SIENNA RINALDI —Déjame darte una mano… —dijo Dimitri tomando a Leonardo de la mano, parecía que quería ponerlo de pie hasta que un crujido resonó en la tienda. Había torcido los dedos de Leonardo en dirección contraria, desarticulándolos con una facilidad que me sorprendió. Cuando Leonardo abrió la boca para gritar, Dimitri la cubrió con su mano mientras lo veía directo a los ojos y le sonreía. —Pequeño recordatorio de que no puedes estar cerca de Sienna, no puedes respirar su mismo aire, no puedes verla, y mucho menos tocarla. —La voz de Dimitri era suave, tersa, contenida, no tenía que gritar ni escupir, su presencia era suficiente. Le dio unas palmadas en la mejilla tan fuerte que lo hizo tambalear hacia atrás. Marlene de inmediato lo abrazó por el torso para no dejarlo caer, mie

