Prólogo. Bielorrusia

1304 Words
La cabeza del muchacho subía y bajaba tallando de manera experta con su boca su pene. Sergei enredó sus manos en su cabello y palmeó su culo mientras con sus dedos buscaba su ano. — Oh, sí sí, así mi prostitutki — pronunció Sergei con un gruñido —. Sigue así, lame mis bolas sí...— la lengua se enroscaba por su tronco mientras con sus manos masajeaba sus pelotas. Sergei de repente, lo puso en cuatro sobre la cama, escupió su mano y untó con saliva ese precioso ano depilado, luego con su mano y un gruñido acercó su glande y lo penetró con un suspiro de placer mientras el chico se masturbaba con su propia mano. — Ay sí que buen culo, cómo me gustas Vasili... mío...— gruñó mientras sus bolas golpeaban rítmicamente en su culo una y otra vez. Mordió su espalda para dejarle su marca y siguió embistiendo con fuerza mientras sentía que su m*****o se agrandaba penetrando más profundo dentro de esas tiernas entrañas. El sudor bajaba por su espalda y con un grito final derramó tembloroso un chorro de leche en su cavidad anal y luego otro. Luego se abrazó a la masculina espalda temblando. El muchacho estaba espasmódico y él besó y lamió su cuello mientras seguía derramando su leche dentro de él. De un momento a otro ese momento fue interrumpido por unos golpes rápidos en su puerta. —Sergei...chssttt...Vamos hermano, ábreme — dijo la voz suave de su hermana. — Katriushka por Dios, déjame en paz...— dijo Sergei con voz cansina. — No seas idiota y ábreme, viene papá — dijo con un pequeño grito sordo que definitivamente hizo que Sergei saltará de la cama. — Vístete Vasili, con un demonio — gruñó y tomó su pantalón con rapidez. Si su padre lo encontraba nuevamente con el joven posiblemente lo mandara a decapitar, le había hecho una advertencia ya. Kat entró con rapidez ni bien le abrió y miró la escena con desaprobación pero no por su elección s****l, sino porque sabía tan bien como él que su padre lo iría a matar. Katerina tenía una belleza real, con su cabello rubio ensortijado y sus ojos azules así como su piel blanca cremosa era el orgullo de la manada Gorbachov y de sus padres. — Ya no hay tiempo para eso — siseó mientras el muchacho se estaba vistiendo con su levita, así que para completa sorpresa de su hermano comenzó a sacarse su vestido —. QUÉ MIRAS, AYÚDAME... — ESTÁS LOCA — gruñó él. Pero la ayudó. En su castillo, lo moderno y lo antiguo confluían así que su hermana tenía un vestido de un género moderno como una cuerina brillosa color metalizada celeste que hacía juego con sus ojos, pero con un estilo antigüo. Apenas hizo tiempo en desnudarse y meterse en su cama cuando Mijaíl, padre, fue anunciado en las puertas y entró con todas sus pompas. — Oh disculpa papá — susurró ella con rapidez. Haciendo como que se cubría con una sábana. — Yo no tengo nada que ver, los encontré así — dijo rápidamente Sergei que apenas llegó a ponerse su pantalón y camisa. El hombre, con un pantalón de ante, botas, y una camisa fina de la cuál salía una pequeña capa, y de su cinturón colgaba una katana evidenciando su gusto por ese tipo de armas bufó con desaprobación ante la escena. — Espero que esto no sea lo que parece — dijo Mijaíl frunciendo el ceño. — Papá, te juro, no es lo que piensas — se apresuró a explicar la hermana, tratando de dominar el temor en su voz. Sergei, por su parte, trató de mantener la calma mientras se abrochaba el último botón de la camisa. Sabía que su padre era un hombre tradicional y conservador, y esto no iba a sentarle bien. Mijaíl cruzó los brazos sobre el pecho, mirando de forma acusadora a sus dos hijos. Su mirada se posó en el vestido en el suelo y luego en la levita de Vasili. — ¿Qué está pasando aquí? — preguntó con voz autoritaria. — Papá, yo soy una mujer ya ... —dijo la hermana con aparente determinación en su voz, una que Mijail no habría esperado ya que alzó sus cejas mientras mantenía cruzados sus brazos. Sergei asintió, apoyando la explicación de su hermana. Sabía que tenía que respaldarla para que su padre no los matara. — Esto es inaceptable —dijo Mijaíl con firmeza—. Mi propósito era venir aquí para hablar sobre los planes de nuestra familia, no esperaba encontrarme con esto. La hermana se acercó a su padre, tenía el cuerpo envuelto en una sábana, y tomó su mano con suavidad. — Papá, entiendo que esto te sorprendió, pero tenemos que hablar sobre nuestros deseos, sobre lo que queremos para nuestras vidas. No podemos ser esclavos de las tradiciones y expectativas sociales...— murmuró. Mijaíl miró a su hija, con una mezcla de enfado y confusión en su rostro. Sabía que tenía razón, pero también tenía miedo de lo que eso significaba para su familia y su honor. — Ya déjalo , hija. Y cúbrete. Estás más loca de tu hermano si crees que caeré en esta pantomima — dijo con un gruñido y miró a su hijo que se puso rojo —. Y tú, deberías tener vergüenza, pisotear nuestra historia y nuestros valores, y usar así a tu hermana todo en el mismo proceso ughhh —dijo severamente. La hermana tragó saliva, sabiendo que no había logrado la pequeña victoria que esperaba. Pero había hecho lo que podía, su mejor esfuerzo. — Lo siento — dijo agachando su mirada. Y Mijail bufó. — Al menos tienes pelotas, pero tú — dijo y miró a su hijo del medio —. Eres una completa decepción... Mira tu hermano Misha, ya regentea su propio club en el Kremlin y me ha dado seis nietos sanos, en cambio que me das tú... puro disgusto... Y tú, muchachito, solo conservas tu cabeza porque le tengo aprecio a tu padre mi mayordomo sino — dijo y pasó un dedo por su cuello, lo que hizo que Vasili, tomara su ropa rápido y desapareciera dejando a la familia a solas. Katerina quiso irse también pero si padre no lo permitió. — No, tú te quedas... Quiero que escuches esto. Ya me ha cansado de tu hermano, las fiestas de tu hermano, sus correrías con sus "muchachos", esto ya es suficiente. Hay una posibilidad de manejar un club en Estados Unidos, y te irás — dijo Mijaíl muy serio mirando a Sergei. Katerina pegó un pequeño grito y Sergei, por su parte, se acercó a su hermana y la abrazó, ella era su hermanita pequeña y siempre habían sido muy unidos... E iba a extrañar el tenerla en su vida. No iba a suplicarle a su padre, la verdad era que estaba cansado de esconderse de no poder ser quien era, quizá Estados Unidos a fin de cuentas no era tan mala idea así que simplemente asintió con la cabeza mientras su hermana lloraba en sus brazos. Los tres permanecieron en silencio por un momento. — Deberías estar feliz de que tu hermano pueda sacar algo bueno con todo esto — dijo el padre y lo miró a él —. Y tú. Espero que hagas que nuestra familia se enorgullezca —dijo rompiendo el silencio. Los hermanos se miraron sabiendo que eso era inevitable y los dos asintieron, mientras tomaban fuertemente sus manos, compartiendo esa misma determinación que hizo que su madre inglesa se hiciera un lugar en esa manada de rusos brutos hasta transformarlos en la familia y manada que eran. Sergei forjaría su propio camino, una nueva vida, por fin libre, en los Estados Unidos.
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