No sé cuánto tiempo pasó.
La puerta se abrió despacio. Era Javier. Caminó despacio con las manos en sus bolsillos.
—Mírate —murmuró— tu piel se ha tornado amarilla, pero yo puedo levantarte el ánimo.
—Vete —me di la vuelta y le di la espalda.
Se acercó, se sentó a mi lado, tomó mi brazo, me quitó el yelco, y luego se acostó detrás de mí abrazándome. Intenté alejarme pero estaba débil. Desistí. Levantó mi pierna y la colocó sobre la suya dejando mis labios inferiores expuestos. Deslizó su mano para tocarlos pero lo detuve. Con fuerza se soltó, levantó mis brazos sobre mi cabeza y los sujetó con su mano izquierda regresando nuevamente a mi pelvis con la otra.
Deslizó sus dedos suavemente haciendo círculos sobre mi clítoris. Acomodó mi cuerpo para tener mejor acceso a mis tetas. Chupó uno de mis pezones mientras su mano se ocupaba de mi clítoris. Mi respiración comenzó a sentirse agitada y mis caderas se movían imperceptiblemente. Él lo notó, se alejó para desnudarse y regresar a la cama.
—Es mejor si lo hacemos piel a piel —murmuro sádicamente en mi oído.
Retomó la posición, pero ésta vez sus caricias eran más fuertes. Ya no era delicado, le exigía a mi cuerpo por una respuesta aunque yo me resistiera a ello. Su pene rozaba mis nalgas y con cada roce crecía más hasta que llegó al punto de tenerlo tan duro que se sentía como un barrote entra las nalgas. Su mano continuaba frotando mi clítoris demandando una reacción de mi cuerpo. Yo me contenía, no quería darle el placer de verme suspirar por sus caricias. Mientras tanto, él respiraba agitado al tiempo que seguía rozando su pene contra mis nalgas.
Al no obtener una respuesta de mi parte, comenzó a mostrarse impaciente. Me miraba buscando mis ojos pero yo solo miraba un punto en la pared. Frustrado, decidió atarme en la cama pero ésta vez levantó mis piernas para exponer mi coño y dejarme indefensa bajo su yugo perverso. De rodillas frente a mí, rozó sus dedos en mi húmeda vulva y luego dio una fuerte palmada sobre mi clítoris haciéndome reaccionar con el susto/dolor. Sin más, separó los labios y se acercó.
—Éste pequeño hoyo —pasó su lengua sobre todo mi coño— Lo quiero expandir con uno... —hundió uno de sus dedos— Dos —insertó el segundo, pero al notar que lo apretaba sacó sus dedos. Buscó en el bolsillo de su pantalón un pequeño sobre blanco. Lo abrió y lo aplicó tanto en el largo de su pene como en todo mi coño— ¿Sabes algo? —Se acomodó y apuntó su glande sobre la entrada de mi v****a— Yo nunca he sido bueno consolando a las mujeres luego de... —hizo una breve pausa y en una sola estocada hundió la mitad de su pene en mí— ¡Reventarles el coño! —estaba extasiado mirando su obra.
Yo sentía dolor y ardor a la vez pero preferí ahogar el grito y en su lugar apreté los dientes con tanta fuerza que creí que los rompería. Su m*****o era muy grande, grueso y él era implacable usando esa arma contra mí. Apresuró a frotar con fuerza y rapidez mi clítoris, mientras empujaba su m*****o con fuerza para hundirse más.
—Vamos perra —murmuró con rabia— Quiero que te lo tragues todo como lo hiciste con tu boca —no imaginaba tener semejante m*****o de casi 35cm dentro de mí, pero él pretendía hacerlo, así tuviese que forzarme.
Su estrés aumentaba al notar que no podría penetrarme más allá de lo que él quería. Su enojo comenzó a aparecer en su rostro.
