La sangre se le congeló e impidió que las ideas le fluyeran en la mente. Wayne estaba dentro del establo, había golpeado y amordazado a Chase y ahora le bloqueaba a ella la respiración con su poderosa mano, mientras que el frío cañón de una pistola se apoyaba en su cabeza. —No vas a traer de vuelta a los asquerosos indios —gruñía el hombre, al tiempo que la arrastraba al interior del cuarto donde se hallaba el chico—. Te mataré como a tu padre y luego al imbécil de Matthew Jackson. Nicole se debatía y se esforzaba por respirar, el corazón le palpitaba con energía en el pecho. Chase estaba amarrado a un poste de madera, un trozo de la tela de su propia camisa le cubría la boca. El chico gemía intentado gritar y golpeaba el suelo con los pies. Tenía la cara magullada y ensangrentada.

