Jacob Matthew les había cambiado la vida por completo. No solo a sus padres, sino a todos en el rancho. El mundo giraba en torno a él. Los tenía conquistados con su ternura, sus risas y hasta con sus llantos desatados. Aprendió muy rápido que llorando lograba que todos cumplieran con sus antojos en segundos. Estaba tan consentido, que las horas de descanso del trabajo los empleados las usaban para jugar con él, cargarlo y darle paseos por el patio mientras sus padres y cuidadores reposaban. Daba más trabajo que cualquiera de los animales del lugar. Matt lo llevaba a cabalgar desde que cumplió los seis meses. Lo colgaba del porta bebé que ataba a su pecho y, en vez de armas, lo que calzaba en los costados de su correa eran biberones de agua y leche. Adele le había tejido un sombrerito,
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