Se abalanzó sobre mi cuerpo mientras me daba fuertes embestidas, me dolía, su pene golpeaba mi cuello uterino y yo sentía que si continuaba así iba a lastimarme. Solo podía emitir ligeros chillidos de dolor. Mi mirada encontró la suya. Solo podía notar odio en esa mirada. Una mano me agarró del cabello y tiro con fuerza hacía adelante mientras su cuerpo se enderezaba para darle paso al mío.
—Mira esto —mi cuello comenzaba a doler— Mira cómo te cojo. Eres puta, tu cara me lo gritaba y me lo está gritando ahora mismo.
Siguió dándome fuertes embestidas mientras yo chillaba de dolor y veía como su pene entraba y salía ensangrentado.
Se detuvo, me soltó para ponerme en cuatro, penetrarme con fuerza y seguir las embestidas nuevamente. Hundió mi cabeza contra el colchón con tanta fuerza que creí sentir la base de concreto. Me costaba respirar.
—Ábrete más maldita puta —habló con dientes apretados— ¡Quiero llegar a tu maldito útero!
Empujaba con fuerza pero no le resultaba suficiente. Se detuvo nuevamente. Se alejó para mirarme. Pasó su mano y metió un dedo, luego dos, tres, cinco y finalmente metió la mano.
—!Ay! —me quejé mientras trataba de alejarme de él.
—Quédate quieta —me dio una fuerte nalgada.
—!Por favor! —le rogué— ¡Ya basta, me haces daño! —se detuvo, sin sacar la mano.
—Date vuelta —ordenó. Obedecí. temerosa.
Me levantó las piernas y comenzó a mover la mano, su boca comenzó a chupar mi clítoris. Sentí cosquillas en mi cuerpo y mis caderas comenzaron a moverse ofreciéndole más mi coño aunque yo gemía más por el dolor que placer. Él percibió mi movimiento y siguió con más fuerza. Su mano entraba aún más en mi coño y desde mi punto de vista, sentí curiosidad por ver hasta donde era capaz de meter la mano, él me dio ese placer al levantar y acercar más mis piernas a mi pecho, pasando mis brazos por detrás de mis rodillas y elevando mis caderas con su mano dentro.
Mi boca comenzó a secarse, me mordía los labios al ver lo que hacía. Comenzaba a sentirme extasiada con su violencia pero a la vez no soportaba el dolor que me causaba. Su boca regresó a mi clítoris. Gemí y mis piernas comenzaron a sacudirse sin control junto con mi cuerpo. Él movió la mano con más fuerza y luego la sacó rápidamente. Un chorro salió desde mi v****a.
—Me he sacado la lotería —su voz se oía cansada— Una puta con cascada incluida.
—Ya basta Javier —apenas podía respirar— Ya det... —no alcancé a terminar.
Su pene regresó más duro y con más fuerza a mi coño, pero ésta vez se hundió por completo causándome otro orgasmo. A él no le importó y siguió moviéndose como bestia. Fueron dos, tres, cuatro orgasmos y él seguía dándome con fuerza. Ya no podía más, quería que acabara pero él continuaba. Parecía no cansarse.
Cuando creí que ya se acercaba al final, fue solo un espejismo. Salió de mi coño, me agarró del cabello con fuerza para entrar en mi boca y hundirse hasta mi garganta. Me cogió por la boca como lo hizo con mi coño y finalmente, cuando ya casi me quedaba sin aire, salió y me rocío con largos y espesos chorros de su semen. Caí agotada, sentí que un camión me había atropellado. Me dolía todo el cuerpo y él parecía ¡haber corrido 5 metros!
—Nada mal para una novata —acarició mi cintura y me ayudó a sentarme.
Mis piernas temblaban sin control, mi v****a sangraba y daba la impresión de ser una hemorragia pero a él no le importó. Se arrodilló frente a mí, comenzó a chupar mis pezones y apretar mis tetas con fuerza. Chillé pero él me apretó el cuello para callarme.
