiliano, era el sueño deseado de cualquier chica. Se sentía afortunada de ser ella, la mujer que cautivó su atención. Habiendo chicas mucho más hermosas, él no había tenido ojos para nadie más.   —¿Estás segura Camila? —Altaír preguntó en voz baja. Temía ser descubierta por la rubia y perder su amistad; pero no era tan valiente para renunciar a Rodrigo. Sabía que era un hombre mayor y lo peor del caso, un hombre casado.   Luchó durante mucho tiempo para apartar esos sentimientos de su corazón, cuando lo vio casarse con Calista hace poco más de dos años, sufrió mucho, comprendió que no le sería fácil olvidarlo, cuando se encontraron en las playas de San José, la pasión pareció apoderarse de ellos. Él había viajado por negocios y ella por trabajo, una cosa llevó a la otra y terminó entregándose a él, sobre la arena de una playa privada y desde entonces no habían dejado de verse en secreto. Su relación era no sólo prohibida por él ser casado, sino por estar traicionando la amistad que Camila le había ofrecido desde hacía muchos años.   —Estoy completamente segura Altaír, estas ocho semanas a su lado, me han llenado de felicidad, una felicidad que no puedo describirte, basta con verlo, para sentir miles de mariposas aleteando dentro de mi vientre. Mi corazón late tan rápido, que me da miedo salga de mi pecho. Estoy enamorada y quiero construir una vida a su lado. Sé que no será fácil, tenemos algunas cosas en contra y muchas más en común, tal como dice la canción de José José, nuestro secreto será, mi juventud y su experiencia —Camila tenía los ojos llenos de amor por Maximiliano, tenía la ilusión de pronto convertirse en su esposa, esperarla cada noche después del trabajo, hacer el amor, con él todas las noches.   —Me alegra saber que eres feliz Camila, nunca imagine  que te vería tan enamorada —Altaír se acercó. Arregló el cabello de su amiga, le ayudó con la gargantilla, antes de alejarse.   —También estoy enamorada —Camila se giró para verla sorprendida. Podría jurar que su amiga no guardaba sentimientos profundos por nadie.   —¿Quién es el afortunado?  —preguntó volviendo su atención al espejo. Tenía una cita romántica con Maximiliano y deseaba verse hermosa para él.   —Te lo diré después cariño, hoy es tu día y no debes pensar en nada más que no seas tú. Te ves hermosa — Camila sonrió, miró su reflejo en el espejo una vez más, el vestido azul pavo, pegado a su cuerpo le hacía ver distinta, una elección de su amiga. Tenía un corte V, que dejaba  al vista parte de sus redondos y pequeños senos. El corto del vestido dejaba a la vista sus blancas y hermosas piernas.   —No te olvides, estaré pendiente de saber quién ha sido el hombre, que te ha robado el corazón —cogió su bolso al escuchar la bocina del auto de Maximiliano. Era una suerte que su amargada madrastra estuviera de viaje, se ahorraría el disgusto de verla durante unas semanas más.   —Disfruta tu noche —Altaír se despidió de ella en la sala, camino hacia el ventanal para verle partir.   ** —Te ves hermosa como siempre —Maximiliano la tomó entre sus brazos, le dejó un beso corto sobre los labios, antes de abrir la puerta del auto y ayudarla a subir. Esta noche tenía más de una sorpresa para Camila.   —Pareces un príncipe —musito Camila, apenas él subió al auto y se puso en marcha para salir de su residencia.   **** —Altaír —Rodrigo la tomó de la cintura, sin poder evitarlo.   —Me has asustado, Camila aseguro que estabas fuera ¿Qué ha pasado? —se giró entre los brazos de su amante para dejarle un corto beso sobre los labios.   —Tengo muchas dudas acerca de Maximiliano Fonseca, he estado investigando por mi cuenta y nada parece sospechoso con él. Quizás solo estoy siendo celos, Camila es mi única hija —Altaír se alejó un poco sin llegar a liberarse de su abrazo.   —Está enamorada, si no has conseguido información sobre Maximiliano, seguramente sea porque es un hombre bueno y honorable. Deja que sea  feliz Rodrigo, desde que trajiste a Calista a esta casa, no ha tenido paz —lo dijo de manera, no fuera un reclamo, aunque en el fondo lo era, no por ella sino por el daño que Calista le hacía a Camila con razón o sin ella.   —Tienes razón cariño, solo le complique la vida a mi hija, a mí y a ti, Calista me tiene en sus manos, no puedo divorciarme de ella. La amenaza sobre revelar a Camila, mis sentimientos por ti, depende en complacerla en todo, no se cuanto pueda soportar esta situación —la desesperación se manifestó en su voz, la preocupación del daño que podía causarle Calista a las dos mujeres que amaba  le provocaba ansiedad. Le mentía a Camila, diciéndole cuánto amaba a Calista solo para evitar sospechas.   —No te frustres, encontraremos la manera de alejarla de nuestras vidas —Altaír besó los labios de su amante con pasión, habían pasado unos días desde la última vez que habían estado juntos y necesitaba hacerle sentir que sin importar nada ella estaría para él.   **** —¿A dónde me llevas? —Camila preguntó, al ver que abandonan la ciudad nuevamente, como en su primera cita.   —Tengo una sorpresa para ti cariño —Maximiliano besó el dorso de la mano de Camila, antes de volver su atención a la carretera, estaba oscuro y lo último que deseaba era sufrir un accidente.   —Estoy segura que lo disfrutare, todo lo que venga de ti es perfecto —Camila sonrió recargó ligeramente la cabeza sobre el hombro de Maximiliano, mientras conducía a su destino.   Una hora después Maximiliano estaciono el auto…   —Hemos llegado cariño —se obligó a sonreír, agradeció que durmiera durante el viaje, evitando conversar entre ellos.   —Vaya, me he quedado dormida —Camila salió del auto, con ayuda de Maximiliano, quien sin previo aviso le vendaba los ojos con una pañoleta de seda.   —¿Qué haces? —preguntó sorprendida   —¿Confías en mí? —preguntó. Sus labios acariciaron el oído de Camila, haciendo temblar el joven cuerpo.   —Con mi vida Maximiliano —aseguró. Sus palabras hicieron sonreír a Maximiliano, burlándose de las palabras de la joven.   La guió por el camino empedrado, abrió la puerta de su casa, Villa de la Ermita, sería el único testigo del inicio de su venganza.   —Tengo curiosidad ¿Puedo ver? —Camila continuó caminando, guiada por Maximiliano, se tropezó dos veces antes de detenerse.   —Ahora puedes bonita —expresó, quitando la pañoleta de sus ojos.   Camila contuvo la respiración ante la decoración, velas encendidas iluminaban el salón, la mesa con un fino mantel rojo, una botella de champagne fría, chocolates, fresas y comida francesa.   —¿Cómo? —no podía creer la dedicación de su novio para darle tan bella sorpresa.   —No voy a revelarte mis secretos esta noche bonita —jalo la silla para Camila. Sirvió dos copas de champagne antes de tomar su lugar.   —Gracias, todo esto es hermoso ¿Dónde estamos? — bebió un sorbo de su copa, las burbujas hicieron cosquillas en su lengua y garganta. Degustaron de la deliciosa cena   —En Villa de la Ermita, mi casa —Camila se sorprendió, habían estado en Antigua semanas antes y él no había mencionado que tuviera una casa en el lugar.   —¿Tu casa? —él asintió ante la pregunta de la rubia.   —Quiero decir nuestra casa Camila —se puso de pie, se lamió el labio antes de arrodillarse ante ella.   —¿Maximiliano? —Camila podía imaginarse lo que vendría, su corazón latió como loco dentro de su pecho, sus vientre se contrajo, sus manos sudaron por los nervios  que se adueñaron de su ser.   —Camila Salvatierra, me concederías el honor de convertirte en mi esposa —los ojos de Camila derramaron un par de lágrimas debido a la emoción que embargaba todo su ser. Se mordió el labio, sin poder creer que Maximiliano le estuviera pidiendo matrimonio.   —Sí, quiero ser tu esposa Maximiliano —la emoción atravesó su cuerpo, suspiró cuando su novio le colocó un hermoso anillo de compromiso color azul zafiro, hacían juego con el color de sus ojos. Maximiliano se puso de pie al mismo tiempo que Camila. Su sonrisa adornaba su rostro. Camila no podría sospechar jamás  sus intenciones hasta que fuese muy tarde para poder escapar de él.   Camila gimió bajo al sentir los labios de Maximiliano, rozar los suyos, un beso que inició inocentemente, se tornó en un beso pasional. Sus cuerpos se pegaron de manera íntima, como nunca antes lo habían hecho. Las manos de Maximiliano recorrieron la espalda de Camila, una caricia experta, que le hizo temblar de pies a cabeza.   —¡Maximiliano! —exclamó al sentir la húmeda lengua recorrer su mentón, bajando por el largo y esbelto cuello de Camila.   —Puedo detenerme si lo prefieres querida, solo tienes que pedirlo —murmuró, sin dejar de acariciar la espalda de la joven, abriendo el zipper del vestido. No le daría la oportunidad de escapar esa noche.   —No, no deseo que te detengas, quiero llegar contigo al final, te amo Maximiliano —confesó, haciendo que el cuerpo del mayor se tensó al escuchar, siendo incapaz de corresponder, continuó su seducción sin remordimiento alguno.   El cuerpo de Camila fue acariciado por las finas sábanas de seda. El cuerpo de Maximiliano sobre él suyo, sometiéndose con caricias y besos. Las manos del mayor recorrieron el esbelto cuerpo de la joven, sus labios se apoderaron de sus pequeños y duros botones, hasta hacerle gemir de placer, dejó húmedos besos, pasó por su vientre hasta llegar a su feminidad, sus pliegues húmedos y resbaladizos le recibieron.   Camila gimió, al sentir la húmeda lengua lamer su clítoris. Arqueo la espalda en busca de esa íntima caricia, nunca había sentido tales emociones, perdida en una tormenta de pasión se dejó hacer.   Maximiliano saboreo el néctar de Camila, la duda le asaltó en aquel momento de placer, sin embargo hizo a un lado sus pensamientos y sin dudarlo un solo segundo más se abrió paso por el joven cuerpo. El grito de dolor que abandonó los labios de Camila, le hizo detenerse momentáneamente ¿Podía ser que ella fuese virgen? No hubo tiempo de pensarlo. Camila se movió unos segundos después.   El vaivén de caderas fue enloquecedor para ambos, Camila era apasionada en la entrega, dio todo de sí, mientras Maximiliano llenaba su cuerpo, penetró sin misericordia, aumento el ritmo de sus embestidas al sentir el cuerpo de la joven tensarse alrededor de su dura erección, gimieron juntos cuando el orgasmo atravesó sus cuerpos.  Camila con una sonrisa de felicidad en el rostro y Maximiliano totalmente confundido. Nunca había sentido las emociones que la joven bajo su cuerpo le había hecho sentir.   —Te amo Maximiliano —susurro, adormecida.   —Duerme Camila —fue todo lo que pudo decir.
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