Llego a la cabaña cuando comenzaba a oscurecer. Los campos habían estado desolados, algo a lo que Nicole aún no se acostumbraba. La soledad solía ponerla sugestionable y en esa vasta inmensidad le daba la impresión de que alguien la observaba. Que no estaba sola. Ató a su yegua a la madera del pórtico y subió los escalones. La cabaña de Matt era pequeña, de dos plantas y toda construida en madera. Colocó la mano en la manija de la puerta y al ver que se abría sin esfuerzo, sonrió. —Que descuidado eres, vaquero —murmuró para sí misma y pasó a la casa. Adentro, la decoración era sencilla. La planta baja era un espacio amplio que albergaba la sala, la cocina y el comedor en un mismo ambiente, y estaba poblado por muebles rústicos construidos en madera. Al fondo se divisaba la escale

