Después de conversar con mi madre y Aimara me fui a mi habitación. Venía saliendo del sanitario luego de darme una ducha cuando escuché repicar mi móvil. La ver la pantalla, se reflejaba el nombre de Anderson. —¿Sucedió algo? —le pregunto mirando fijamente el reloj despertador que tengo en una de las mesitas de noche. —Me acaba de llamar el contacto de Caracas, necesita un catálogo con las armas de bajo calibre para mostrárselas al encargado de la empresa de tu tío. Por lo que me estuvo explicando el chico que este conoce logró hablarle a Brizuela de las armas y el hombre parece que mordió el anzuelo —me explica Anderson. —Vamos por buen camino entonces —respondo pensativo—, llámalo y dile que mañana en la tarde le haremos llegar ese catálogo —respiro profundo—, no se cómo vamos a hacer