De pronto, se detuvo. Me miró, se levantó rápidamente y me cargó en sus brazos. Caminó apresuradamente por el pasillo. Creí que me llevaría con el médico, pero no fue así. Entró en una habitación, me sentó en la cama, buscó unas cuerdas y comenzó a atarme.
—Esto te encantará —balbuceó sonriente mientras terminaba de amarrarme.
Miraba alrededor, noté que era otra habitación, tenía otras cosas diferentes. Una "X" de madera de la altura de la pared, un columpio, un sofá n***o, una poltrona, un armario pequeño con gavetas, una mesa, una silla de montar y ¡hasta un toro mecánico! Me cargó de nuevo y me llevó hasta la mesa. Buscó en el armario algo y luego se acercó a la silla de montar. Era más larga de lo normal. Fijó en su asiento un dildo grueso y caminó hasta mí para llevarme hasta allí.
Primero me dejó en el suelo, asustó unas cuerdas en el techo y luego me suspendió hasta posicionarme sobre el dildo. Me bajó bruscamente y caí sobre el falo, quedando sentada completamente en la silla. Grité de dolor. Él sonreía satisfecho. Luego se subió a la silla quedando sentado frente a mí. Comenzó a chuparme los pezones al tiempo que agarraba mi cabello y tiraba mi cabeza hacia atrás. Estiró el otro brazo en busca de algo. La silla comenzó a subir y bajar bruscamente, haciendo que mi coño doliese más aún por las embestidas del dildo. Su pene se frotaba y golpeaba mi vientre.
Se bajó, me giró para que al subirse yo estuviese de espala a él. Me dolía demasiado, no pude aguantar más comencé a gritar. Él se subió rápidamente y cubrió mi boca para ahogar mis gritos.
—!A callar perra! —ordenó— Que aún no te doy el plato fuerte —dicho esto, volvió a estirar el brazo. Otro sobre. Untó de nuevo su pene pero ésta vez el resto lo untó en mi culo.
«¿Qué piensa hacer?» —pensé.
La silla seguía moviéndose bruscamente. Él me inclinó hacia adelante, posicionó su glande en la entrada de mi culo y presionó con fuerza. Yo apreté para impedir que lo hiciera. Me tomó del cuello, apretó con firmeza, de nuevo intentó entrar y de nuevo lo evité.
—Voy a entrar... —apretó con más fuerza mi cuello— Aunque tenga que abrirte el culo con mis manos —no podía respirar, sentía que mi cabeza iba a explotar y su pene seguía forzando mi culo. Me desmayé.
Desperté sintiendo un fuerte dolor de cabeza, también me dolía el cuerpo, mientras, en mi culo y mi coño se movían dos barras duras. Eran el dildo y el pene de Javier. Grité por el dolor que sentía. Mis nalgas pegaban con fuerzo sobre las caderas de él y el dildo me golpeaba el cuello uterino sin piedad. Estaba siendo ultrajada y yo me preguntaba dónde estaban los demás que no venían a detenerlo. Me sentía agotada, ya no podía gritar más, estaba débil ante su fuerza.
—¿Te gusta cómo galopas mi v***a, cierto? —Su tono era de burla— Apuesto que quisieras que tres hombre te cogiéramos a la vez —permanecí callada— Me aseguraré de buscar a dos más que tengan la v***a tan o más grande que la mía, así te dejaríamos sin poder caminar durante meses —soltó una carcajada.
Ya no podía soportarlo más. Quería que se detuviese pero la silla comenzó a acelerar los movimientos. La v***a de Javier en mi culo comenzó a hacerme delirar, mi cuerpo, sin mi permiso y sin razón, comenzó a hacerme gemir de placer, ya no era dolor. Disfrutaba de sus arremetidas en mi culo. Me sonrojé. Él se inclinó sobre mí y me abrazó con fuerza. Sentí dentro de mí el calor de su semen.
