7.

1289 Words
Y pasó un año, de repente nuestros cuerpos cambiaban, Cris se estiró diez centímetros más que yo. Incluso en eso me superaba, era insoportable la idea, si me ponía a meditarlo, pero por suerte, nada de eso era importaba entre nosotras. Siempre que podíamos jugábamos a hacer el amor, y ya no solo eran besos y abrazos, nos sacábamos toda la ropa y nos tocábamos de pies a cabeza, tratábamos de hacer como en las películas. Pero cuando mi tía que, irónicamente era maestra en una escuela privada, llegaba y veía que Cris no había hecho la tarea, solía darle reglazos y cada vez que se equivocaba en la tarea, le jalaba del cabello. A ratos la escuchaba llorar y yo imaginaba que entraba y la defendía de mi tía, pero nunca tuve el valor, en parte porque me volvía el terror que le tenía a sor María. —Cuando terminemos la escuela pienso irme —dijo un día Cris. —¿Estás loca? ¿A tu casa? —No. Quiero irme de viaje, pero no en bus… quiero ir a dedo, hacer auto stop, como en las películas y ver hasta dónde llego. —Eso es peligroso. —Lo sé, por eso… ¿no quieres venir conmigo? —No. —Ya sabía que ibas a negarte, eres miedosa. —No soy miedosa pero no quiero que mamá se preocupe. —Igual falta mucho para eso. Mi papá va a venir a buscarme, quiere que vaya esta temporada a mi casa… se ha vuelto a casar y tengo un nuevo hermanito. —Pues qué bueno, así no tengo que soportarte –le decía yo para molestarla, pero ella entendía que era mi forma de decirle que la extrañaría. —Solo serán unos días, no te creas que te libraste de mí… Para cuando empezaron las clases de ese año, su papá vino a decirle a mi abuela que Cris se quedaría con él. Mi hermana menor se puso contenta, pero yo, me sentía triste. Ese año comencé a sentirme inferior a todas mis amigas, me vino la primera regla en la escuela y todo el mundo se enteró. Yo pensaba que iba a morirme, pero cuando mi hermana mayo se enteró, me dijo restándole importancia: —Ya eres mujer. —Pero… si siempre lo he sido… —No, tonta, ahora sí, que ya eres mujer. —No entiendo. —Que te va a venir eso cada mes. Eso es ser mujer. —Es decir que ser mujer es ¿sangrar por abajo todos los meses? —Sí. —¿Pero no es injusto? ¿Vos cómo sabes que será así? —Porque es así, tonta. Mejor espera a que la mamá llegue y le preguntas ¿ok? Ya me tienes harta con tus preguntas. Como era la primera de toda la escuela en tener la regla me sentía excluida y rara, además, como siempre, era un poco más desarrollada que todas, poco a poco me aislé de ellas. Siempre me comparaba con todas las chicas. —¿Por qué tengo que usar brasiere y ellas no? ¿Por qué ellas pueden correr sin problemas y a mí se me mueven los pechos? Es incómodo y vergonzoso. Pasaron dos años, ya no era más una nena, entraba en esa época que la mayoría conocía por entonces como la edad del burro, o en otras palabras, la adolescencia. Cuando cumplí los quince, un día una de las maestras me llamó gorda, y a mi lista de defectos se sumó el hecho de que además me veía gorda. Para mis estándares, yo no era gorda, pero todas creían que lo era, y desde luego, me dejé afectar y un día que veía la televisión, no recuerdo el programa, pero hablaban de una modelo que adelgazó bastante rápido tomando solo agua todo el día. Me dije, si ella puede, Victoria puede y lo hará. Y eso fue lo que hice. Dejé de comer por todo un día. Fue terrible. Apenas y no había probado el desayuno y me sentía morir. Pero al día siguiente, al despertar vi que por tan solo ese esfuerzo, mi vientre estaba plano, sentí que había descubierto el gran secreto de la delgadez y continué saltándome las comidas, total, nadie se enteraba y a nadie le importaba. Mamá seguía llegando luego de la medianoche, y no podía ver que su hija había entrado en un círculo vicioso que le arruinaría la vida. Pero en ese momento yo me sentía exaltada, y emocionada. Mis ropas comenzaron a quedarme grandes. Nadie lo notaba, pensaban que solo estaba creciendo pero no. Mi hermana menor notaba que algo me pasaba pero estaba lejos de darse cuenta. Ella se limitaba a servirse la comida y lavar su plato, limpiar su dormitorio y ya. Y para entonces habíamos dejado de hablarnos. Ahora no recuerdo el motivo, pero de seguro era por alguna tontería. De todas formas, cada una se volvía a casa por su cuenta. Estaba en la pre promoción, que es así como se llama al penúltimo año de escuela, en otras palabras, me faltaba nada más que un año para que terminara la escuela. Para mí era como una liberación. Pensaba que todo el mundo se me abriría y que tenía mil opciones, aunque no me destacaba en casi nada, y no tenía la menor idea de cuál de las profesiones elegir, pero siempre supe que el rumbo que iba a tomar mi vida, iba a ser maravillosa. En esa época, en mi clase todos se ocupaban por ir a las clases de aptitud, yo no tenía ganas. No sé por qué, quizás era la edad pero siempre andaba de mal humor. Ese día hacía un frío de aquellos y yo iba en falda, por eso apresuré el paso, pero justo cuando estaba a punto de cruzar la puerta de salida, una amiga mía me dio alcance. —¡Ey, V! ¡Espera! ¡Espera! Me detuve y giré para verla. —Ah, eres tú, Gina, ¿qué pasa? —Toma —me alcanzó un papel, doblado en dos. —¿Qué es? —lo recibí sin darle mucha importancia. —No lo sé, pero es para ti. —Bueno, chau —me despedí, y guardé el papel en mi bolsillo. —¿No piensas leerlo? —hizo una mueca sospechosa, y solo por eso saqué el dichoso papel de mi bolsillo y lo leí. Cuando lo abrí, vi que era una carta. Estaba escrita con bolígrafo de tinta violeta con brillos, y tenía un perfume dulce y agradable. Lo primero que pensé era que mi amiga Gina se había equivocado, y revisé que esté escrito mi nombre. Al otro lado de la hoja decía Para V, no Viqui, Eso en ese momento me llenó de furia, sé que no debí leerla en ese momento, quizás las cosas no hubieran terminado como terminaron si tan solo la guardaba en mi bolsillo y la leía, sin tener a Gina mirándome todo el rato, pero ella seguía mirándome, impaciente, y yo me contagié de ella, así que la leí. Era una declaración de amor, muy bonita, decía que me quería y que le gustaba, y que si deseaba conocer a mi admiradora o admirador secreto, fuera el día siguiente a la salida, a la parte trasera de las canchas. Ese era un lugar al que ni loca ponía un pie. Lo primero que pensé era que se estaban burlando de mí y miré a Gina, que esperaba una reacción mía. —¿La escribiste vos?—le pregunté de mal genio, ella se negó con la cabeza. —No, para nada. —¿Entonces quién es el del chistecito?
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