La última noche en Filadelfia, la única noche en la que no estuvimos tan cansados, Hans estuvo parlanchín. Empezó contándome una parte de su vida que yo sabía que le dolía. Y, aunque le dije que no era necesario, insistió en que quería contármelo. —Nos mudamos a Filadelfia, cuando yo tenía catorce años. Habíamos vivido en New York toda la vida, así que, venir aquí era un nuevo comienzo para mis padres, pero no para mí. En New York estaban mis amigos, allá tenía mi vida y la relación de mis padres terminó de romperse aquí, así que, dos años después se divorciaron. En esos dos años que duraron en esa guerra, Hope y yo estábamos en medio. Ella se concentró en sus estudios y yo me descarrilé un poco, dejé el equipo de fútbol y viví mi época de rebeldía. No me siento orgulloso de esa época, le