—¡Es que no puedo creer lo que ha hecho ese animal! —entre Magda y el doctor no sabía quién estaba más consternado por mi estado.
—La encontré así ésta mañana —Magda se pasó la mano por la cabeza— Es que casi me da un infarto cuando la vi tirada en la cama, toda ensangrentada y sucia —casi llora.
—Es que no se mide Magda! —dio un golpe en el escritorio— Javier se pasó de la raya, ésta vez no me haré el distraído, si Ortigoza me vuelve a preguntar por ella, ¡le diré que está aquí! —estaba furioso.
—¡Ay no doc! —le suplicó la mujer— Mejor busquemos la manera de mejorar esto con el señ...
—¿Mejorar? —le gritó— Mírala Magda, ¡Casi la mata!
—Es cierto —trató de calmarlo— Pero vamos a tranquilizarnos para pensar con la cabeza fría —el doctor respiró profundo.
—Tienes razón Mag —se sentó sobre el escritorio— Ese burro nos ha metido en éste enredo, y nos toca sacarlo para salir nosotros con él —Magda suspiró. Pasó su mano por mi cabeza y miró al doctor.
—Pobre criatura, lo que tuvo que soportarle a ese bárbaro —sin decir más, salió.
El médico me atendió y me envió con Lucy a una habitación que él llamó "la cascada". Era una habitación que tenía parte del techo inclinado, de vidrio antibalas (según dijo Lucy), por donde corría agua desde el exterior. Era amplia y parecía más una habitación para huésped. Tenía un armario, una TV (donde, según Lucy, solo se podía ver pornografía), una pequeña mesa con dos sillas, un sofá, una cama tamaño Queen y, lo que más me gustó, un baño privado. Al menos Lucy no tendría que arrastrarme por el pasillo. Me senté en la cama y sentí su suavidad, tenía grandes almohadas y cojines. Me acomodé y fijé mi mirada en el agua.
—Es linda, ¿Cierto? —Preguntó Lucy mientras miraba el techo— La mandó a hacer el señito para él —suspiró pesadamente— Pero mira tú, nunca ha estado aquí —me miró— Si necesitas algo, tocas acá —miré en la dirección que indicaba su mano— ¿OK? —Afirmé con la cabeza— Bien, te dejo descansar.
Me quedé mirando el techo agradecida de poder saber en qué momento del día me encontraba aún con la frondosa sombra que se veía sobre el agua. Magda entró con una bandeja y mi estómago rugió.
—Ajá, ya te escuché —dijo contenta— te comes todo, ¡esas tripas te exigen comida! —traté de hablar pero mi voz no salió. Miré a Magda confundida— No te asustes —me calmó— Tienes la garganta irritada, seguro de tanto gritar —me ayudó a sentarme y colocó la bandeja frente a mí— Que no regrese yo y consiga comida, porque te mando al señito —amenazó sonriendo.
Ella salió. Miré la bandeja y fruncí las cejas. ¿Acaso Magda creía que yo tenía el estómago de un dinosaurio? Sonreí. Creo que era la primera vez que lo hacía desde que llegué allí pero agradecí el menú que tenía delante de mí. Un enorme tazón con crema de calabaza, un vaso gigante con jugo de manzana, una plato con una montaña de ensalada cesar y una enorme dona.
Comí tanto como pude. Me quedé sentada esperando por Magda o Lucy. Llegaron ambas, una se llevó la bandeja y la otra me ayudo a ir al baño. El baño era amplio, tenía ducha, una tina y jacuzzi pero preferí la tina. Lucy me sentó en una silla y preparó la tina con agua tibia. Me ayudo a entrar en ella y me dejó sola mientras cambiaba las sabanas de la cama. El calor del agua me ayudó a relajarme. Lucy regreso a ayudarme a lavar el cuerpo, me ayudó a salir, me dejó en la cama. Comenzaba a anochecer.
—Bueno, yo me tengo que ir —terminó de acomodarme las almohadas— Pero mañana temprano regresamos. Si necesitas algo, ya sabes —caminó hasta la puerta y apagó la luz.
