Mi cabeza no paraba de darle vueltas a todo. ¿Cuándo demonios me había vuelto doña insegura? Yo no era así, por lo que, después de darme una buena regañada mentalmente, me quedé tranquila y me dormí. De esos pequeños detalles que no miré, cuando acepté impulsivamente viajar con Hans, estaba el hecho de que yo sola estaba a cargo de la galería, porque Emma seguía de vacaciones y no quería hacerla volver. La pobre tenía dos años trabajando como esclava. Pero como si presintiera que algo me pasaba, Emma llamó. —¿Aun tenemos galería y cuadros? —reí. —Hasta ahora sí —respiró aliviada y yo le di las buenas noticas —. Hans y yo somos novios —los gritos de felicidad de Emma se escucharon por un largo rato, sumados a una celebración. —¡Al fin vas a follar! Mira que ya estabas para convento de m