Una tenue luz artificial sobre la cascada del techo me ayudó a conciliar el sueño.
Una pesadilla me hizo despertar bruscamente. Mi corazón golpeaba con fuerza mi pecho y mi respiración era rápido. Traté de calmarme controlando mi respiración pero una sombra frente a la cama me hizo saltar sobre las almohadas... Era él
Apenas podía ver su figura y parecía estar inmóvil. ¿Acaso mi mente estaba jugando conmigo o seguía dormida?
Sus manos salieron de sus bolsillos. Caminó rodeando la cama y encendió una lámpara. Estaba tranquilo. Solo vestía un pantalón deportivo. Se sentó al borde de la cama.
—Disculpa que te lastimara —su voz me pereció rara— Debo confesar que tengo problemas con eso, y no sé controlarme —continuó— ¿Te sientes bien? —abrí la boca e intenté responder, pero mi voz seguía sin salir. Negué con la cabeza— Entiendo —llevó una mano a su cabeza y alborotó su cabello. Parecía estresado— Quiero hacerte una propuesta. —me dejé caer sobre las almohadas, eso no se escuchaba bien— Te quedarás aquí conmigo hasta el día después de la subasta. —cubrí mi rostro con una almohada mostrando frustración— Sé que aún faltan varios días, pero te haré dos promesas. —quité la almohada de mi rostro y él se acercó despacio hasta mí— Primero, te prometo no volver a tocarte a menos que tú me lo permitas y, segundo, te prometo que luego de la subasta te devolveré tus cosas y te llevaré a casa —me senté tan rápido como pude y lo miré fijamente.
—Si, te lo prometo. —respondió adivinando mi pregunta— Pero... —fruncí las cejas y crucé los brazos— Aún no te he mencionado la propuesta —sus manos acariciaron mi cabello, lo aparté— Quiero proponerte un trato. Luego de llevarte a casa, te dejaré descansar un mes. Luego de eso volverás a ser mía sin perder tu libertad. —lo miré confundida— Lo que quiero decir, es que serás mi esclava, pero tendrás libertad para seguir con tu vida, sin encierros, ni golpes —levantó ambas manos y sonrió ligeramente— A menos que tú te los merezcas.
Quedé helada. Froté mis ojos para verificar que no era un sueño.
—Eso sí —advirtió— Cuando yo te llame, es porque ya estoy llegando donde estás, así que no podrás decir nunca que no. Esa palabra se borrará de tu cabeza, siempre estarás disponible para tu dueño —lo miré perpleja.
«O sea, éste tipo me dice que me deja libre pero a la vez soy "su esclava"» —mi subconsciente estaba tan confundido al igual que yo.
—Por ahora, descansa —me ayudó a acostarme— Por la mañana vendré por tu respuesta —y sin decir más, se fue.
Me costó dormirme nuevamente, mi cabeza daba vueltas tratando de buscar otra manera de zafarme de ese bendito trato. Al despertar, Javier estaba sentado en una silla frente a la cama con los pies apoyados en el borde de la misma.
«»Por fin despiertas —sus manos se elevaron al cielo— Bendito y Alabado sea el Señor —se burló— ¡She's alive! (Está viva)
Levanté una ceja. Despacio me bajé de la cama y fui al baño. Me miré al espejo y suspiré. Él abrió la puerta y se quedó reclinado al marco de la puerta. Le hice gesto para que se fuera.
—Está bien, aburrida —murmuró. Le lancé un jabón pero en lugar de darle, pasó de largo y se estrelló contra el armario— Al menos sé que buena puntería no tienes —se burló cerrando la puerta.
La salir del baño, estaba acostado en la cama viendo pornografía en la TV. En la escena, una mujer colgaba con sus manos sujetas a sus tobillos y una amordaza en su boca mientras un hombre azotaba sus nalgas con una vara.
—¿Ves? -—señaló la TV— ¡A ella le gusta!
«Claro que le gusta, imbécil, a ella le pagan para que finja que le causa placer» —pensé.
—Magda te ha traído el desayuno —se levantó de la cama y casi que me arrastra hasta la mesa— Come. Luego me dirás qué decidiste —levantó el control remoto de la TV, aumentó todo el volumen y lo guardó en su bolsillo— y me llevaré esto.
Se marchó y yo quedé con mi mente divagando en lo que se supone debía decirle luego. Solo tomé el jugo. Mi estómago no estaba de humor para nada más. Estuve sola el resto del día, buscando como demonios apagar la TV. Esos videos a todo volumen me tenían harta. No lograba conseguir el cable y los botones habían sido retirados y en su lugar aplicaron un sello.
«Maldito Javier» —pensé.
Lucy llegó para ayudarme a bañar. Al escuchar la TV con alto volumen me miró con ironía. Aun sin voz, intenté decir "Javier" y ella entendió. Buscó debajo del colchón el control de repuesto, bajó el volumen y lo apagó.
—El señito quiere que uses esto —me mostraba un vestido transparente— Yo no le veo la gracia, pero él insistió —me negué. ¿Para qué demonios iba a usar un vestido transparente si estaba desnuda todo el tiempo?
—Bueno —guardó de nuevo el vestido— Pero ya sabes lo que dirá y hará por desobedecerlo —fruncí las cejas y me reí.
—El señito vendrá en un rato —me advirtió.
Hice gestos con mi mano para que me trajera algo donde escribir. Sacó una libreta de su bolsillo y un lápiz de su coleta en la cabeza.
—Aquí tiene, puedes quedártela —me sonrió y se marchó —tenía una vaga idea de lo que escribiría pero no podía ordenarlas. Comencé a estresarme.
Había silencio, podía escuchar claramente el sonido del agua en el techo. La tenue luz creaba un ambiente relajante en la habitación.
Leí de nuevo lo que había escrito, tal vez hacía falta agregar más. Me quedé pensando. El sonido de la puerta al abrir me hizo brincar en la cama. Estaba asustada de lo que él podía decir sobre mi petición... o más bien, sobre mis condiciones a su trato ya que no podía hacer nada para zafarme de él, excepto morir.
Él entró con una cesta grande cargada de chocolates de diferentes marcas y sabores.
—Hey, creí que estarías dormida –murmuró mientras colocaba la cesta sobre la cama– Traje ésta ofrenda de paz para que nos relajemos y conversemos tranquilos.
«Lo que menos hace el chocolate es relajar» —pensé. Pero no me podía resistir a los chocolates, soy una adicta sin remedio.
—Prueba éste Ferrero —estiró su mano para acercarlo a mí— Es una delicia —le lancé una mirada fulminante y de sospecha.
«¿Qué le habrá inyectado?» —no pude evitar desconfiar.
—Está bien –lo metió en su boca y lo comió– ¿ves? No tienen nada, solo chocolate, lo prometo.
«Lo promete» -Rodé los ojos.
—Bueno, ya que no quieres —hizo la cesta a un lado y mientras lo hacía alcancé una tableta de chocolate Savoy. Me miró y levantó las cejas al tiempo que sonreía— ¡Glotona! Sabía que no te resistiría a los mejores chocolates del mundo —le lancé la envoltura y mordí la tableta... Me sentía en las nubes. Después de todo, sí relajan.
—Bien —dio una palmada a sus piernas— ¿Qué has decidido con respecto a mi propuesta? —se apoyó en los codos y me miró fijamente.
Le señalé el chocolate indicándole que no arruinara el momento y él levantó sus manos en señal de aprobación. Tomó un bombón de la cesta y lo comió.
Luego de 3 tablas de Savoy, ya estaba satisfecha de cacao. Lo miré.
—Bien, manos a la obra —se enderezó y sentó a mi lado— Dime —le entregué la hoja.
—Cierto, no puedes hablar aún. OK, ¿Qué tenemos aquí? —Levantó una ceja al leer— Ya veo. Las leeré en voz alta y te diré mi opinión, ¿Vale? —levanté mi pulgar en señal de aprobación.
—Ya que, al parecer, no puedo deshacerme de ti... Es —afirmó— Entonces pondré mis condiciones. Si las aceptas TODAS, entonces seré tu esclava, pero si dices que no a alguna de ellas, de inmediato, me dejarás en paz y te olvidarás de mí... Eso va a ser muy difícil —me guiñó el ojo y continuó leyendo— Número uno. No harás nada obsceno delante de NADIE, mucho menos delante de mi madre... Acepto eso, no tengo problemas. —continuó— Número dos. Luego de aceptadas mis condiciones me sacarás de ésta prisión y me llevarás a la casa principal como TU INVITADA, sin showcitos ni maltratos... Hey! ¡Esto no es una prisión! —levanté una ceja— Pero me parece razonable, acepto. —fijo su mirada en el papel— Número tres. Deberás tratarme SIEMPRE CON RESPETO delante de cualquier persona, me importa un pepino si es tu sucio socio... Bájale al tonito niña, estás faltando el respeto. Pero acepto. —volvió a mirar el papel— Número cuatro. Nunca dejarás marcas en mi cuerpo, bajo ningún concepto me ofrecerás a otras personas y queda prohibida mi venta, si te cansas de mí, me dejarás libre... Puedo usar toallas para los amarres y con respecto a compartirte con otros, puedes estar tranquila, no me gusta compartir lo que es mío y, sobre venderte, no creo que me canse de ti pero acepto dejarte libre si surge el caso... y, finalmente, número cinco. Respetarás mi estado de salud o condición física. Nada de sexo mientras me sienta indispuesta (eso incluye el período menstrual)... ¿Qué? ¿Cómo vas a quitarme lo que más me gusta? Puedo aceptar lo primero pero no aceptaré lo último. —lo fulmine con la mirada e hice gesto con mi mano de irme— No, no me vengas con eso. ¡Hasta un ginecólogo te diría que para ti es beneficioso el sexo durante el período! —levanté una ceja— Anda, déjame cogerte con el período y te prometo, ¡no! TE JURO que no será nada agresivo, te trataré con cariño —su mirada de cachorro me dio risa.
Pasé mi mano por la cabeza, me dejé caer en la almohada y cubrí mi cara con otra. No me gustaba la idea de tener sexo durante mi menstruación pero él tenía razón, los médicos lo recomiendan pero… no obligan a hacerlo. Finalmente, acepté hacer la excepción pero aclarando que sólo lo haría si me sentía de humor. Él aceptó. Se acercó y me abrazó fuertemente. Pasó una de sus manos por mi cuerpo deteniéndose en mi vientre. Se levantó y me ayudó a levantarme. Me llevó al baño. Lo miré extrañada.
—Bien, ya que ahora eres mía —me hizo gesto para que me arrodillara dentro de la ducha— Debo hacerte mía como se debe.
Dicho esto, abrió su pantalón y sacó su m*****o. Comenzó a orinar sobre mi cuerpo. Asqueada, me aparté pero él me agarró por el cabello para que no me moviera.
—Eres mía, estoy marcando mi propiedad —apuntó mi pecho.
La imagen de un perro orinando un árbol para marcar su territorio vino a mi mente y no pude evitar reírme. Me arrepentí de haberlo hecho. Al reírme con la boca abierta lanzó su orine directo a mi boca haciéndome escupir y dar arcadas para vomitar. Se burló de mí riendo a carcajadas. Terminada su tarea, me ayudó a levantarme. Abrió la ducha y me ayudó a lavarme. Él se desnudó y se duchó conmigo. Milagrosamente, luego de eso, me dejó en la cama y se marchó.